26 de abril de 2010

Alice…


A veces, soy capaz de creer seis cosas imposibles antes de desayunar”.
Con la magia del siempre genial Tim Burton, “Alicia en el País de las Maravillas” es un entretenimiento que merece la pena ver en la pantalla grande. Adaptación del libro “Alicia a través del espejo”, nos muestra a una Alicia más crecidita (19 años, creo recordar) que regresa al País de las Maravillas.
En su periplo por ese mundo, encuentra personajes de lo más variopinto entre los que destacan los dos “gorditos”, excepcionales… hasta que se toma el té con el Sombrerero Loco (genial, como siempre, Johnny Depp) y otros personajes reconocibles como la Liebre de Marzo. La Reina Blanca (una Anne Hathaway medio loca) y la Reina Roja (cabezona y malvada Helena Bonham Carter) complementan un casting impresionante, en el que los actores se rinden a la fantasía de una historia inmoral.
Entre mil críticas negativas, asistí a ver la película entre la emoción de reencontrarme con Burton y el miedo a que todas esas opiniones catastróficas se viesen cumplidas. Debo decir que no me ha decepcionado en absoluto. Como película (y más allá de adaptar un libro que no he leído y, por tanto, desconozco si ha acertado o no) es redonda, estupenda. Me he reído, he sentido inquietud, pena, alegría… e incluso algún arranque de aplauso que reprimí.
Ver la película en 3D es una opción. La he visto en 3D y lo cierto es que no vale demasiado la pena. En contadas escenas resulta impresionantemente bueno (la caída por el agujero, con relojes y otros objetos cayendo hacia la cámara) pero en la mayor parte del metraje apenas se perciben cambios, quizás un poco de profundidad añadida pero nada espectacular. También es cierto que no soy yo un gran partidario de esta tecnología “llamada a revolucionar el mundo del cine”.
Pero vamos, un peliculón.
Una última cosilla… ¿En que se parecen un cuervo y un escritorio?

21 de abril de 2010

“Conxurando” coloquios.

Desde que comencé mi carrera como escritor, siempre había querido adentrarme en el complejo mundo de los niños. Ahora he cumplido este deseo con la creación de “Conxurando Historias”, un blog (escrito en gallego) en el que tiene especial protagonismo la literatura infantil y juvenil. Por ahora está muy vacío, pero se irá llenando de cuentos y fantasía poco a poco. A través del blog (y también a través de esta misma página) puedes acceder ya a la información sobre el coloquio “El trabajo del escritor”, enmarcado en el programa Letras Vivas de la Xunta de Galicia.
Como ya has podido comprobar, el blog cuenta con una nueva imagen. Más actual y, en mi opinión, más brillante que la anterior, simplemente supone un cambio en el formato y el fondo. El contenido seguirá siendo el mismo.

14 de abril de 2010

Mesa de trabajo. Coloquio.


En el “Jacobus”, parece que sobrevuelen las partículas de la creatividad y la concentración. Cuando me siento en una de sus mesas y me dispongo a escribir, parece que los problemas se solucionan solos, que las palabras surgen sin pensarlo. Es una buena sensación. Al “Jacobus” tendré que dedicarle un libro, o, al menos, nombrarlo en los agradecimientos. ¿Qué tendrán sus cafés, sus batidos, sus infusiones y sus chocolates? Están deliciosos. Y bebiéndolos, he escrito grandes escenas en esta aventura de ampliar una novela.
Pero no son solo sus bebidas. Es el ambiente, tan especial. La madera, las vitrinas, la música…

Cambiando de tema… ayer propuse una actividad enmarcada en el programa “Letras Vivas” de la Xunta de Galicia. Bajo el título “O Traballo de Escritor”, es una charla-coloquio, destinada al público infantil y juvenil, sobre el trabajo necesario para llevar a buen puerto un libro. La idea es mostrar al público que la escritura es divertida, a pesar de los quebraderos de cabeza que causa en ciertos momentos y animar a los más jóvenes a tomar papel y lápiz, y escribir sus propias historias.
Aunque está pendiente de su aprobación, espero que todo salga bien porque tengo el programa casi terminado. También estoy preparando otras actividades para presentar, tales como lecturas dramatizadas (muchas ideas tengo para ello), obradoiros de escritura… siempre dirigidos a los más pequeños.

¡Os mantendré informados!

13 de abril de 2010

Tazas de café y bibliotecas

Terminada la esquematización de la novela, con todos los añadidos que deseo hacer, y tras una ardua y exhaustiva investigación del contexto histórico en el que se desenvuelven los acontecimientos del Hombre Muerto, ¡ha comenzado oficialmente la reescritura! Me siento cómodo volviendo a escribirlo todo. Más cómodo de lo que esperaba. Cuando en la editorial me propusieron aumentar la historia, creí que no sería capaz, que terminaría abandonando, porque en aquel momento, la historia del hombre muerto ya estaba completa. Funcionaba tal cuál estaba —aunque los pocos que la habían leído ya me habían insinuado que les gustaría saber más— y personalmente, estaba satisfecho. Sin embargo, una vez me puse las pilas y comencé a crear, me he dado cuenta de que es ahora cuando la historia comienza a ser redonda. Los añadidos —que se han vuelto imprescindibles para completar los perfiles de ciertos personajes— y una ambientación más definida en cuando a lugar y tiempo, sacan brillo a un conjunto hasta ahora apagado. ¡Y todavía falta un pequeño detalle! Pero ese detalle, aunque no imprescindible pero sí deseable, está en manos del maestro.
La reescritura de la novela se sucede en varios sitios, según mi estado de ánimo, la paciencia o el bullicio. Por una parte, obviamente, escribo en casa, en mi escritorio, con el ordenador bien cerca para consultar la información que tengo sobre la época. Muchas páginas están impregnadas por el olor del café o el té verde de mi cafetería predilecta. En sus mesas, lejos de distraerme con la gente y el barullo, me siento más despierto y animado. Quizás un efecto de la cafeína, o el secreto sentimiento de formar parte de ese grupo de escritores que se sienten ante una taza de café y dejan que sus bolígrafos se paseen libremente por los papeles vacíos. El tercer lugar —que en realidad son dos— es la biblioteca. Dos bibliotecas. La pública de Santiago, donde suelo perderme a menudo en busca de libros, enciclopedias y diccionarios varios… y el excepcional e histórico ambiente de la biblioteca de Historia de la universidad. En ambos edificios encuentro inspiración en la cultura que me rodea. Me gusta especialmente la biblioteca de Historia, por su antigüedad que me ayuda a entrar en materia… pero la biblioteca pública es un entorno donde se dan cita lectores y estudiantes de diversa índole.

7 de abril de 2010

En Edimburgo sucedió una vez…

… que de su tumba un hombre salió. En una noche oscura, a la luz de la segunda luna llena de un frío mes, entre el otoño y el invierno.
La cuestión ahora es: ¿dónde se hallaba su tumba?

Desde que, en un alarde investigador, encontré la ubicación perfecta para la novela, “Historia del Hombre Muerto” va sobre ruedas. Si continúo con este ritmo de trabajo, en pocos días estará ampliada y re-escrita… camino de la editorial.
No recuerdo si ya lo he contado…
En el primer planteamiento de la historia, la acción transcurría en el Londres decimonónico. Así ha sido hasta hace bien poco. ¿Acaso alguien duda del encanto de esa ciudad en ese tiempo? El problema principal de la idea es que, hay que reconocerlo, está muy manido. ¡Cuántas novelas y películas transcurren en el Londres del siglo XIX!
Sin embargo, hace unas semanas una editorial se mostró interesada en la novela, pero les parecía demasiado breve… por lo que me proponen ampliarla un poco. No tengo muy claro cuánto más esperan, pero trabajando en la historia calculo que llegaré a los 150 folios… si no llego a superarlos.
Es entonces, mientras estudio la historia de nuevo, mientras profundizo en los personajes y sus pasados más oscuros, cuando encontré sin quererlo el lugar más idóneo, la ubicación perfecta, el ambiente que más concuerda con toda la novela.
Ese lugar, no podía ser de otra forma, es Edimburgo.
Siempre he sentido una profunda atracción por Escocia. Al igual que mi Galicia natal, las tierras escocesas —y en general, las Islas Británicas— están llenas de mitología y leyenda. El rey Arturo, los leprechaun, el monstruo del Lago Ness…. Son solo algunos ejemplos ilustrativos. Basta una breve investigación para darse cuenta de que en estas islas, cualquier cosa es posible.
En un intento por huir de los tópicos londinenses de las novelas de misterio y terror decimonónicas, utilicé un conocido buscador para localizar algunos “cementerios embrujados y de leyenda”. ¿El primero que me gustó y me llamó la atención? Greyfriars, en Edimburgo.
Cualquiera que conozca lo mínimo del argumento de la novela, viendo la imagen que acompaña este artículo, encontrará evidentes similitudes entre el cementerio real y el que yo había creado (y situado en Londres). Para los que no conozcan el argumento, baste decir que la historia gira entorno a un escritor y su “vida más allá de la muerte”.
Que la novela transcurrirá en Edimburgo es seguro —aunque el plan, en principio, es no decirlo en ningún momento, simplemente describir la ciudad, mencionar el castillo, la vista desde el cementerio… que cualquiera pueda saber que se trata de Edimburgo, sin nombrar dicha ciudad- Tengo la certeza, casi al cien por cien, de que el cementerio donde reposa mi protagonista es Greyfriars… pero, en un intento por conocer la ciudad por la que se pasearán mis personajes, entablando cibernéticas conversaciones con escoceses de pura cepa y españoles residentes en Edimburgo, encontré un segundo cementerio, tan hermoso y misterioso como éste: Old Calton.
En palabras de un amigo español que vive allí, Old Calton es más tenebroso en la noche, con la niebla… y es mucho más literario que el otro. Sin embargo, no acaba de convencerme. Quizás todas las casualidades que unen Greyfriars con la historia, todas las leyendas que he leído sobre ese cementerio… y el relieve que ilustra el artículo, me llaman más que cualquier otra cosa.

En Edimburgo sucedió una vez que un hombre salió de su tumba, y, en una fría y neblinosa noche, su pasado escrutó. Desconozco en qué cementerio sucede la acción. Pero conozco a la perfección la ciudad en que se encuentra su tumba.
Y esa ciudad, como ya he dicho, será Edimburgo.

6 de abril de 2010

Más cerca. Más lejos.

Ha sido una larga Semana Santa, en la que han sucedido tantas cosas...
Todas ellas, las buenas y las malas, hacen que uno vea con mayor claridad un destino que, aún estando lejano, resulta cada vez más apetecible.
Durante estos días de “descanso y reflexión” me he sentido inútil, solo, abandonado, triste, melancólico, prescindible, y, sobre todo, invisible. Durante esta semana los lazos que me unían a un lugar y un tiempo, hasta ahora irrompibles, se han quebrado. Y si nada te retiene, nada te impide avanzar.
No todo se ha perdido. Algunas cosas —debería decir, tal vez, personas— siguen uniéndome al lugar en el que me encuentro. Sentimientos. Uno de ellos, el principal, es un amor en forma de niña. El otro, un amor diferente, más pasional, más físico. Hay amistades, contadas pero inmejorables amistades que me retienen, que me ayudan, que me susurran palabras de aliento. Aún en tiempos de sequía emocional, todos ellos están ahí. Algunos en espíritu, otros en cuerpo. Otros, en el mundo de los sueños.
Y sin embargo, siento que existe otra realidad. Y cada día pienso que mi destino me aguarda en otro lugar, en otro país.
Lejos.
No sé dónde. Ni sé si llegaré a descubrir ese destino… pero las ganas de hacerlo, las ganas de guardar mi vida en una maleta y largarme en su búsqueda, crecen con la caída del sol. Porque en mitad de la noche, cuando guardo mi máscara y me despojo de la armadura de hielo que cubre mi corazón, es cuando la vulnerabilidad de quien se sabe olvidado amenaza con ahogarme.
Estos días me he sentido mal. Muchos se han molestado en mostrarme que no valgo una mierda. Que no importo.
El problema es que sigo siendo el chiquillo asustado que se escondía en la biblioteca. El problema es que sigo siendo el estúpido a quien le afectan las opiniones de los demás. El problema es que aún no he madurado.
Quizás el deseo de irme no sea sino una forma de huir. Pero huyendo, de eso estoy completamente seguro, encontraré la libertad.
Y por eso estoy cada día más cerca… pero cada día, irremediablemente, estoy también más lejos…