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20 de febrero de 2012

Historia de Dos Caballeros

En las últimas semanas, dos de los actores más relevantes de sus respectivas generaciones han estrenado película. Yo he tenido la fortuna de asistir, a cada una de ellas, el mismo día de su llegada a las salas. 
Y verles a ambos en acción, no ha podido resultar más inspirador. 
He aquí mi breve opinión sobre las últimas películas de Leonardo DiCaprio y Daniel Radcliffe. 

     >J. EDGAR   

Pocas veces tiene uno la oportunidad de asistir a un espectáculo de un actor en estado de gracia, iluminado por el foco de su arte, reñido con la realidad que interpreta y saliendo indemne de su pugna. Muchos pudieron fracasar, pero él no. Leonardo DiCaprio nos ofrece, en "J. Edgar", un despliegue de artes escénicas, sobreponiéndose a un maquillaje pobre y artificial para desvelarnos el entramado psicológico de un hombre que existió en realidad, y cuyos logros fueron (o no) eclipsados por su ideología. 
Desconozco la historia de este personaje, mas en la película me ha impresionado su característica frialdad reposada, la capacidad de actuar sin dejarse llevar por sus instintos ni sus miedos o pasiones. Un personaje comedido, que tan solo permite ver lo que se oculta tras su traje y su corbata en pequeños momentos en los que atisbamos la humanidad descarnada de un hombre que se miente a si mismo para justificar sus actos. 
Rodeado de un cast impresionante que incluye a una maravillosa Naomi Watts y a una impresionante Judi Dench, "J. Edgar" es una película redonda, emocionante y para nada sobreactuada. Su principal handicap ha sido un pésimo maquillaje que en ciertos momentos distrae la atención del espectador, pero que en la mayor parte del emtraje, acentúa la espléndida actuación de los actores. 
Incomprensible, casi imperdonable, la ausencia de una nominación para un DiCaprio que se crece con cada nueva película. 

      >LA MUJER DE NEGRO (THE WOMAN IN BLACK)

Lo más difícil de ser Daniel Radcliffe es la eterna etiqueta del niño mago, siempre a la espalda. Y esa etiqueta colgará durante años, sino décadas. Él se muestra agradecido a tal papel (no es para menos) y no deja de resultar simpático y relajado en las entrevistas que vuelven a llevarle una y otra vez a las gafas redondas y el rayo en la frente. 
Y no obstante, poco o nada queda en él de aquel mago que le hiciera famoso. Ya antes de terminar la saga, deslumbró al mundo (del teatro) en la controvertida y exitosa obra "Equus", y este año ha seguido cosecuahdno éxitos en Broadway con "How to Succeed in Businness Without Really Trying". y su transformación ha concluido, este mismo viernes, con "La Mujer de Negro". 
En esta escalofriante película, Daniel Radcliffe se deshace por completo del papel que le diera la fama en un alarde de valentía que nos arrebata y nos mantiene en tensión, pegados a la butaca. incluso cuando nada sucede en la pantalla, respiramos con cuidado, evitando cualquier movimiento brusco. 
Sin lugar a dudas, será criticado (él lo espera) y, por buenas que sean sus próximas interpretaciones, siempre será "el que hizo Harry Potter". Pero aún y con todo, se confirma su capacidad, su talento y se adivina como uno de los nombres que más escucharemos en los próximos años. 
Daniel Radcliffe, de nuevo, demuestra que es más de lo que todos piensan, y no deja de sorprendernos. 

En resumen... dos grandes actores, marcados por grandes películas o sagas... y que no obstante, mantienen a la alza sus acciones como actores.
Señores académicos del mundo, ya tarda la lluvia de galardones para estos maestros! 

1 de octubre de 2011

Malvado.

Poison Apple Photograph - Poison Apple Fine Art Print - Holly Shoemaker

Quiero ser malvado. Quiero ser temido. Vestirme con ropas negras, armado con cuchillos de afilada hoja en veneno empapada. Quiero hundirme en la sombra, bañarme en las tinieblas, y beber copas de oscuridad y sangre. 
Quiero alzarme contra el mundo, sentarme en un trono oculto tras un campo de víboras, con asesinos por guardianes a las puertas de mi palacio donde nunca sale el sol, donde siempre llueven las tormentas y caen los rayos partiendo en dos el cielo y haciendo temblar la tierra.
Ansío causar temor, que nadie ose mirarme a los ojos, que el mundo tiemble a mi paso, que titubeen las mujeres y los hombres lloren de auténtico pavor. 
Quiero ser malvado, porque estoy hasta los cojones de ser bueno. 

Hoy quiero, necesito en realidad, que el mundo me deje en paz. Que nadie me hable. Necesito sentirme solo, porque en soledad nadie puede hacerme daño. Necesito el silencio, porque en el silencio no hay palabras falsas  o verdades a medias, o comentarios más afildados que la mismísima guadaña de la maldita muerte.
Hoy quiero besar a la soledad y follarme al silencio. Hoy quiero retozar en una cama de agujas envenenadas, quiero sentirme desgraciado y hundirme en mis propias lágrimas. Quiero ser lo que no soy y abandonar mi vida en pos de no-se-qué. 

Se acabó lo que se daba. Estoy agotado de ser y no ser, de decir y callar, de fingir. Maldito soy por no saber ser. 

He comprado una manzana en la tienda de la esquina. Solo una. La manzana más maravillosa y perfecta que he podido encontrar. Roja, de piel tersa y corazón tierno. Con una aguja la he preñado de las aguas del sueño y los efluvios del falo del demonio. Me he desnudado, y con la piel trémula y la carne flagelada por el dolor del pecado carnal, me tumbaré sobre mi cama y allí morderé la manzana de sangre. 
Solo un caballero podría salvarme de la muerte, con un beso. Pero, ¿quién querría besarme si al hacerlo sus labios beberán mi muerte? ¿Quién querría enamorarse del escritor maldito por la misma vida, perdido en el tiempo, olvidado? 
No. Morderé la manzana pereceré a manos del destino cruel de los que no son más que polvo. 

Estoy cansado de querer. Cansado de no ser querido. Cansado de la burla, de la maldad del mundo, de la soledad, de la vida, del sufrimiento y del mismo olvido, de la realidad y de la fantasía. 

Se acabó lo que se daba. 
Llegó la hora... de partir.

14 de septiembre de 2011

Cuento Macabro

 Una sola lágrima corriendo por tu cuello, derramándose lentamente hacia los abismos de tu pecho, cayendo por tus pectorales, tus abdominales, más allá de tu ombligo, hasta encontrarse con el descuidado bosque del vello de tu sexo. Una simple lágrima de sangre que tiñe tu piel pálida, que me invita a lamerte el cuerpo cuya vida se agota, recorriendo cada centímetro con mi lengua envenenada mientras aspiro el embriagador aroma que a ti me atrajo... Es hermoso, si lo piensas...


Voy a contaros un cuento, pero no un cuento al uso, sino uno en esencia verdadero. Un cuento sin finales felices. Una historia de hombres, donde las mujeres no tienen cabida. Las princesas, relegadas a dormir su sueño, mientras ellos, caballeros de vida agitada, viven las noches del vicio y la depravación más infame. 
El protagonista de este cuento macabro no es un príncipe apuesto, de ondulados cabellos dorados, sino un duque o tal vez un conde, de cabellos negros como la muerte, con un rostro de cera por ángeles caídos cincelado. Ojos almendrados y fríos posee, nariz fina y afilada, labios carnosos y envenenados.
Su cuerpo es el cuerpo mismo del pecado, sus manos son armas de cristal velado.
Su uniforme no es azul, sino negro. Un traje de elegancia que cubre sus músculos y secretos y oculta a ojos del mundo una realidad temible. Su nombre, perdido en el tiempo, bien podría ser mi nombre. Sí, por mi mismo nombre llamaremos a este ser del mundo real. Tal vez, tan solo quizás, su historia sea la mía.
Damián no es protagonista de cuento, no de esos cuentos que uno contaría a sus hijos antes de dormir. Pues en el cuento que ahora os estoy contando, Damián es un caballero de tinieblas ornado. Su reino es la tortura, el dolor y la desdicha. En sus manos no porta un cetro de oro y piedras preciosas, sino dagas afiladas y espadas legendarias. No viste azul, porque el azul, porque no es un príncipe ni es perfecto. El negro es más sufrido... menos evidente, más discreto. 
El caballero de tinieblas ornado tampoco busca una princesa de cuento. No busca una dama de refinadas costumbres y altos tacones, y vestidos de ensueño imposibles de fabricar. No busca pendientes brillantes ni joyas, ni carruajes y fiestas. El caballero que lleva mi nombre busca los cuerpo de príncipes varoniles y caballeros apuestos. Hombres, como él.
Si buscase la perfección nunca la encontraría, pues el mundo es imperfecto y he ahí la gracia del vivir.
Armado hasta los dientes con su propia realidad, cubierto por una invisible armadura, el caballero tenebroso se mueve entre las alimañas del mundo y vive, ajeno a todo lo demás, una vida insaciable y dura.

Yo, príncipe de las tinieblas. Yo, maestro brujo hacedor de maldiciones, cuyas malas artes producen venenos desconocidos... Yo, Damián, os digo que ante mí os postraréis. Bajo mi mano de hierro gobernaré vuestras tierras, y si contra mí os alzareis, no os quepa duda, pereceréis. Las sombras son mis aliadas. Los cuervos, mis mascotas. Bajo mi férrea mirada, la vida muere y la muerte vive. Así sea. Buscaré un príncipe, uno que sea mío, y así ha de ser...

¡Oh, tú, príncipe idiota, descerebrado absurdo de efímera belleza! Ven a mí... Voy a seducirte, caballero. Voy a camelar tus sentidos, a enamorarte de mí, a conseguir que no duermas sin soñarme, que no hables sin nombrarme, que no beses sin besarme... voy a hacer que tu vida sea mía, que cada latido de tu corazón me pertenezca, que cada fibra de tu cuerpo lleve mi nombre tatuado en fuego.
Logrado mi cometido, alcanzado el éxito de mi plan, llegará la hora de terminar la faena, y una vez seas mío, y una vez tu vida sea mía, tomaré entre mis manos la daga de plata del dolor y mientras seamos uno, unidos por la gracia del sexo y la lujuria pasional de los hombres amándose, fundidos nuestros cuerpos... tus ojos cerrados en un gemido de placentera dicha, clavaré su afilada hoja en tu pecho, y derramaré tu sangre sobre mis manos, sobre mi cuerpo, y beberé tu vida mientras la pierdes a borbotones sin dejar de gemir. Tu sangre en mi sangre, tu vida escurriéndose entre mis dedos. 
Y una vez muerto, seré yo y solo yo, y podré sentirme vivo de nuevo. Y vivo, más allá de tu cadáver sobre mi cama y tu sangre sobre mi pecho, buscaré un nuevo amante, al que haré mío sobre tus restos, al que haré mío y solo mío, y llegado el momento, volveré a beber de él, como de ti habré bebido. Y me volveré solitario, huraño... e inmortal.
Los príncipes muertos cantarán un réquiem a aquellos que llegan para aumentar su coro. El príncipe solitario, en las tinieblas rey, aceptó su locura y siguió matando, bebiendo sangre, planeando venganzas y creando venenos. Bebiendo sangre, amando a los hombres, devorándolos, haciéndolos perecer en una danza orgiástica de sudor y semen. Y sangre, siempre sangre...
Copas de sangre a mi mesa. En mis mazmorras, cuerpos sin vida. En la medianoche de luna llena, gritos de ausencia y trémulas miradas a los cielos de cristalina negrura. Y solo en su castillo, vive el caballero sin finales felices... y sin final.


Imagen: fotograma de la serie de tv "Dante's Cove"