3 de mayo de 2011

Carta desde el agotamiento

Son los claroscuros de una vida que se tuerce.
(Imagen: Laura Imagination)
Qué fácil es para muchos abrir la boca y soltar bazofia por ella, palabras absurdas y afiladas como cuchillos. Qué fácil, decir las cosas sin pensarlas, sin meditar en el significado que se oculta en ellas. O, lo que es peor... haciéndolo y aún así, decirlas, lanzarlas al viento.
Flechas envenenadas, afilados puñales, cuya diana no es otra que el corazón de los que escuchan, o el alma de aquellos sobre los que se habla, de aquellos a los que no se menciona, pero que ahí están, a merced del veneno.
Qué fácil es hablar de aquello que se desconoce. Qué sencillo convertir en burla cualquier diferencia. Hacer que una sonrisa se transforme en una lágrima. Una sola lágrima, tan amarga, que podría contaminar de oscuridad y locura un océano entero.
Y a veces, de vez en cuando, esa lágrima desborda un vaso muy lleno. Y la paciencia se agota. Y allí donde hubo silencio nacen los gritos, y las consecuencias desconocidas recaen sobre el mundo.

Estoy cansado. Agotado.
No quiero ser victimista, no pienso derramar una sola lágrima, no pienso quejarme, ni emprender absurdas venganzas. No pienso seguir siendo lo que he sido, ni pienso dejar de ser lo que soy.
Estoy harto de ser lo que he sido y ocultar en un armario con llave lo que soy.
Quien quiera, que me entienda.

Se acabó ser el muñeco de barro que se resquebraja cada día, estoy cansado de unir las piezas una y otra vez, de fingir que no me importa, de sentir que no siento nada, de vivir sin vida.
Estoy cansado de hacer el ridículo. De las bromas supuestamente bien intencionadas que se clavan en el alma, de palabras carentes de sentido que hieren como el hierro incandescente. Agotado de pedir perdón por cada uno de los delitos que, dicen, he cometido sólo por existir, sólo por ser quien soy.
Y como estoy harto, como no puedo más, como rozo la locura con la yema de los dedos y oscuros pensamientos me recorren las venas amargadas y llenas de salitre y polvo, estallo. Y en vez de gritar, llorar y patalear prefiero escribirlo. Y dejarlo aquí, donde aquellos que debieran leerlo no lo leerán. Donde los cobardes nunca se atreverán a entrar, donde los idiotas no tienen cabida, donde soy quien soy, en mi reino, en mi casa y mi hogar...
Donde nada importa, excepto yo.
Llegó la hora, Damián. El momento de ser egoísta, de callar bocas, de abrir las puertas y salir del armario, de sentirme vivo, de correr y ser libre... de amar y ser amado por aquellos que aman, odiado por los que odian...
El vaso se ha desbordado. El agua se funde con el océano. Y yo pienso empezar a vivir... sin miedo.
Estoy agotado. Pero estoy a tiempo de reposar, tomar fuerzas... y volar.

1 comentario:

Andrés dijo...

Ánimo Mr. Writer; como te escribía una vez "Saca lo mejor de ti, se valiente y la fuerza acudirá en tu ayuda" [Goethe].

Sabes que no estás solo y te esperan cosas maravillosas, de verdad. Besos mi eterno-amigo!