14 de enero de 2013

Cambios

Hubo un tiempo en el que nadie hablaba de él, porque él era tan solo la sombra de lo que debería ser. Nadie le criticaba, porque vivía a merced de los deseos de los demás. Obediente, sin personalidad propia. Ausente, avergonzado de ser quien era, lo que era, y cómo era. Simplemente, un fantasma.
Entonces, algo cambió. Y él decidió vivir su vida, siguiendo sus propias normas. Dejó de fingir que la vida no le importaba y desde entonces, asumió las riendas de su propio mundo, para luchar por sus propios deseos. Comenzó a vivir.
Aquellos que lo rodeaban, se extrañaron ante tal cambio. Al principio fingieron alegría. Le dijeron que merecía ser feliz. Luego, no obstante, las cosas cambiaron. La alegría fingida dio paso a los reproches y la hipocresía se desmoronó ante sus ojos asombrados.
¿Por qué? Simplemente porque hasta entonces, había estado ahí para todos ellos, sin dudarlo, cambiando cualquiera de sus planes en favor de las necesidades de los demás. Pero no volvió a hacerlo, y cuando todos habían asumido que era simplemente una marioneta de plastilina que podían moldear y manejar a su antojo, él cortó sus cuerdas y se liberó...
Siempre había estado por y para los demás. Ahora está por y para sí mismo. Egoísta, dirán algunos. Pero él sabe la verdad.
Que nadie (o casi nadie) merece el sacrificio de su propia vida. Le pese a quien le pese.

Algo había comenzado a cambiar.

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