29 de junio de 2009

El Amanecer

Hace mucho tiempo, tal vez en otra vida, yo era un joven adolescente increíble y patéticamente romántico. Ansiaba sentir ese amor profundo de las películas y los libros, ese cosquilleo en el estómago… anhelaba las cenas a la luz de las velas, los largos paseos por el parque, las sesiones de cine, los largos y melosos besos…
En ese tiempo lejano, solía sentarme en el alféizar de la ventana para contemplar las estrellas y la luna, y siempre que al día siguiente no hubiese clases ni nada que hacer, me relajaba y esperaba la llegada del amanecer.
Dios mío, hace mucho tiempo que no lo hago. La sociedad, la vida frenética y los problemas más mundanos han erradicado de mi ser ese romanticismo idealista. Ya no busco un amor espectacular, no pretendo un futuro de cenas con velas ni paseos ni besos… vale, besos sí. Pero no soy tan estúpido y soy consciente de que hoy por hoy, las cosas funcionan de un modo diferente.
Debo corregirme: era consciente de que las cosas funcionaban de forma distinta. Porque (ya no es un secreto… aunque siga siendo secreto) las cosas han cambiado en los últimos… ¿años? No, quizás meses. Años no.
¡Me desvío del tema! En realidad pretendía escribir un artículo metafórico y perfecto sobre el amanecer tras la noche oscura y siniestra de la decepción. Porque he renacido de mis cenizas, como el fénix, para seguir adelante y aprender de mis errores.
Pero como un estúpido y patético romántico, se me llenan los ojos de amor, de mis labios se desprenden palabras de romanticismo y todo mi cuerpo vibra por el deseo.
Ala, ahora voy a escribir algo más serio. Algo de sangre, un poco de asesinatos, un algo de sexo… y a otra cosa.
Sí, sigo siendo un cobarde. Pero un cobarde irremediable y románticamente prendado… del amor.

1 comentario:

Diana dijo...

no es ser cobarde damian, te lo aseguro