7 de abril de 2012

Si tu saltas...

La película que me presentó a mi adorada musa, una película que marcó un antes y un después en el mundo del cine... amada primero, detestada después... al principio, el éxito de la película logró que si no habías visto la película, no eras nadie... pero a las pocas semanas, haberla visto te convertía en un paria... ¡cosas del éxito!
La cuestión es que... Titanic vuelve a las salas de cine unos días antes de que se cumplan cien años del desafortunado hundimiento... una extraña forma de homenaje, que a mi me ha venido al dedo... por fin he podido ver en una sala de cine la película que me impactó de niño... y en un flamante 3D.

Sobre la película, los actores, el guión... ya está todo dicho. Para nadie es un secreto que amo, adoro y respeto enormemente a Kate Winslet (reconocida musa mía, "la chica de todos mis guiones"). Para nadie es un secreto que Leonardo DiCaprio es uno de los mejores actores del panorama de nuestro tiempo... y juntos, tanto en Titanic primero como en Revolutionary Road después, nos han emocionado de una forma que no tiene igual...
Del mismo modo, opiniones aparte, Titanic es y ha sido siempre una de las mejores películas de mi vida. Una película que durante unos años, veía cada domingo en el sofá con mi prima pequeña, Pepiña... hasta el punto de saberme cada diálogo y cada escena de memoria... podría ver la película sin verla.
Titanic ya no deja a nadie indiferente. Puede gustarte, no gustarte, o gustarte y decir que no te gusta porque ¿a quien en su sano juicio le gustaría una película como esta? De cualquier modo, ahí están los datos... la más taquillera, 11 premios Oscar... y el encumbramiento de la pareja protagonista como los mejores actores de su generación.
Y esto, es una realidad.

La experiencia de ver este hito cinematográfico en la gran pantalla, por primera vez, ha sido espectacular... una emoción sin palabras... Pero vayamos al tema que nos ocupa, las tres dimensiones de una película épica...
¿Se nota el 3D? Si, y es bastante impresionante... (ojo, que voy... luego no me digáis que os he estropeado la sorpresa...)
Descender a los restos del barco hundido, al principio de la película, es impactante... se ve, casi se toca... los peces, el polvo... Después, nos subimos al barco, y casi podemos oler a recién pintado, o la vajilla nueva, las sábanas nunca usadas... El desfile de personajes transcurre ante nosotros y nos da ganas de levantarnos y caminar entre ellos, hablar con ellos...
Rose decide acabar con su vida, se sube a la barandilla, se inclina... y vemos el mar, tan a lo lejos, tan profundo, que incluso sentimos un poco de vértigo... pero ahí está Jack, emotivo, curioso, sencillo... y la salva. Y surge el amor.
El paso a las tres dimensiones está muy bien logrado, se nota la mano del todopoderoso y avatariano James Cameron en ello. Es impresionante al principio, y sin duda el hundimiento se vive más de este modo, con el agua golpeándote la cara, la angustia en tremenda... pero en el tiempo que transcurre desde el suicidio fallido hasta que el barco choca, es totalmente prescindible... porque el drama de la historia te absorbe hasta olvidar que estás con las gafas puestas...
Sin embargo, por esos momentos de espectacularidad, merece mucho la pena revivir la tragedia y el romance...

Si tú saltas yo salto, ¿recuerdas?
Saltemos.

2 comentarios:

Diana dijo...

me ha encantado este articulo damian, de los mejores que has escrito!

Damián F. Maceira dijo...

Ohhhh !!!
Mil gracias, Diana... =)
Sabes lo que significa para mi... verdad??
=)