Hubo un tiempo en el que nadie hablaba de él, porque él era tan solo la sombra de lo que debería ser. Nadie le criticaba, porque vivía a merced de los deseos de los demás. Obediente, sin personalidad propia. Ausente, avergonzado de ser quien era, lo que era, y cómo era. Simplemente, un fantasma.
Entonces, algo cambió. Y él decidió vivir su vida, siguiendo sus propias normas. Dejó de fingir que la vida no le importaba y desde entonces, asumió las riendas de su propio mundo, para luchar por sus propios deseos. Comenzó a vivir.
Aquellos que lo rodeaban, se extrañaron ante tal cambio. Al principio fingieron alegría. Le dijeron que merecía ser feliz. Luego, no obstante, las cosas cambiaron. La alegría fingida dio paso a los reproches y la hipocresía se desmoronó ante sus ojos asombrados.
¿Por qué? Simplemente porque hasta entonces, había estado ahí para todos ellos, sin dudarlo, cambiando cualquiera de sus planes en favor de las necesidades de los demás. Pero no volvió a hacerlo, y cuando todos habían asumido que era simplemente una marioneta de plastilina que podían moldear y manejar a su antojo, él cortó sus cuerdas y se liberó...
Siempre había estado por y para los demás. Ahora está por y para sí mismo. Egoísta, dirán algunos. Pero él sabe la verdad.
Que nadie (o casi nadie) merece el sacrificio de su propia vida. Le pese a quien le pese.
Algo había comenzado a cambiar.
14 de enero de 2013
19 de diciembre de 2012
Ahora, sí
Ahora, sí...
No será fácil. Es mas, estoy seguro de que este proyecto me costará sacarlo adelante. Llevará su tiempo hacerlo, pues requiere muchísima planificación, mucha atención al detalle, meses de documentación... pero, es un reto.
Y los retos, inspiran al escritor que se hallaba perdido entre los papeles en blanco que inundan su vida.
Adiós, romanticismo. Hola, crímenes y misterios.
¿Quién dijo miedo?
1 de diciembre de 2012
De la risa de un niño
Hubo una vez un niño que corría veloz por las praderas de su pueblo. Con las piernas desnudas y las rodillas cubiertas de heridas de guerra y juegos de niños, el pequeño atravesaba veloz entre los maizales, pisando las cosechas de los vecinos, que jamás se quejaban o le reñían, porque el sonido de su risa retumbaba en las paredes del valle, alegrando sus corazones congelados.
El niño era feliz. La sonrisa que alumbraba su rostro jamás se desvanecía. Reía al caer sobre la hierba mullida, retozando en charcos de barro, e incluso, reía con ganas cuando se estrellaba contra muros de espinos al tirarse sin frenos con su vieja bicicleta.
La vida del niño se reducía a esos momentos. Felices. Únicos, e irrepetibles.
Un día, el valle amaneció en silencio. La niebla cubría la copa de los pinos, el maíz crecía en silencio, los cultivos ya no tenían pisadas de pequeños pies.
El niño había crecido, y como suele suceder... ya no encontraba motivos para reír.
El niño era feliz. La sonrisa que alumbraba su rostro jamás se desvanecía. Reía al caer sobre la hierba mullida, retozando en charcos de barro, e incluso, reía con ganas cuando se estrellaba contra muros de espinos al tirarse sin frenos con su vieja bicicleta.
La vida del niño se reducía a esos momentos. Felices. Únicos, e irrepetibles.
Un día, el valle amaneció en silencio. La niebla cubría la copa de los pinos, el maíz crecía en silencio, los cultivos ya no tenían pisadas de pequeños pies.
El niño había crecido, y como suele suceder... ya no encontraba motivos para reír.
19 de noviembre de 2012
Rueda de Prensa
El afamado escritor Lorenzo Liar ha ofrecido una rueda de prensa en esta fría mañana de Noviembre. Había muchos medios presentes en la sala en la cual, él los había convocado.
Cuando tomó asiento en la mesa llena de botellas de agua, en su rostro se apreciaba el desvelo que le producían los últimos acontecimientos. Había arrugas nunca antes apreciadas, producto tal vez de la falta de sueño, de la angustia y la presión.
-Les he convocado para anunciar algo importante -comenzó, con la voz rota-. Oficialmente, y desde hoy, seré considerado un cobarde.
El murmullo en la sala se detuvo.
-Había tomado una decisión -prosiguió-. Había llevado esa decisión hasta sus últimos términos. Aún con las dudas, aún con esa pequeñísima voz en la nuca, advirtiéndome de la realidad... La decisión en sí, había costado dinero. Pero en estos momentos, ese dinero me da igual, en cierto sentido.
Alguien asiente. Lorenzo se crece. Y sigue hablando.
-No he podido hacerlo. La cobardía subyacente bajo la capa de falso valor ha salido a la superficie, como el moho sobre el que se aplica una nueva capa de pintura... No he podido hacerlo. Se acabó. Desisto y me rindo.
En su interior, lo pensaba. Estaba seguro.
Iban a criticarlo por ello. Pero en verdad, siempre lo criticaban, hiciera lo que hiciese. Si subía, porque subía. Al bajar, porque estaba bajando. Entrar era siempre un error, como lo era también a la salida. Errores, errores. Críticas y más críticas.
Cada uno sabe los motivos de su propia vida. Y sobre ellos, no piensa nadie.
Y como total, van a criticarle de todos modos, pues que les den. Y a seguir viviendo.
Con miedo, pero viviendo.
Cuando tomó asiento en la mesa llena de botellas de agua, en su rostro se apreciaba el desvelo que le producían los últimos acontecimientos. Había arrugas nunca antes apreciadas, producto tal vez de la falta de sueño, de la angustia y la presión.
-Les he convocado para anunciar algo importante -comenzó, con la voz rota-. Oficialmente, y desde hoy, seré considerado un cobarde.
El murmullo en la sala se detuvo.
-Había tomado una decisión -prosiguió-. Había llevado esa decisión hasta sus últimos términos. Aún con las dudas, aún con esa pequeñísima voz en la nuca, advirtiéndome de la realidad... La decisión en sí, había costado dinero. Pero en estos momentos, ese dinero me da igual, en cierto sentido.
Alguien asiente. Lorenzo se crece. Y sigue hablando.
-No he podido hacerlo. La cobardía subyacente bajo la capa de falso valor ha salido a la superficie, como el moho sobre el que se aplica una nueva capa de pintura... No he podido hacerlo. Se acabó. Desisto y me rindo.
En su interior, lo pensaba. Estaba seguro.
Iban a criticarlo por ello. Pero en verdad, siempre lo criticaban, hiciera lo que hiciese. Si subía, porque subía. Al bajar, porque estaba bajando. Entrar era siempre un error, como lo era también a la salida. Errores, errores. Críticas y más críticas.
Cada uno sabe los motivos de su propia vida. Y sobre ellos, no piensa nadie.
Y como total, van a criticarle de todos modos, pues que les den. Y a seguir viviendo.
Con miedo, pero viviendo.
9 de noviembre de 2012
El Lamento de la Loba
Sentía el lento transcurrir de las horas. En el firmamento
millones de estrellas se cernían sobre mí y no había nadie allí para rescatarme,
para ayudarme… para alentarme.
Era una noche fría y sucia. No podía verse la luna, aunque
se presentía en lo alto de aquella cúpula oscura que caía como negro manto
sobre un mundo triste y vacío. El aullido de una loba rasgaba el sepulcral silencio
del bosque.
No tenía miedo, mas algo en mi interior suplicaba clemencia.
Era aquel mi destino, lo sabía desde siempre. Y el destino siempre ha de verse
cumplido. Obviar los sabios caminos marcados con fuego sería arduo y peligroso.
Sentía bajo mis pies el errático girar del mundo sobre sí mismo. El vértigo me
obligó a entrecerrar los ojos. Desde lo alto de la montaña pude acariciar el
cielo nocturno y susurrarle mis secretos a una estrella. Ella los guardará con
celo; ha prometido hacerlo.
Cerrando los ojos por completo intenté respirar el frescor
de la naturaleza muerta. Una súbita sensación de desamparo hizo mella en mi ser
mientras un retortijón me incomodaba cruelmente. Un malestar general se apoderó
de mi cuerpo, agarrotándome los músculos. Se acercaba la hora.
Nubarrones color azabache volaban desde el oeste. Se
aclaraba el cielo de la noche y la triste palidez de la luna despierta lo
cubría todo. Sombras, miedos y pesadillas brillaban en el horizonte. El ulular
de varias lechuzas a lo lejos, en las profundidades del bosque, resultaba
inquietante. La loba me observaba desde abajo, solitaria en la distancia.
Sonreía con maldad. Dos murciélagos enamorados volaban sobre mi cabeza. No
tenía miedo, solo un intenso malestar y una débil sensación de desamparo, que
crecía como la noche.
Una sirena me llamaba en la lejanía. El eco de la noche
magnificaba su estridente alarido. Me sentía morir y por primera vez, el peso
del miedo cayó sobre mí. Me avergüenza haber sucumbido al miedo, pues no había
nada que temer. Mi destino se acercaba.
Miedo.
La loba se asustó y con sigilo, se internó en el bosque. Ya
no sonreía. Las lechuzas se callaron, desaparecieron los murciélagos. Una suave
brisa se alzaba desde el sur acariciando mi rostro. Respiré llenando mis
pulmones de la pureza de un viento virgen y puro.
Ella se acercó por detrás, con sigilo, rodeando con sus
cálidos brazos mi cintura trémula. Estando ella conmigo nada horrible podía
suceder.
El miedo crecía, como crecía también el lamento de la sirena
al acercarse vigorosa. Aunque ella intentaba ocultarme sus lágrimas, su corazón
sangraba con desesperación. Aunque quería parecer fuerte sus piernas
flaqueaban. Contemplé su mirada dulce, acariciando su piel tenue. La besé; un
último beso fugaz, sensible. Apasionado.
El automóvil se detuvo detrás de nosotros, el silencio se
impuso cuando apagaron la sirena. Dos hombres perfectamente uniformados
descendieron con paso decidido del coche. No me resistí porque no temía lo que
estaba por llegar. Entré al coche por mi propio pie, sin mediar palabra. En el
borde del bosque sombrío la loba contemplaba inmóvil la escena.
Ella lloró desconsolada, contemplando con impotencia el
descender del automóvil por la ladera de la montaña. Sus piernas flaquearon y
cayó de rodillas en la fría y dura piedra, haciéndose varias heridas que
comenzaron a sangrar. Acariciaba sus labios tratando de sellar en ellos el
sabor de mi boca. Se clavaba las afiladas uñas en las mejillas, haciéndose
sangre. Lloraba. Sabía que el llanto, en ocasiones, curaba las heridas más
profundas.
Piedra fría y duro acero se cernían sobre mí. Hierro en los
puños, en los pies y en los ojos. No era horrible, tampoco placentero. El viaje
había sido confortable. Ellos no hablaban, yo tampoco. No tiene sentido hablar
cuando nada hay que decir.
Sentado en el suelo escuchaba la huida del miedo. Él sí que
había llorado, golpeando con sus puños las rejas. Él sí suplicaba clemencia.
Trataba de eludir su destino, que es el mío. No obtuvo respuesta; no obtuvo
nada. No se lo he permitido. Aún cuando la presión y el agobio hicieron presa
de mí mantuve la compostura, el silencio. No lloré porque mis ojos estaban
secos. No sentí porque mi alma se había vaciado antes de entrar allí. Existían
más muros que me separan de este mundo aparte de las paredes y el acero. Mi
humanidad me abandonó cuando cometí mi pecado.
La celda era fría, la manta olía a muerte y a oscuridad, a
podredumbre. Una humedad fría calaba los huesos doloridos. No lograba conciliar
el sueño. No me extrañaba pero tampoco me resultaba molesto. Quería dormir y lo
necesitaba. Lo intentaba.
Pero la celda era demasiado fría.
Como fría era la piedra donde, bajo la luna muerta, ella no
había dejado de llorar. La loba se acercó, pero ella no se asustó, sabía que
aquella loba ningún daño le haría. A su lado el animal aullaba cantando al
viento sus penas. Ella no detuvo su llanto amargo. Dos lobas heridas en lo más
profundo del corazón, los dos lamentos de las lobas se entrecruzaron en la
noche. La alegría abandonó el lugar.
La pesada losa del futuro incierto amanecía sobre mi cuerpo
desnudo. La noche formaba parte de un extraño sueño. ¿Había tenido una vida más
allá de este lugar de acero y piedra? ¿Había conocido alguna vez la libertad?
Mis preguntas no obtuvieron respuesta. Abrí los ojos. Agua templada cayó sobre
mi cabello, acariciando mis manos, recorriendo los senderos de mis abdominales
definidos, deteniéndose en cada rincón de mi sexo flácido y muerto. Otros
hombres me observaban con lascivia. Algunos de ellos esbozando pícaras sonrisas
bajo sus miradas ardientes. No me asusté, no había nada que temer. Estaba
preparado.
Uno de ellos se acercó. Era atractivo. Estaba desnudo pero
su sexo, a diferencia del mío, no parecía muerto. Me ofreció cortésmente su
ayuda mientras tomaba entre sus manos una esponja seca. Cortésmente le rechacé
y el volvió a mirarme, sentándose luego. No dejó de contemplar mi cuerpo.
Podría haberme sentido incómodo pero esas banalidades no me preocupaban en
absoluto.
La pesada losa del futuro apremia.
El juez escuchó mis razones, atento. Una mujer me observaba
en la soledad de la sala. No era ella, porque ella permanecía dormida sobre la
fría piedra en la ladera de la montaña. Un hilo de saliva caía sobre su pecho.
La loba lamía su rostro húmedo de rocío y lágrimas.
El juez emitió su cruel veredicto. Sonreí.
Sobre la piedra desnuda el sol acariciaba su rostro, mas
ella no despertó. Sus ojos permanecieron cerrados, sus labios fríos, su rostro
contraído por el dolor. Yo en la soledad de una celda, ella en la soledad de la
fría muerte. Tan injusto como poético.
Pienso.
Muchos años permaneceré en mi celda fría. Su esqueleto se lo
llevará el viento mientras el mío se pudrirá en esta celda. Su cuerpo será
presa de las aves carroñeras mientras el mío será contemplado por hombres
esclavos de un hambre que no pueden saciar. Algún día lograrán su objetivo y
probarán con ansia mi carne trémula.
En la quietud del bosque la loba ha muerto de pena y una
lechuza de plumas blancas llora su pérdida. El ave fénix canturreaba en los mitos
mientras lloraba la lechuza. Sobre la fría piedra los carroñeros devoraron los
cuerpos femeninos. Rasgando la carne, saboreando los huesos, derramando su
sangre. Las horas pasan, los días corren… El impasible correr del tiempo.
Diez años no son nada comparados con los milenios de
historia de este mundo. Han sido largos y difíciles para mí. De nuevo la brisa,
de nuevo el sol, la palidez de la luna, el olor de la naturaleza. De nuevo el
susurro del viento, los cantos de las lechuzas, el vuelo de los murciélagos.
Ya nunca más se escuchará en la brisa de la noche el lamento
de la loba, ya nunca recuperaré la caricia de la mujer.
En lo alto de la montaña me aguarda fría e impenetrable la
piedra. Desde allí, con el valor en una mano y el miedo en la otra, contemplaré
el atardecer teñido de rojo, como la sangre derramada allí por la pena del amor
perdido.
El destino se ha cumplido.
Siento las horas pasar. En el firmamento las estrellas se
ciernen sobre mí. Sin temor ni desamparo, tan solo el trágico camino de la
inquieta soledad, el silencio respetuoso por la ausencia del lamento de la loba.
*Relato escrito en el año 2008...
7 de noviembre de 2012
Punto de partida. Otra vez.
Me llamo Damián, tengo 27 años, y esta es mi vida. Las experiencias que he vivido. Las situaciones que me han transportado desde el seno materno hasta el lugar que hoy ocupo en el mundo -sea cual sea ese lugar-. He vivido mucho, aunque no muy interesante o intensamente. Pero he vivido mucho, y mucho me resta, aún, por vivir. Eso espero.
La cuestión que hoy me ocupa, es la vida. La realidad. El mundo, tal y como cada uno de nosotros lo ve, lo siente, o lo percibe. La vida que llevamos, enfrentada en una lucha ancestral con la vida que ansiamos llevar. La realidad, humillada ante los sueños, encadenados por la realidad.
En los últimos días, a través de los ojos del mundo que me rodea, he conseguido hundirme en una tristeza que me resulta inexplicable. De pronto, años después de haber superado mis miedos, tras deshacer esos nudos que ceñían mi pecho y me impedían respirar los vientos puros de la libertad, he permitido que todo ese tremendo peso vuelva a caer sobre mis hombros. Sin saber muy bien cómo, las opiniones vertidas por las lenguas viperinas de aquellos que ni siquiera me conocen, han logrado derrotarme, y han quitado el brillo a mis sueños.
¡Por todos mis demonios internos! Estas semanas incluso he permitido que los ojos llameantes de una sociedad enferma me hayan provocado vergüenza y represión, y hasta he lamentado las opciones innatas más profundas de mi ser!
La ausencia de esas noticias esperadas, destinadas a reconfortarme, a alzarme, a cumplir parte de mis sueños, ha conseguido entristecerme, deprimirme. He dejado de escribir, porque escribir ya no parecía una prioridad para mí. ¿Qué sentido tendría seguir escribiendo, si a nadie le importa y a nadie le interesa? La derrota, fuerte e invencible.
¿Por qué retomar el papel y la tinta? Muy sencillo. Porque no sabría qué hacer con mi vida, de otro modo. ¿Cómo podría volver a una vida que jamás ha existido?
He dicho basta, me he plantado ante mi propio reflejo, decidido a aniquilarlo, a romper ese espejo cuya imagen me resulta desoladora.
He decidido luchar. Apasionarme de nuevo. Sentir, y vivir. A mi manera, siguiendo mis propias reglas.
Viajaré a Londres, la ciudad de mis sueños, porque necesito hacerlo. Aunque sienta miedo, aunque la sola idea de hacerlo consiga desvelarme por las noches.
¿Y qué más da?
Son las pasiones más arraigadas en las profundidades de tu pecho, aquellas a las que debes seguir... allá donde te lleven. A mi, van a llevarme a ese país que adoro. Me han llevado a iniciar ese camino que siempre he deseado surcar. El de la literatura. El de la enseñanza.
Son esas pasiones las responsables de cada palabra escrita por estas, mis manos, durante 27 largos años. Y muchos más, que vendrán.
La cuestión que hoy me ocupa, es la vida. La realidad. El mundo, tal y como cada uno de nosotros lo ve, lo siente, o lo percibe. La vida que llevamos, enfrentada en una lucha ancestral con la vida que ansiamos llevar. La realidad, humillada ante los sueños, encadenados por la realidad.
En los últimos días, a través de los ojos del mundo que me rodea, he conseguido hundirme en una tristeza que me resulta inexplicable. De pronto, años después de haber superado mis miedos, tras deshacer esos nudos que ceñían mi pecho y me impedían respirar los vientos puros de la libertad, he permitido que todo ese tremendo peso vuelva a caer sobre mis hombros. Sin saber muy bien cómo, las opiniones vertidas por las lenguas viperinas de aquellos que ni siquiera me conocen, han logrado derrotarme, y han quitado el brillo a mis sueños.
¡Por todos mis demonios internos! Estas semanas incluso he permitido que los ojos llameantes de una sociedad enferma me hayan provocado vergüenza y represión, y hasta he lamentado las opciones innatas más profundas de mi ser!
La ausencia de esas noticias esperadas, destinadas a reconfortarme, a alzarme, a cumplir parte de mis sueños, ha conseguido entristecerme, deprimirme. He dejado de escribir, porque escribir ya no parecía una prioridad para mí. ¿Qué sentido tendría seguir escribiendo, si a nadie le importa y a nadie le interesa? La derrota, fuerte e invencible.
¿Por qué retomar el papel y la tinta? Muy sencillo. Porque no sabría qué hacer con mi vida, de otro modo. ¿Cómo podría volver a una vida que jamás ha existido?
He dicho basta, me he plantado ante mi propio reflejo, decidido a aniquilarlo, a romper ese espejo cuya imagen me resulta desoladora.
He decidido luchar. Apasionarme de nuevo. Sentir, y vivir. A mi manera, siguiendo mis propias reglas.
Viajaré a Londres, la ciudad de mis sueños, porque necesito hacerlo. Aunque sienta miedo, aunque la sola idea de hacerlo consiga desvelarme por las noches.
¿Y qué más da?
Son las pasiones más arraigadas en las profundidades de tu pecho, aquellas a las que debes seguir... allá donde te lleven. A mi, van a llevarme a ese país que adoro. Me han llevado a iniciar ese camino que siempre he deseado surcar. El de la literatura. El de la enseñanza.
Son esas pasiones las responsables de cada palabra escrita por estas, mis manos, durante 27 largos años. Y muchos más, que vendrán.
27 de octubre de 2012
Pensamientos
1.- Que tristeza, la mía... que triste la vida que me ha tocado... esperando la espera eterna, desesperanza de mis anhelos que nunca llegan. Y, dime, tú que me lees, ¿qué será de mí si ese anhelo jamás llega?
2.- Sería más sencilla la vida, sin soñar despierto. Aburrida sería, bien es cierto, pero ¡¡que tranquilidad!! Pues soñando, pesadillas acuden. Y despierto, la mente ociosa cultiva temores que nunca llegan a germinar, pero que calan hondo en el alma perdida. Deja de soñar, escritor... y comienza a vivir la tristeza de tu realidad.
3.- He salido del armario, a veces me pregunto para qué... ¿a quién habría de importarle lo que en mi cama ocurre? Y en verdad, a veces creo, sería mas sencilla la mentira. Al menos, cuando mentía, nadie se atrevía a juzgar mi mentira. Ahora que vivo la vida en posesión de la verdad, cada mirada es un juicio, y cada comentario es una dolorosa ofensa que finjo obviar, aunque no lo haga.
Pensamientos de la mente ociosa. Pensamientos de la mente adolecida, triste. Pensamientos.
2.- Sería más sencilla la vida, sin soñar despierto. Aburrida sería, bien es cierto, pero ¡¡que tranquilidad!! Pues soñando, pesadillas acuden. Y despierto, la mente ociosa cultiva temores que nunca llegan a germinar, pero que calan hondo en el alma perdida. Deja de soñar, escritor... y comienza a vivir la tristeza de tu realidad.
3.- He salido del armario, a veces me pregunto para qué... ¿a quién habría de importarle lo que en mi cama ocurre? Y en verdad, a veces creo, sería mas sencilla la mentira. Al menos, cuando mentía, nadie se atrevía a juzgar mi mentira. Ahora que vivo la vida en posesión de la verdad, cada mirada es un juicio, y cada comentario es una dolorosa ofensa que finjo obviar, aunque no lo haga.
Pensamientos de la mente ociosa. Pensamientos de la mente adolecida, triste. Pensamientos.
10 de octubre de 2012
Reflexión
Ve a dormir temprano, escritor, para evitar esos pensamientos que te atormentan. Pues cuando en la madrugada resistes al sueño y el reposo, tan solo ideas oscuras preñadas de desesperación pueden anidar en las profundidades de tu mente... y, allí, germinar en la forma podrida de la infelicidad.
3 de octubre de 2012
Ya que de soñar hablamos...
Tuve una vez un sueño, tan extraño como la vida misma... y en aquel sueño, la tinta y el papel habían desaparecido, transformándose en el brillo cegador de un foco, y en la musicalidad de una voz que pronuncia las palabras que fueron escritas. Hay luces, redondas, que limitan la clarividencia de un espejo brillante y frío, ante el cual, una dama de muchos nombres y muchas vidas, acicala sus cabellos pajizos y se maquilla las mejillas sonrosadas. A su lado yace un caballero, brillante y dorado, mientras otro hombre, de carne y hueso, le ofrece tres vestidos, iguales por ser diferentes, que ella rechaza una y otra vez, pidiendo el cuarto, aquel que ha sido reservado únicamente para su uso al final de todas las cosas.
En ese sueño, yo me siento en una silla con mi nombre, rodeado por mis notas, y contemplo ante mis ojos el despliegue de medios, destinado a honrarme, a cumplir lo pactado... a crear, ante mis ojos, la historia que yo habré escrito para ellos.
¡Qué hermoso, aquel sueño!
"Twenty-four frames a second, 100 heartbeats a minute, a dozen emotional highs an hour - and shockwaves that last a lifetime: that's cinema."
En ese sueño, yo me siento en una silla con mi nombre, rodeado por mis notas, y contemplo ante mis ojos el despliegue de medios, destinado a honrarme, a cumplir lo pactado... a crear, ante mis ojos, la historia que yo habré escrito para ellos.
¡Qué hermoso, aquel sueño!
Esta semana, que dispongo de tiempo para retomar el hilo de mi vida sobre el papel, he tomado una decisión largamente pospuesta. Después de atravesar los infiernos de Vincent, y mientras espero la respuesta de un editor, que no llega, me preguntaba qué sería lo siguiente, qué proyecto ocuparía mi (escaso) tiempo libre... Ahora, ya lo se.
Aquel que mi musa, la de verdad, la que me anima y me apoya, desea que escriba.
Como ya os he contado alguna vez, el cine es, por decirlo de algún modo, ese mundo que me llama, que me atrae, que me apasiona. Podría pasarme los días viendo cine, respirando cine y leyendo cine... del mismo modo, vivir del cine sería un sueño... como aquel que os confesaba al inicio de este breve relato de un día cualquiera en mi extraña vida.
Celuloide a parte, hay historias que, por su alto contenido visual, no pueden ser narradas en papel y tinta, pues necesitan la imagen para desvelar lo justo y mantener tras el velo aquellas cosas que no deben anticiparse. Y en ello estamos...
El proyecto que ahora me ocupa se ha fraguado a lo largo de los últimos dos años, variando un poco en sus argumentos pero nunca renunciando a su esencia. Sí, es cierto... la historia ha evolucionado, del drama más básico a una estructura más compleja, más satisfactoria. Y lejos de efectismos, lejos de falsas modestias, considero que es una buena historia, que puede convertirse en un buen guión de cine... y en una buena película.
Porque, y ya que de soñar estamos hablando... ¿qué más da soñar con un libro publicado, o con el rodaje y estreno de una película? Son sueños que se complementan, desde el inicio de los tiempos, en la mente siempre ausente, siempre creativa, del escritor de estas líneas.
25 de septiembre de 2012
Cambiar el espejo
Ese momento en el que te miras en el espejo... y al ver tu propio reflejo, apenas puedes reconocerte. ¿En qué te has convertido? ¿Cómo has podido permitir que algo así haya pasado contigo?
No reconoces a quien te devuelve una mirada de afectación desde el otro lado. Esos ojos son los tuyos, pero brillan mortecinos y apagados, desilusionados. Tu piel es la misma que la suya, pero parece anciana, arrugada. El cabello muerto, los labios quebradizos. La ropa gastada, y unos kilos de más...
¿Quién eres?
Ese momento llega, cuando apenas te has dado cuenta del desastre en que has convertido tu vida.
Ahora que trabajas, ahora que puedes... te sonríes a ti mismo y piensas, ¿qué mas da? Asumes que eres valiente, rebelde, porque no vas a ceder a la tentación de cambiar lo que eres. Pero claro, es entonces cuando te das cuenta de que eso, eso que te devuelve el espejo, no es lo que eres, sino en lo que te has convertido por la lucha con una vida que no mereces, que no quieres... es el resultado de tu vagancia, de tu tristeza y tu dejadez.
¿Recuerdas cuando eras diferente?
Tal vez, nunca lo has sido.
Pero es el momento.
Ahora, que has definido tu vida. Ahora, que eres más libre de lo que jamás habías soñado.
Puedes permitirte gritar a los cuatro vientos, puedes correr y saltar. Puedes besar a tu pareja, cuando la tengas. Puedes reír. Reír con ganas, con desenfado... despeinarte y volver a peinarte. Quitarte la ropa, aunque te avergüences de la barriga que has dejado crecer alrededor de tus abdominales...
¡A quién coño le importa!
A ti.
Porque al verte en el espejo, desnudo de disfraces y máscaras, te has dado cuenta de que es el momento de cambiar... de volver a ser tú. De convertirte en la versión mejorada de lo que siempre has sido.
Tan sencillo de decidir... tan complejo de hacer...
¡Pero lo harás!
Por ti.
11 de agosto de 2012
Volver a soñar
La vida del hombre adulto es compleja... tan pronto tienes todo el tiempo del mundo para realizar tareas que adoras, como te sientes obligado a llevar al vida que de ti se espera, rendirte a la realidad de un mundo que se desmorona, y arrimar el hombro aunque ello signifique renunciar a tus principios, y olvidar tus sueños...
A veces, la misma vida que antes amabas se vuelve tediosa, difícil...
No es para nada sencillo abrir los ojos un día, y, tras meditarlo con sumo cuidado, darte cuenta de todos los errores que has cometido en tu vida. Puedes ser un simple joven de veintisiete años, pero en esos veintisiete años has podido cavar tu propia tumba cien veces.
Eso, es lo que hice yo.
Dejé que súcubos, diablos y otros seres del averno me sedujesen con sus palabras, permitiendo que sus venenosos consejos hiciesen mella en mis decisiones. Y con ellos aferrados a mi alma, caminé errático por las lindes infestas que separan la vida que llevo de la que anhelo llevar. El volante de mi vida, zozobrante en mis manos, siendo dirigido por las mentiras y los malos deseos de brujas de rostro arrugado y plagado de verrugas.
He dejado que otros decidan.
Ahora me toca a mí.
Crecer no ha sido sencillo, pero parte de ese crecimiento ha de ser la toma de conciencia de la situación. Analizar los daños, buscar el mapa... y volver al camino del que nunca he debido desviarme... Porque, si sabes a dónde quieres ir, ¿por qué permitir que otros te digan lo que quieran?
He tardado mucho tiempo en darme cuenta, pero al fin... ahora puedo corregir los errores. No será sencillo, ni rápido... pero antes o después, me hallaré en casa, de nuevo. Una casa que no está aquí, sino allá. Un lugar construido en los sueños y los anhelos de un joven ratón de biblioteca con las manos empapadas en tinta.
Vuelvo a soñar. Y sonrío.
A veces, la misma vida que antes amabas se vuelve tediosa, difícil...
No es para nada sencillo abrir los ojos un día, y, tras meditarlo con sumo cuidado, darte cuenta de todos los errores que has cometido en tu vida. Puedes ser un simple joven de veintisiete años, pero en esos veintisiete años has podido cavar tu propia tumba cien veces.
Eso, es lo que hice yo.
Dejé que súcubos, diablos y otros seres del averno me sedujesen con sus palabras, permitiendo que sus venenosos consejos hiciesen mella en mis decisiones. Y con ellos aferrados a mi alma, caminé errático por las lindes infestas que separan la vida que llevo de la que anhelo llevar. El volante de mi vida, zozobrante en mis manos, siendo dirigido por las mentiras y los malos deseos de brujas de rostro arrugado y plagado de verrugas.
He dejado que otros decidan.
Ahora me toca a mí.
Crecer no ha sido sencillo, pero parte de ese crecimiento ha de ser la toma de conciencia de la situación. Analizar los daños, buscar el mapa... y volver al camino del que nunca he debido desviarme... Porque, si sabes a dónde quieres ir, ¿por qué permitir que otros te digan lo que quieran?
He tardado mucho tiempo en darme cuenta, pero al fin... ahora puedo corregir los errores. No será sencillo, ni rápido... pero antes o después, me hallaré en casa, de nuevo. Una casa que no está aquí, sino allá. Un lugar construido en los sueños y los anhelos de un joven ratón de biblioteca con las manos empapadas en tinta.
Vuelvo a soñar. Y sonrío.
17 de julio de 2012
Abrir los Ojos
Antes de abrir los ojos, en ese
breve segundo en que nuestra mente se pierde en la frontera entre el sueño y la
vigilia, cuando lo real y lo imaginario se unen, supe que no me gustaría el
mundo que aguardaba tras la oscuridad de mis párpados cerrados.
Lo sentía en los brazos y las
piernas, en el pecho. Mi corazón palpitaba con furia, excitado por la realidad
más cruda y fría. Siempre he sabido que mi cruel destino me llevaría a un
momento como aquel, jamás había sentido miedo ante los acontecimientos que se
precipitaban ante mis ojos. Sin embargo saberme allí, en el epicentro del
reverso más sádico del un mundo cruel, me causaba pavor.
Porque una vez allí, no había
vuelta atrás.
Todo estaba perdido.
La sangre manaba de heridas que
ni siquiera tenía en mi cuerpo. Aquellas que sí estaban allí simplemente no
sangraban, pues mis venas agotaban su líquido rojo y coagulado. Eran mis
últimos segundos. La última oportunidad de contemplar el mundo.
Abrí los ojos con temor, esforzándome
al máximo por no pensar en nada. Y eso me rodeaba, la nada más impenetrable,
una oscuridad espesa. No había viento, ni cielo ni tierra. No había nada. Solo
sentía el lecho de madera sobre el que reposaba mi cuerpo desnudo. Solo sentía
mi propia presencia, el esfuerzo de mis pulmones por respirar un aire
perecedero.
Yo sabía lo que ocurría a mi
alrededor. Era consciente aún sin serlo. Sabía que aquel era mi destino porque
había cometido un terrible error. Había confiado a mis enemigos la verdad de
mis temores más profundos. Por eso estaba allí. Por eso no había nada más. Limitados mis movimientos, alcé una mano y
acaricié la superficie que me cubría, separándome del mundo real. La madera
fría y lisa se me antojaba viscosa. Tal vez fuese la sangre de mis manos y no
la madera de mi propia tumba.
Suspiré. Intenté refrenar el
miedo, acompasando mi respiración en un vano intento por ahorrar oxígeno. La
muerte había sido declarada para mí. Bajo tierra, en un ataúd sin duda hermoso,
moriría en la más inquietante soledad.
No pude evitarlo, así que grité y
arañé la madera, golpeé el ataúd con mis rodillas nudosas provocándome más
heridas. Luego me detuve. Alguien hablaba sobre mí. Quizás era mi salvador.
Chillé con furia, un interminable grito más agudo de lo normal antes de perder
para siempre la voz.
—No se preocupe —dijo la voz a
unos metros sobre mí—. Estamos haciendo lo posible para sacar el ataúd a la
superficie. ¡No se rinda!
Sonreí. Estaba a salvo.
Apenas era consciente del dolor
de mis pulmones, que tanto esfuerzo hacían por encontrar oxígeno en aquel
estrecho cubículo. Obvié la intensidad de mi claustrofobia. Intenté no pensar
en el mareo que sentía, en el dolor intenso que convulsionaba cada fibra de mi
cuerpo.
Cerré los ojos, consciente de que
posiblemente jamás volvería a ver nada con ellos. Ya no había aire. Todo era
silencio. Me relajé, me oriné encima porque ya no importaba nada más. No era
sino carne, vísceras y hueso. Mi alma volaba libre, alzándose en el viento que
azotaba mis cabellos. Sonreí. Me gustaba el viento acariciando mis heridas, mis
pechos desnudos, cada centímetro de mi piel.
Abrí los ojos. Aquel caballero me
miraba asustado, preocupado. Quise decirle que todo estaba bien, pero no pude.
Quise mirarle, aferrarme a su imagen, pero no pude. Miré la luna llena y
sonreí.
Suspiré. Llené mis pulmones de
aire puro antes de dejarme llevar por el sueño eterno. Al menos, pensé, has
visto la luna una última vez.
25 de junio de 2012
Afortunado yo
Soy la reina del drama...
Pero soy afortunado.
No tengo amor, no hay un hombre en mi vida, pero he estado (estoy?) enamorado, y ese recuerdo, ese sentimiento, es la fortuna misma de saber que mi corazón funciona.
No tengo trabajo, o no lo tenía, o puede que no lo tenga en una semana... pero he trabajado, he estudiado, y me he encontrando a mi mismo despues de muchas zozobras.
No tengo pasiones, pero me apasiona lo que hago, la escritura, el cine... y eso es la pasión misma, asi que supongo que en realidad, sí hay pasión en mi vida.
Soy afortunado, porque he salido del armario, me he liberado, he gritado al mundo que soy gay, ¿y qué? Soy libre, soy feliz... porque todos ellos, los que realmente importan, lo han aceptado, me han aceptado. Y los que no, no valían la pena, por lo que soy afortunado al sacarles de mi vida. Eso es fortuna...
Soy afortunado porque escribo, porque empiezo a cumplir pequeños sueños, y los grandes se antojan más posibles.
Fortuna, la mía...
8 de junio de 2012
Ser
He pensado mucho, antes de sentarme ante mi ordenador. He meditado mucho, antes de atreverme a escribirlo. Y aunque lo escriba, todavía no se si llegaré a atreverme a publicarlo allí donde cualquiera podría leerlo.
He hablado de ello tantas veces que ya ni lo recuerdo. Solo que, al hablar de ello, realmente hablaba de cualquier otra cosa.
Pero la vida cambia... y uno, en ocasiones, necesita liberarse, decir lo que siente y lo que piensa...
Soy lo que soy, y lo que soy no necesita excusas o explicaciones...
Soy gay.
Es lo que soy. Así he nacido y así moriré. Me gustan los hombres, no todos, pero me gustan. Si te cabe alguna duda, no me atraen las chicas. Es así, qué le voy a hacer. En definitiva, soy gay.
Pero más que eso, soy lo que soy.
Soy Damián, tengo casi 27 años, trabajo en un hotel (en prácticas) y soy escritor. Acabo de terminar mi novela, que espero ver pronto en las librerías. Es un sueño, pero podría ser real. Tengo padres, como tú, y una hermana a la que adoro. Mi hermana esta casada y tiene dos hijas, mis sobrinas, sin las que no podría vivir porque no recuerdo lo que era la vida antes de tenerlas. Además de todo eso, he sido (o quizás, todavía soy) saxofonista en una banda. Lo tengo abandonado, pero ahí está, como parte de mi biografía.
Me apasiona el cine hasta el punto de mosquearme el pirateo. Sueño con Hollywood, con las grandes estrellas del celuloide. Quiro escribir un guión de cine, tengo la idea y la historia, pero no me he lanzado todavía. Algún día, lo haré. En mi estantería conviven centenares de libros con centenares de películas en dvd. Sí, casi todos esos dvd's son ediciones especiales de varios discos, caja metálica y estas cosas.
Me apasiona Harry Potter, pero eso ya no es un secreto. Y me apasiona el Reino Unido y todo lo que se relaciona con ello. Me apasiona el cine británico, la literatura británica, el té, las pastas, la bandera, Londres, Escocia... algún día quisiera vivir allí, al menos parte del tiempo. Y quizás, el amor de mi vida haya sido de por allí, o tal vez todavía por allí se mueva. Quién sabe.
En lo personal soy enamoradizo, romántico y en general, encajo en la definición de "ser un buen chico".
Si me conoces, me conoces. Y sabes que todo lo que he escrito un poquito más arriba es verdad.
Ahora vuelvo a decirte que soy gay. Aparte de todo eso, sí, me gustan los chicos, me acuesto con chicos, beso a chicos y algún día, quisiera casarme con el hombre de mi vida y compartir mi vida con él, para siempre.
No tienes que entenderlo, no pretendo que te guste mi forma de vida. Pero no pienso permitir burlas, ni estupideces, ni reproches o miradas. Soy lo que soy, te guste o no. No tiene que gustarte, ni tienes que entenderlo, pero sí vas a tener que respetarlo, porque...
Cuando soy bueno, soy muy bueno. Cuando soy malo, soy aún mejor.
... no pienso volver a soportar humillaciones ni ataques. Me da igual quién seas, no pienso permitir que en mi vida vuelvan a hacerme sentir culpable, o sucio, o enfermo. No tengo nada de lo que arrepentirme, excepto de soportar hasta este día todas esas cosas. ¿Y sabes que? Me he cansado de callar.
Y por ello, antes de lo esperado (porque me faltan un par de conversaciones por tener) ahora cuelgo este texto. Para decirte a ti y a quien quiera leerlo que sí, soy gay... ¿y qué?
Es lo que soy. Y no hay nada más que decir.
3 de junio de 2012
El Rey Cautivo
Vive el rey cautivo en una oscura torre, ubicada en el centro mismo de un paraje yermo y tenebroso. Árboles muertos le acompañan, mientras buitres y cuervos ansían su pronta muerte para alimentarse de su carne real, beber su sangre azul, y coronarse, ellos mismos, reyes de los cielos allí donde tan solo se divisan las llanuras del infierno. Trepan las zarzas para colarse por la ventana. Corona el espino la torre. Mullidos campos de venenosas fresas se extienden sobre la tierra negra y el mundo vacío.
Solo está el rey, muy solo, en lo alto de su torre.
Y desde lo alto, cautivo, contempla el mundo que lo rodea sin comprender, sin saber, sin conocer... que no es la torre su prisión, que la puerta está abierta, y que bajo el veneno, el espino y la zarza, tras el buitre y el cuervo, y bajo los infiernos que una bruja hechizara para él, el mundo sigue en su tiempo, avanzando sin detenerse, olvidándose del pobre y triste rey cautivo, de su propia alma y de su corazón.
No es cautivo el rey de la bruja, sino que es cautivo del propio rey.
Solo está el rey, muy solo, en lo alto de su torre.
Y desde lo alto, cautivo, contempla el mundo que lo rodea sin comprender, sin saber, sin conocer... que no es la torre su prisión, que la puerta está abierta, y que bajo el veneno, el espino y la zarza, tras el buitre y el cuervo, y bajo los infiernos que una bruja hechizara para él, el mundo sigue en su tiempo, avanzando sin detenerse, olvidándose del pobre y triste rey cautivo, de su propia alma y de su corazón.
No es cautivo el rey de la bruja, sino que es cautivo del propio rey.
27 de mayo de 2012
Evolución
Primera versión (a la izquierda): 28 páginas, escritas durante el año 2008.
Última versión (a la derecha): 262 páginas, a ordenador, terminada en 2012.
La evolución natural de las cosas puede descubrirte mundos completamente nuevos... y cuando creías que ya lo sabías todo, encontrarte con nuevos retos.
Esta es la "Historia del Hombre Muerto"
El Vacío
Más allá de cuanto alcanza la vista del hombre, la oscuridad más espesa lo llena todo, la presión es infinita, los cuerpos se rompen, que quiebran las ilusiones, y todo cuando ha sido y debiera ser, desaparece, disipándose como la niebla, evaporándose como el agua al fuego...
*
Más de tres años contigo me han añorarte tan solo un par de días después de despedirme de ti. ¿Cómo seguiré adelante? ¿Cómo superaré tu ausencia? ¡Quién acompañará los pesares del día a día, distrayéndome de las muchas preocupaciones que asolan el mundo!
Te vas, me dejas solo... y vacío.
Nada volverá a ser lo que era.
¡Cuantas cosas han sucedido en mi vida desde que te encontré! Cambios, infinitos cambios... en los que tú has estado siempre presente. En lo bueno, en lo malo.
Te escuché, te sentí, incluso me atreví a experimentar aquello que temía, para conocerte mejor, para llegar a lo más profundo de tu alma, para saberte completo. He utilizado todas las armas posibles para desarmarte, para desnudarte. He besado tus labios, he acariciado tus párpados, he sentido cada palmo de tu piel en las yemas de mis dedos. Te he leído como a un libro abierto sobre una mesa de piedra...
Te vas, oh, amigo. Te vas para no volver. Nuestro camino se ha terminado, y, por ti, siento tristeza, siento pesar. Te vas en un tren sin retorno y, a solas, contemplo las vías que habrán de alejarte de mi vida...
*
Tres años contigo, una vida.
Te echaré mucho de menos... pero hallaré la forma de seguir adelante. Llenaré el vacío que en mi dejas, te seré infiel... con otros. Muchos otros... que están por llegar.
*
*
Más de tres años contigo me han añorarte tan solo un par de días después de despedirme de ti. ¿Cómo seguiré adelante? ¿Cómo superaré tu ausencia? ¡Quién acompañará los pesares del día a día, distrayéndome de las muchas preocupaciones que asolan el mundo!
Te vas, me dejas solo... y vacío.
Nada volverá a ser lo que era.
¡Cuantas cosas han sucedido en mi vida desde que te encontré! Cambios, infinitos cambios... en los que tú has estado siempre presente. En lo bueno, en lo malo.
Te escuché, te sentí, incluso me atreví a experimentar aquello que temía, para conocerte mejor, para llegar a lo más profundo de tu alma, para saberte completo. He utilizado todas las armas posibles para desarmarte, para desnudarte. He besado tus labios, he acariciado tus párpados, he sentido cada palmo de tu piel en las yemas de mis dedos. Te he leído como a un libro abierto sobre una mesa de piedra...
Te vas, oh, amigo. Te vas para no volver. Nuestro camino se ha terminado, y, por ti, siento tristeza, siento pesar. Te vas en un tren sin retorno y, a solas, contemplo las vías que habrán de alejarte de mi vida...
*
Tres años contigo, una vida.
Te echaré mucho de menos... pero hallaré la forma de seguir adelante. Llenaré el vacío que en mi dejas, te seré infiel... con otros. Muchos otros... que están por llegar.
*
El día 24 de Mayo de 2012, después de aproximadamente tres años, Damián F. Maceira rubricó el final de "Historia del Hombre Muerto". Ésta es la carta de despedida a una historia que ha marcado toda una vida.
21 de mayo de 2012
Café fresco
Es temprano en una mañana cualquiera, un día en el que no hay trabajo. En el exterior, la temperatura es fresca, el cielo gris no invita a salir o pasear, sino a quedarse en el hogar, relajado.
La cafeterá está al fuego, el agua calentándose, y en breves instantes, el olor del café fresco inundará mi mañana, una mañana de lunes en la que no hay gran cosa por hacer.

Ya hierve la cafetera, y mientras degusto una taza de humeante café de Colombia, me dedicaré a aquello que se me da bien, tal vez lo único que verdaderamente se hacer.
Estos días he permitido que otros asuntos me apartasen del camino, y, durante toda la jornada, no hice gran cosa. Sin embargo al caer la noche, rodeado de oscuridad, todo cambia... y hasta las tres de la madrugada, en mi casa resonaba el eco de las teclas sobre el teclado mientras yo escribía y escribía.
Escribiendo soy feliz, escribiendo soy yo mismo. Café fresco en la taza, con su aroma embriagándome, mientras las historias contadas o por contar, se derraman por las páginas de futuros libros. Con tinta negra, tinta café.
Café fresco por la mañana, y la certeza de un buen día, volviendo al origen.
Sea.
La cafeterá está al fuego, el agua calentándose, y en breves instantes, el olor del café fresco inundará mi mañana, una mañana de lunes en la que no hay gran cosa por hacer.

Ya hierve la cafetera, y mientras degusto una taza de humeante café de Colombia, me dedicaré a aquello que se me da bien, tal vez lo único que verdaderamente se hacer.
Estos días he permitido que otros asuntos me apartasen del camino, y, durante toda la jornada, no hice gran cosa. Sin embargo al caer la noche, rodeado de oscuridad, todo cambia... y hasta las tres de la madrugada, en mi casa resonaba el eco de las teclas sobre el teclado mientras yo escribía y escribía.
Escribiendo soy feliz, escribiendo soy yo mismo. Café fresco en la taza, con su aroma embriagándome, mientras las historias contadas o por contar, se derraman por las páginas de futuros libros. Con tinta negra, tinta café.
Café fresco por la mañana, y la certeza de un buen día, volviendo al origen.
Sea.
19 de mayo de 2012
Pensamientos del mes de Mayo
Han vuelto las lluvias al paraiso en el que vivimos... Los campos más allá de mi ventana se muestran exuberantes, tapizados por flores amarillas que conjugan el verdor espléndido de la hierba. Y en el horizonte, el bosque cercano parece respirar aliviado al sentir el agua bañando la tierra sobre sus raíces.
Hacía falta la lluvia, adoro a la lluvia... pero en estos días, necesitaba seguir sintiendo sobre mi piel la cálida caricia del ardiente sol.
Porque cuando llueve, pienso...
Hoy me encuentro entre la alegría y la emoción, divagando sobre el significado de mi propia existencia, y haciéndome extrañas preguntas para las que no encuentro respuesta. La vida ha comenzado a girar de nuevo, el mundo vuelve a moverse bajo mis pies... y después de casi dos años en una posición estática y con los ojos cerrados, la belleza del mundo se me antoja tan grande, tan insuperable, que satura mis sentidos.
Los grillos cantan bajo mi ventana mientras el sol consigue filtrar algunos rayos de su luz sobre la tierra húmeda. El día parece estar de acuerdo con mi propia zozobra.
Me encuentro cerca del sueño de todo ser humano... siento un leve cosquilleo, un hormigueo en todo mi cuerpo, que me indica la proximidad de lo posible. Alegría. La cercanía del destino. Miedo.
¿Cuantas veces ha querido el escritor solitario sentir y pensar, y ver y desear? Amar, siendo al menos correspondido... y ahora mismo, al borde de lo que podría ser la felicidad, mi cuerpo se paraliza, mis nervios se desatan, y mi mente se nubla bajo el gris manto de una relidad que desconozco.
Durante años, he buscando la posibilidad de eso que llaman amor, y que nos hacen creer que es nuestra meta última en la vida. Al cuerno la cumbre de una carrera, o el dinero, o la salud. Lo que todos queremos, a lo que todos aspiramos, es a encontrar a nuestra media naranja. Porque han logrado que pensemos que somos media naranja nada más, y que sin la otra media, estamos incompletos y por tanto, alejados irremediablemente de la felicidad...
Pero, ¿y si somos una naranja completa, redonda y perfecta? ¿Y si el cuento de la media naranja no es mas que eso, un simple cuento?
Y si el amor no es mas que una quimera...
Siempre me he considerado un romántico, de esos empalagosos y absurdos que compran ramos de rosas, cajas de bombones, que anhelan una cena romántica a la luz de las velas seguida por una noche de sexo pasional pero cariñoso, lleno de arrumacos, besos y caricias extasiantes... y no obstante, ahora que voy conociendo el mundo adulto, comienzo a sentir descreimiento y una falta de fe considerable.
Cupido, aparta de mi tu flecha.
¿Será que el cinismo del mundo comienza a apoderarse de mi mente? ¿Que en mi alma ya no hay espacio para mas desengaños y frustraciones?
Con toda probabilidad, aquel muro de hielo y piedra que había conseguido construir a mi aldededor en los años mozos, cuando era el objeto de las burlas, el ratón de biblioteca, vuelve a erigirse... y en plena restauración, algo amenaza con destruirlo de nuevo...
Divagando.
Ya lo dije, la lluvia me puede, me posee, y comienzo a girar en una espiral extraña.
Será que, quizás, este miedo que sienta sea lo habitual, lo normal y lo deseable... o que el romance perdido en el tiempo retorna al hogar de mi corazón. Será que vuelvo... a creer...
Hacía falta la lluvia, adoro a la lluvia... pero en estos días, necesitaba seguir sintiendo sobre mi piel la cálida caricia del ardiente sol. Porque cuando llueve, pienso...
Hoy me encuentro entre la alegría y la emoción, divagando sobre el significado de mi propia existencia, y haciéndome extrañas preguntas para las que no encuentro respuesta. La vida ha comenzado a girar de nuevo, el mundo vuelve a moverse bajo mis pies... y después de casi dos años en una posición estática y con los ojos cerrados, la belleza del mundo se me antoja tan grande, tan insuperable, que satura mis sentidos.
Los grillos cantan bajo mi ventana mientras el sol consigue filtrar algunos rayos de su luz sobre la tierra húmeda. El día parece estar de acuerdo con mi propia zozobra.
Me encuentro cerca del sueño de todo ser humano... siento un leve cosquilleo, un hormigueo en todo mi cuerpo, que me indica la proximidad de lo posible. Alegría. La cercanía del destino. Miedo.
¿Cuantas veces ha querido el escritor solitario sentir y pensar, y ver y desear? Amar, siendo al menos correspondido... y ahora mismo, al borde de lo que podría ser la felicidad, mi cuerpo se paraliza, mis nervios se desatan, y mi mente se nubla bajo el gris manto de una relidad que desconozco.
Durante años, he buscando la posibilidad de eso que llaman amor, y que nos hacen creer que es nuestra meta última en la vida. Al cuerno la cumbre de una carrera, o el dinero, o la salud. Lo que todos queremos, a lo que todos aspiramos, es a encontrar a nuestra media naranja. Porque han logrado que pensemos que somos media naranja nada más, y que sin la otra media, estamos incompletos y por tanto, alejados irremediablemente de la felicidad...
Pero, ¿y si somos una naranja completa, redonda y perfecta? ¿Y si el cuento de la media naranja no es mas que eso, un simple cuento?
Y si el amor no es mas que una quimera...
Siempre me he considerado un romántico, de esos empalagosos y absurdos que compran ramos de rosas, cajas de bombones, que anhelan una cena romántica a la luz de las velas seguida por una noche de sexo pasional pero cariñoso, lleno de arrumacos, besos y caricias extasiantes... y no obstante, ahora que voy conociendo el mundo adulto, comienzo a sentir descreimiento y una falta de fe considerable.
Cupido, aparta de mi tu flecha.
¿Será que el cinismo del mundo comienza a apoderarse de mi mente? ¿Que en mi alma ya no hay espacio para mas desengaños y frustraciones?
Con toda probabilidad, aquel muro de hielo y piedra que había conseguido construir a mi aldededor en los años mozos, cuando era el objeto de las burlas, el ratón de biblioteca, vuelve a erigirse... y en plena restauración, algo amenaza con destruirlo de nuevo...
Divagando.
Ya lo dije, la lluvia me puede, me posee, y comienzo a girar en una espiral extraña.
Será que, quizás, este miedo que sienta sea lo habitual, lo normal y lo deseable... o que el romance perdido en el tiempo retorna al hogar de mi corazón. Será que vuelvo... a creer...
17 de mayo de 2012
Letras
A
B
C
D
E
F
G
...
...
...
...
y así hasta
la
Z
...
Letras, son letras, aquí y más allá...
Letras que usamos, letras que leemos, que pronunciamos sin apenas darnos cuenta.
Letras que forman sílabas, que forman palabras, que unidas en frases, cuentan historias...
Donde vives, hay letras.
Tu nombre tiene letras.
Letras, letras por doquier...
Hoy se festeja el día de las Letras Gallegas.
Letras y más letras, en gallego, catalán o castellano. En inglés, francés, ruso y alemán.
B
C
D
E
F
G
...
...
...
...
y así hasta
la
Z
...
Letras, son letras, aquí y más allá...
Letras que usamos, letras que leemos, que pronunciamos sin apenas darnos cuenta.
Letras que forman sílabas, que forman palabras, que unidas en frases, cuentan historias...
Donde vives, hay letras.
Tu nombre tiene letras.
Letras, letras por doquier...
Hoy se festeja el día de las Letras Gallegas.
Letras y más letras, en gallego, catalán o castellano. En inglés, francés, ruso y alemán.
Feliz día das Letras...
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