26 de noviembre de 2009

No se lo digas a nadie (2)

Lee la primera parte: 19 de junio de 2009
He vivido de tu imagen durante meses. He adorado el amor que siento durante más de un año. Ahora sin embargo ha llegado el momento del adiós, la hora de la despedida.
Porque ya no puedo más.
Te amo con toda la fuerza de mi alma y por ti, solamente por ti, estoy dispuesto a renunciar a lo que soy, a lo que digo, a lo que pienso. Por ti, solo por ti, dejaría toda mi vida. Si me lo pides, lo haré. Pero tú continúas igual que siempre, siendo feliz en la ignorancia de que hay alguien en el mundo que te ama por encima de todas las cosas. Y yo sigo siendo un cobarde, un idiota.
Me he dado cuenta de que amarte es como sufrir un calvario. Saberte cerca y no poder mirarte con libertad… Sigo soñando contigo y por eso, no quiero despertarme por la mañana, porque en el mundo de la noche eres mío y yo soy tuyo.
¡Te amo tanto!
Pero es un amor, tú lo sabes, secreto.
Hace unos días pude mirarte en silencio. ¿Sabías que te miraba? No lo sé, aunque supongo que sí. Tú me miraste también. Varias veces se cruzaron nuestras miradas en la noche. O tal vez no fuera así, porque quizás tú mirabas a otra persona. ¿Cuál es la verdad?
La cuestión es que tuve mucho tiempo para pensar en lo que siento. Me he dado cuenta de que jamás (ni siquiera mi primer amor) he tenido un sentimiento de esta intensidad. Quiero mirarte durante horas, deleitándome en tu belleza. Quiero besarte el mentón, las mejillas, los ojos, la nariz, los labios. Recorrer tu piel con mis manos, acariciándote y grabando en mi piel el calor de la tuya.
Tal vez decir tu nombre me libere de esta carga. ¿Lo digo? No puedo. Aunque quiero.
He tenido la oportunidad de conocer la realidad, de ver con claridad todo esto que me está pasando. He tenido una conversación ebria, en la que pude averiguar quién eres en realidad, si sabes que existo, si me deseas tanto como yo a ti. Pero no he podido hacerlo. Me falta confianza. Tengo tanto miedo… querría hablar de ti con alguien, con ese alguien con quien ya he hablado a medias, sin nombres, con misterio. Podría caer el velo que nos separa, o convertirse en un muro de piedra infranqueable.
¿Por qué callé? ¿Por qué me detuve cuando estaba a punto de decir tu nombre? Podría estar contigo u obligándome a olvidarte. Podría saberlo todo. Podría…
Ahora debo decirte adiós. Soy demasiado cobarde para hablarte, para decirte lo que siento y preguntar lo que necesito saber. Soy demasiado débil para sobrevivir a este amor que siento. Lo único que se me ocurre es huir, alejarme de ti cuanto pueda al menos durante un tiempo. ¿Cómo hacerlo, si la mitad de mi vida está en relación directa con la mitad de tu vida?
Quisiera mudarme, irme lejos, a otro país incluso. A un lugar donde nada me recuerde a ti. Pero tú estás presente en las mañanas, en las tardes te recuerdo y contigo sueño en las noches. Y de ese modo crece mi deseo y el amor que siento se hace más fuerte.
Te veo y me duele el cuerpo entero, me duele hasta el alma porque todas mis fuerzas debo centrarlas en no gritar tu nombre a lo cuatro vientos…
Por eso, amor, debo decirte adiós. Olvidarme de ti. No volveré a mirarte, no debería volver a hacerlo… pero soy débil
Y te quiero.

1 comentario:

Don dijo...

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