7 de febrero de 2009

La Amistad (04/02/09) y el Cumpleaños de Lydia (Hoy)

Escrito el 4 de febrero de 2009
AMISTAD


Durante casi veintitrés años me había preguntado el verdadero significado de la palabra amistad. Durante todo ese tiempo, había imaginado los sentimientos y las reacciones que la amistad provocaría en mí. Incluso durante algún tiempo llegué a sentir una pobre imitación de la amistad, hacia personas que ni me respetaban ni me querían con la fuerza suficiente.
Reconozco que he tenido muchos compañeros en mi vida. Compañeros de clase, de la banda, de las carreras iniciadas… Eran (y aún son) personas con las que convivía durante muchas horas al día, o a la semana. En ciertos periodos, incluso pasaba días completos con ellos. No negaré que disfruto en cierto sentido con sus conversaciones. Sus bromas y sus sonrisas me ayudan a superar algunos momentos de crisis. Pero ahí se detiene todo. Una vez termina el día, cuando la obligación se desvanece con el último rayo del sol del atardecer, todos esos sentimientos y emociones, esas satisfacciones y sonrisas, se apagan. Cae la noche y me siento terriblemente solo, invisible a ojos de aquellos que me hicieron sentir vivo durante unas horas.
Lamentablemente, no es eso lo que yo entiendo por amistad.
A algunas de esas personas las conozco desde hace muchísimos años (más de diez, incluso más de quince años). Se diría que el roce hace el cariño, que mil conversaciones superficiales crean una serie de vínculos que por fuerza, deben provocar la confianza suficiente para compartir secretos. Después de tanto tiempo, una copa de vez en cuando, o una sesión de cine, son complementos indispensables en una amistad verdadera.
¿Y si estas cosas no suceden? ¿Y si la “amistad” se limita a ciertos momentos, en contadas situaciones? Entonces, la amistad pierde todo significado.
Volviendo al planteamiento inicial, tras veintitrés años de búsquedas infructuosas, había renunciado a la posibilidad de experimentar en carne propia los efectos de la amistad. Después de visionar cientos de películas, de leer decenas de libros… en los que se insiste en el valor moral y psicológico de un amigo, me había resignado a la soledad más absoluta. Estaba acostumbrado a ser totalmente independiente y ajeno a esas cosas. No me enorgullecía de ello y en la intimidad lamentaba esa carencia, pero de cara al mundo era un chico tímido, cerrado en sí mismo, incapaz de sufrir por esas nimiedades.
Una tarde del mes de marzo, no obstante, llegué a la facultad y me senté a la puerta de un aula, sin tener muy claro si era aquella la puerta correcta. Entonces me fijé en un chico de gafas, alto, que estaba leyendo algún libro, o alguna especie de documento. Dudé varios minutos si interrumpirle para averiguar si estaba en el lugar correcto, o si debía buscar otra puerta. Luego de un montón de pensamientos absurdos, me acerqué a él y le pregunté.
Aquel día, se inició el mecanismo por el cual conocí a las tres personas que hoy considero no solo amigos y amigas, sino hermanos y hermanas. Almas gemelas. Él era Sebas, mi buen amigo siciliano. Él me presentó a Diana, la cinéfila empedernida, quien días más tarde nos presentó a Lydia, fan de Poe y Lovecraft como yo.
En apenas un año (con parón de verano, exámenes… lo cual limita el tiempo a apenas seis meses) son personas muy importantes para mí. Con ellos mantengo interesantísimas conversaciones que se extienden durante horas, que se me antojan segundos. Con ellos he compartido cenas e intensas fiestas de larga duración y contenido inconfesable. He descubierto que en el mundo no estoy solo, que hay personas como yo, que me aceptan sin problemas y que, sobre todo, cuentan conmigo.
En seis meses me he atrevido a enseñarles la parte más oculto de mi ser, que es mi trabajo como escritor, intocable para el resto del planeta. En ellos confía, porque ellos son sinceros (su virtud J) y se que ellos valoran cada palabra que escribo. Me lo han demostrado día tras día, ante tazas de café o extrañas infusiones (que saben todas igual, por otra parte). Y cada día que pasa y no les veo, cuando se suceden los días sin que exista una nueva reunión, me siento triste y apagado, como si me faltase algo.
Me doy cuenta que durante casi veintitrés años he estado incompleto. Ahora, soy una persona mejor, completa.

Post Scriptum: esta reflexión está dedicada a ellos, mis tres ángeles de la guarda, los Primeros Lectores. A ellos les entregué antes que a nadie la puerta a ese mundo que guardo con celo. Ellos han entrado a un rincón de mi mente que nadie más conoce. Por ellos soy feliz. Diana, Lydia, Sebas… OS QUIERO!!!!!!!!!!!
(aunque cuando leáis esto, me sentiré un poco avergonzado por declararlo así, abiertamente).

Escrito el 7 de febrero de 2009
FELICIDADES, LYDIA!

Hoy mi buena amiga Lydia (de la que hablé ya en la nota del día 4) cumple 22 años, muy bien cumplidos. Y quiero desearle, desde aquí, un muy ¡Feliz Cumpleaños!
Insistiendo en lo dicho del día 4 (post: amistad) creo que el día en que me acerqué a Sebas para preguntar por el aula de religiones fue el mejor día de mi vida, porque algo tan simple desembocó en la formación de este grupo de cuatro, que hoy día sois lo más especial (junto a mi pequeña ahijada, que es mi vida).
Espero que este día llegue cargado de felicidad y buenos regalos. Y que de aquí al 7 de febrero de 2010, pases de ser feliz a tocar el cielo con las manos. ¡¡¡¡FELICIDADES!!!!
(había buscado alguna frase de Poe para los cumpleaños pero no encontré ninguna…)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me ha gustado el articulo, lo mejor es que los dobles sentidos los pillo todos,jeje.
gracias por molestarte en escribir el articulo

Diana dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=8B-kt4KgV9c