9 de septiembre de 2011

¡Oh, amor!

¡Oh, amor!
Qué difícil de mirar, el sol cuando refleja, arrancando destellos de los cabellos dorados de aquel hermoso caballero que fuera dueño de mis amores. Qué delicado aroma, el jardín que mi hogar rodea. Pétalos de rosa y azahar en el colchón mullido de mi alcoba, esencia de vainilla y fresa en el agua que limpia mi cuerpo, violetas en tu cabello y un perfume que no identifico pero que huele a ti.
Bribón te llamaría si fueses mío. Y aún sin serlo no podría, pues pasión me recorre la venas tan solo con pensar en ti.
¡Oh, tú!
Eres hombre misterioso, de magnetismo y dulzura. Azúcar derretido y miel, en los labios que no me besan. En tus ojos, despistados, brilla la chispa de la misma vida y siento, tan solo con recordarlos, que vive en mí una llama imperecedera.
De tus dedos varoniles brotaron polvos de pura magia, te creí brujo siendo yo tu embrujado, por ello danzamos bajo una luna invisible, que era llena aún sin serlo. Nos rodeaba el halo de los secretos, nos mecía el viento de la fortuna, acariciándonos desnudos en la desnuda piedra donde clavada estaba la espada virgen de aquel destino que no conozco, pero que es mío y tuyo, nuestro.
¡Oh, amor!
Es tu voz la sonata de un romance sin final. Es tu canto el clarín de mis desvelos, trompetas de plata en mis oídos cada vez que escucho tus palabras.  Tu voz, la música que me relaja, que me procura la paz del alma y la tranquilidad de los sentidos. Tu voz que me habla en sueños, que me susurra entre los violines de una balada cantada en la noche fresca y el día agotado por la luz de un sol emergente. Tú, quien susurra entre la espuma de una playa perdida en el paraíso mismo de la vida.
El romance de un trovador se torna narración de mis desvelos. Él, que cantare estrofas de gran belleza ante reyes, condes y duquesas. Él, que narrara los sentimientos de mil amantes desvelados por el infortunio de sus amores... Su cuerpo tiempo ha, fenecido. Su alma, inmortal, susurrando romances a oídos de quienes aman, de los que no puedan amar. De los que ansían, sin efecto. Cupido de afiladas flechas que hallara mi corazón baldío y mi fortaleza en horas bajas, que me prendó con sus promesas de una vida feliz y un tesoro perdido en mis manos.
Perderme podría en la fuerza de tus brazos, acurrucado en tu torso de héroe, besado por tus labios de barba vestidos, ahogarme en tu mirada y sentirme afortunado por sentir muy cerca la virilidad del hombre que me hace suyo en la noche fría, que me hace suyo sin tocarme y al hacerlo, me arrastra consigo al mismo cielo. Sobrevolaría el mundo hasta la más alta cumbre, abandonaría cuanto soy por llevarte conmigo a la más desierta de las islas. Allí, sobre la arena mojada y bajo el rey de los cielos, desnudos nuestros cuerpos bañados por la creciente marea, sería tuyo como tú eres mío. Y al terminar la hazaña de amarse en secreto te ornaría con rosas vírgenes y de beber, te daría los jugos inmortales de cuanto es.
Me llamaron romántico cuando soñé con ser tuyo, que tú eras mío. Me llamaron romántico cuando compré una rosa de vil belleza, y una botella de vino para regar tu cuerpo con perfume y jugo de Dioses.
Me llamaron romántico cuando, en la flor de mi secreto, clamé a los vientos el amor que por ti sentía. Y por ti, nadie más que tú, salir al mundo con la cabeza bien alta y las manos trémulas, sabiendo que el romance se deshace como el hielo bajo el sol, se desvirtúa como el humo en la brisa salada del mar.
¡Oh, amor!
Podría susurrarte palabras que carecen de sentido, preñadas por el sentimiento más antiguo. Escrito en un cielo de estrellas cautivo, tu nombre me guía y me pierde.
Y en las noches sin luna ni estrellas, cuando podría vencerme la desidia de no verte, de no saberte, amor... me refugio en el recuerdo y pienso, que tal vez será posible que tú, amor, me encuentres al fin, desnudo sobre mi cama, y entres en mí sin secretos ni mentiras... y por fin, unidos en un solo cuerpo, podamos vivir del romance y las sonatas de un trovador de apagada voz y ancho corazón de oro.
Vivir sin amar, no es vida. Y yo, te amo, amor. Te amo.

2 comentarios:

Diana dijo...

preciosa imagen y por supuesto precioso texto

Damián F. Maceira dijo...

Gracias Diana... ya sabes que con tus palabras de musa consigues animarme e inspirarme.
Tal vez quieras consultar este blog de nuevo mañana o lunes... algo se está escribiendo poco a poco... :)