18 de septiembre de 2009

Hoscos inspectores, femmes fatales y miedos.

Ayer quise escribir durante varias horas. He seleccionado una serie de concursos literarios en los que quiero participar y debía dedicar el día a crear algunos relatos que encajasen en las características requeridas. Cuando uno va a participar en uno de estos concursos debe cumplir unas normas: entre quince y treinta páginas, novela negra. .
Sin embargo el día de ayer resultó vacío. Ni una idea, ni un relato. Solo una convicción: no soy ni seré nunca autor de novela negra. No sirvo para ello, aún teniendo un breve manual sobre cómo abordar este tipo de novelas.
Me encantan las novelas negras. Policíacas, se entiende. Crímenes por resolver, asesinos que encontrar y personajes tan extraños como absurdos. Inspectores amargados, mujeres fatales vestidas de rojo. Siempre me han atraído esos personajes, son atractivos aún sin serlo. Inspectores con gabardina y sombrero, prostitutas con ajustados modelos que dejan muy poco a la imaginación… y sobre todo, esos crímenes evidentes cuyo final resulta siempre sorprendente.
He ahí mi problema.
Intenté escribir una novela negra. Tenía el argumento básico, algunos personajes cuya psicología resultaba interesante, con un pasado turbio que debía desarrollarse en la novela. Pero me falta el olfato necesario para el juego de pistas. Solo logré crear un circuito simple en el que resultaba demasiado evidente el resultado final.
Una tarjeta con un mensaje en el bolsillo de la chaqueta de un muerto desataba la acción. Siempre sucede de este modo. A mi mente acude una escena y a partir de ahí debo desarrollar la historia y responder todas las preguntas. Es fácil en el caso de un drama, pero en la novela de investigación, de crímenes… yo no tengo la sabiduría necesaria, es muy complicado.
Ni siquiera tengo claro que desee escribir este tipo de novelas. Soy bueno con el drama, incluso con el terror. Escribo novelas para niños, novela fantástica… ¿por qué no puedo conformarme con eso? Bastantes palos toco ya, ¿no es cierto?
Por eso hoy, un día nublado, lluvioso, me centraré en Clarisa y su gran drama. Ya le he encontrado marido y su historia sigue perfilándose día tras día. Ya conozco su final. Está todo prácticamente atado. Solo falta… escribirlo del modo correcto. Y sin embargo, a pesar de la satisfacción por el trabajo bien echo, me da un poco de miedo desarrollar esta historia. Quizás sea porque muy en el fondo soy consciente de que Clarisa no es más que una proyección ligeramente alterada de mi esencia. Tal vez me aterra desnudarme de este modo ante los posibles futuros lectores. Sin embargo, miedos aparte, nunca he deseado con tanta fuerza dejarme la piel sobre el folio blanco. Nunca antes había sentido el deseo incesante de derramar la tinta de mis venas. Porque, sí, en esta novela se derramará parte de lo que soy. Otra cosa es que alguien pueda vislumbrar la delgada línea que separa la realidad de la ficción.

1 comentario:

Diana dijo...

yo creo que puedes escribir cualkier tema. lo digo pq enlazas todos los temas muy bien y no son faciles de adivinar, hay que tener mucha cabeza y creo que tu la tienes ( a diferencia de mi,jeje)