5 de septiembre de 2011

Polvo al polvo


... porque en aquel lugar para otros lúgubre, todo es silencio y reposo. Allí nada importa, pues el tiempo se ha detenido para cuantos allí moran, inmersos en un sueño que no encuentra su final, que no es sueño, sino muerte. 
Allí soy quien soy, desnudo aún con las ropas puestas. Allí nadie juzga mis gafas de pasta, ese grano que ha aparecido bajo el ojo izquierdo, o los kilos de más que se han adherido a mi estómago y que se resisten a desaparecer. Allí no importa mi estupidez, mi timidez o mis ilusas ilusiones. 
Supongo que al estar muertos, poco les importan las banalidades absurdas de una vida que ha terminado, que en sus mentes muertas no caben tristezas ni miedos, ni vergüenzas y autoestimas hundidas y por los suelos. Sus almas inmortales han superado cada una de las pruebas del mundo carnal y viven, muertas, pero libres.
En el recogimiento de un bosque de cruces, entre lápidas frías y cirios quemados, encuentro una paz hasta entonces desconocida. ¿Y qué más da quien sea? ¿Acaso importa la desilusión?
Aquí solía deprimirme, pues en el ambiente se percibe la humedad de las lágrimas, derramadas por aquellos que han perdido a un ser querido. No saben que no lo han perdido, que aquí siguen, olvidados a veces, añorados en otras. Que la muerte no es un final, sino un paso mas en un camino oscuro y solitario. Nacemos solos y solos moriremos. El polvo al polvo.
Contemplo desde mi ventana un campo de hierba seca humedecido por las lluvias de la noche, y un sol avergonzado que arranca destellos en las gotas que, como diamantes, se esconden aquí y allá entre el follaje de un árbol lejano. En otro tiempo, cualquier otro día, una imagen como esta me arrancaría una sonrisa, maravillado por su belleza. Pero hoy, mi mente cuajada de muerte y oscuridad, tras un sueño agitado por temibles pesadillas...

Y la decepción que no tiene final, sino páginas y páginas de bazofias mal escritas. Eso es mi vida. Una decepción tras otra, una desilusión que continúa el círculo vicioso del dolor. Y yo, preguntando a solas y escondido la razón de todo esto, si es que existe alguna, pues a veces pienso que tal vez mi vida ha perdido toda razón. A veces imagino qué pasaría si soltase el hilo que me ata al mundo y comenzase a volar dando bandazos, zozobrante barco sin rumbo aparente en un mar de aguas turbias bajo un cielo velado por la niebla fría y el triste llanto de las nubes negras.
Me duele el alma. Me sangra el corazón. Y por momentos pienso que, pobre de mí, ya no fluye tinta en mis venas. Entonces siento una máscara sobre mi piel, y en esa máscara de olvidos hay algo que me quema y abrasa el rostro, desfigurando mis facciones en una mueca de desprecios y tristezas, de dolor.
Entonces me siento una farsa. Y eso contribuye a que todo parezca peor, a que las cosas sencillas se tornen complejas fórmulas indescifrables. Todo el mundo vive hasta la muerte... y sin embargo yo creo haber muerto antes de haber tenido vida.

En la tranquilidad reposada de un cementerio cualquiera me siento mejor que en cualquier otro lado. Allí nada importa, allí no hay juicios ni comentarios. No importan la piel ni la forma, ni el físico ni las ropas, ni las palabras ni los sentimientos. Pues allí solo hay el reposo de la muerte... y el silencio.

2 comentarios:

Diana dijo...

yo no considero que tu vida sea decepcion tras otra, sino todo lo contrario. un chico con gran corazon y con talento. deberias estar orgulloso, hay mucha gente que no tiene ninguna de esas dos cosas

Damián F. Maceira dijo...

Jo. Siempre me haces subir la moral con tus comentarios. Tu eres así también. Y me siento muy afortunado de tenerte en mi vida :)