La ampliación de la novela se está convirtiendo en una odisea… y más que eso, en una verdadera obsesión.
Desde que recibiera el correo electrónico de la editorial, no puedo pensar en otra cosa. Apenas duermo de noche, porque tengo la mente tan llena de posibilidades, de frases, de pasados, de novedades… que al cerrar los ojos me invade la oscuridad de Vincent y siento el irrefrenable deseo de sentarme a escribir. Y es lo que termino haciendo.
Mi vida se está reduciendo, casi exclusivamente, a terminar esta ampliación. Y aunque la cosa va sobre ruedas —cuando me lo propusieron, la verdad, temía enfrentarme a una historia que ya había dado por cerrada, porque pensé que jamás podría añadir nuevas escenas—, empiezo a resentirme. ¡Estoy tan cansado! Agotado. Estos días, solo puedo dormir cuando estoy al límite, al borde de la locura.
Así que he decidido refugiarme, en estas vacaciones de Semana Santa, en la cripta de mi buen amigo Vincent. Lo cierto es que se está muy bien en su compañía, porque él me susurra su historia. Y poco a poco, el personaje adquiere profundidad. Para los pocos que habéis leído la novela, os gustará saber que, en esta nueva versión, vamos a descubrir qué tortura la mente del escritor… o esa es mi intención, porque luego la imaginación vuela y me encuentro con un resultado diferente a lo esperado, pero siempre mejor.
La reescritura de la novela también es una excusa para “corregir” pequeños fallos que encontré mientras planeaba el guión para cine. No son fallos que cambien la historia, o que resulten chocantes, sino pequeños errores de argumento.
Y sí, es más que probable que la protagonista de la historia —vosotros y solo vosotros sabéis a quién me refiero— tome la importancia que se merece…
La reescritura, o ampliación, de una novela ya escrita es un trabajo de equilibrio. Los 76 folios que componen la versión original tienen un estilo, una ambientación muy definida… y los añadidos y correcciones en los que trabajo ahora deben encajar a la perfección. Nadie debería saber cuáles son las partes nuevas. Es difícil, no obstante, porque algunos cambios romperán el ritmo creciente de la historia… pero considero que todos ellos son imprescindibles.
Como ya apunté en su momento, la reescritura me permite profundizar más en la naturaleza del mundo que rodea a los personajes, y en sus propias almas. Vincent, el escritor torturado y mísero, por fin nos desvela algunos de los secretos que guarda en su alma. Del mismo modo, algunas preguntas que quedaban en el aire en la primera versión —muchas de ellas no tenían respuesta porque así debía ser— encontrarán su respuesta en la versión larga.
Y el final, ese final que conquistó a muchos y que a mi no llegó a convencerme nunca, es muy posible que cambie.
En definitiva: la Semana Santa se presenta intensa creativamente. El incordio de las procesiones —odio ser músico en estas fechas, porque no me gustan nada las procesiones— se acentúa en este año porque interrumpirá irremediablemente mi ritmo de trabajo. Pero hasta el viernes, que comienzan para nosotros, estaré implicado al 100% en la historia del hombre muerto.
Felices vacaciones.
30 de marzo de 2010
25 de marzo de 2010
Ampliando la "Historia..."
Ayer, recibí la respuesta de una importante editorial de nuestro país. Hace unos meses les envié una copia de “Historia del Hombre Muerto” y la larga espera llegó a su fin.
Desde la editorial me dicen que la opinión vertida es “muy positiva” pero que la novela es “desestimada por su brevedad”. No obstante, y aquí llega lo fuerte, dejan la puerta abierta, si estoy dispuesto a ampliarla un poco.
Reconozco que “Historia…” es muy breve, apenas 70 folios a doble espacio… y mentiría si dijese que no he pensado, últimamente, en ampliarla. En verdad, desde que estoy preparando el guión para cine, he encontrado muchas posibilidades muy interesantes, que redondean más la historia. Estoy barajando la aparición de personajes nuevos (que mostrarán otras facetas del protagonista), pero una de las posibilidades que más me atraen —y que resulta más compleja, también— es dar más protagonismo a una secundaria que me tiene conquistado… Mi Comité de Lectores sabrá de quien hablo.
En definitiva… aparcada temporalmente la adaptación cinematográfica, desde hoy mismo estoy enfrascado en esa ampliación de una novela que me está regalando momentos de emoción y alegría desde que llegó a mi mente.
El reto: superar los cien folios, intentando llegar incluso a los doscientos —no cuento con ello, pero uno nunca sabe—, sin que la historia no se disuelva, sin que pierda en ningún momento su esencia. No olvidemos que “Historia del Hombre Muerto” nació en mi cabeza como un relato breve, que se convirtió en novela corta…
Vincent —así se llama el protagonista— vuelve a mi vida con mucha fuerza. Y he aquí el secreto mejor guardado: tras mis estudios de guión, quizás el personaje adquiera una mayor profundidad. Nada me impide reescribir lo que ya está escrito, ¿verdad?
A ello me pongo desde ya. ¡Os mantendré informados!
P.S. Mantendré el secreto sobre la editorial… ya he contado suficiente, y uno nunca debe hablar demasiado de sus proyectos… Ahora bien, en cuanto la respuesta sea afirmativa y segura, tendréis aquí todos los detalles… ¡Cruzad los dedos!
P.S.2. Hay nuevos gadgets en las columnas de este blog. Fíjate: la nube de etiquetas (estoy etiquetando poco a poco los más de cien artículos publicados hasta el momento), la sección de breves (ya disponible desde hace unos días) y el último añadido: la agenda del autor, donde colgaré las fechas importantes de mi carrera como escritor y como músico.
Desde la editorial me dicen que la opinión vertida es “muy positiva” pero que la novela es “desestimada por su brevedad”. No obstante, y aquí llega lo fuerte, dejan la puerta abierta, si estoy dispuesto a ampliarla un poco.
Reconozco que “Historia…” es muy breve, apenas 70 folios a doble espacio… y mentiría si dijese que no he pensado, últimamente, en ampliarla. En verdad, desde que estoy preparando el guión para cine, he encontrado muchas posibilidades muy interesantes, que redondean más la historia. Estoy barajando la aparición de personajes nuevos (que mostrarán otras facetas del protagonista), pero una de las posibilidades que más me atraen —y que resulta más compleja, también— es dar más protagonismo a una secundaria que me tiene conquistado… Mi Comité de Lectores sabrá de quien hablo.
En definitiva… aparcada temporalmente la adaptación cinematográfica, desde hoy mismo estoy enfrascado en esa ampliación de una novela que me está regalando momentos de emoción y alegría desde que llegó a mi mente.
El reto: superar los cien folios, intentando llegar incluso a los doscientos —no cuento con ello, pero uno nunca sabe—, sin que la historia no se disuelva, sin que pierda en ningún momento su esencia. No olvidemos que “Historia del Hombre Muerto” nació en mi cabeza como un relato breve, que se convirtió en novela corta…
Vincent —así se llama el protagonista— vuelve a mi vida con mucha fuerza. Y he aquí el secreto mejor guardado: tras mis estudios de guión, quizás el personaje adquiera una mayor profundidad. Nada me impide reescribir lo que ya está escrito, ¿verdad?
A ello me pongo desde ya. ¡Os mantendré informados!
P.S. Mantendré el secreto sobre la editorial… ya he contado suficiente, y uno nunca debe hablar demasiado de sus proyectos… Ahora bien, en cuanto la respuesta sea afirmativa y segura, tendréis aquí todos los detalles… ¡Cruzad los dedos!
P.S.2. Hay nuevos gadgets en las columnas de este blog. Fíjate: la nube de etiquetas (estoy etiquetando poco a poco los más de cien artículos publicados hasta el momento), la sección de breves (ya disponible desde hace unos días) y el último añadido: la agenda del autor, donde colgaré las fechas importantes de mi carrera como escritor y como músico.
22 de marzo de 2010
Los hombres que miraban fijamente a las cabras
¡Delirante! Es la palabra que mejor describe la última película que he visto en cines, acompañado por mi primo Iván.
Aunque entré con desconfianza —no me tiraba mucho el título, traducido literalmente del inglés por una vez— debo reconocer que me lo pasé genial en la hora y media que dura. ¡No dan tiempo a respirar entre carcajada y carcajada! La película —con acontecimientos “más verídicos de lo que parecen”—, está protagonizada por un graciosísimo George Clooney en el papel de un miembro del Ejército de la Nueva Tierra. No quiero desvelar demasiado del argumento, así que lo dejo ahí. A su lado, el oscarizado —este mismo año— Jeff Bridges y un Ewan McGregor que, a mi entender, se confirma como excelente cómico. ¡Ningún cinéfilo que se precie debería perderse los guiños que rodean a su personaje y al actor en sí, realmente galácticos!
La curiosidad, relacionada conmigo y no con la película: entré en la sala convencido de que era una película de los Coen —vayaustéasaberporqué— y no descubrí mi error hasta los títulos de crédito. Pero… ha valido la pena.
Yo cambiaría el final… y cuando todos la hayáis visto, os diré por qué.
Muchos la han calificado como “poco convencional, aunque se cree más graciosa de lo que realmente es”. Si somos especialmente duros con ella, lo cierto es que en ciertas escenas cae en la risa fácil. Pero lo absurdo del conjunto hace que la comicidad resulte llevadera. Recuerdo que en algún momento pensé “¡vaya fantasmada!” ante ciertos chistes, explicaciones e incluso, conversaciones completas. Pero la película en sí es un producto para la diversión, que muy enterrado bajo la sonrisa, guarda un mensaje no del todo claro.
Yo la recomiendo. Como guionista —el guión está bien atado… exceptuando ese final que no termina de redondear el pastel— y como cinéfilo. Pasaréis un buen rato.
15 de marzo de 2010
¡Solo sueños!
En mis sueños apareciste, ángel de amor, llenándome de una felicidad que creía inalcanzable. Me entregaste su cuerpo, su alma y su corazón. Ante mí dejaste al ser que me enloquece, cuya simple imagen me hace vibrar. En sueños, ángel de amor, me hiciste feliz.
En la más oscura noche, donde la luz más brillante se apaga, me despojé de la cobardía y la vergüenza y, puro, me entregué al amor carnal y el deseo irrefrenable de ser por siempre suyo. Creyéndome feliz, soñé.
La mañana me devolvió a la realidad. Su luz, fría y melancólica, me despertó a bofetones. Se ha ido, ángel de amor. No, no se ha ido, pues jamás se tumbó a mi lado. Jamás besé sus párpados cerrados, o acaricié su cabello sedoso.
Pues la vida que creí feliz, era un sueño.
Y en la mañana, esa terrible mañana de marzo, la vertiginosa y cruda realidad cayó sobre mis hombros y supe, de algún modo inexplicable, que dicha felicidad jamás sería mía. Porque no busca lo que yo busco, ni quiere lo que yo quiero.
¡Oh, ángel de amor! Si en esta noche aciaga decides tomar partido en sus sueños, susúrrale mis sentimientos y dile, aunque no quiera escucharte, cuánto amor late en mi pecho. Si te cuelas en su sueño, muéstrale mi imagen y dile, ángel de amor, que soy suyo.
Y que pronto, muy pronto, lo sabrá.
¡Vaya, si lo sabrá!
Pues mi mente, torturada por la cobardía y flagelada por el miedo, comienza a afilar sus armas. Porque estoy cansado de perder, de rendirme antes de llegar al terreno de juego. He bajado la bandera blanca y, en estos momentos, se iza en mi barco la tela negra con calavera y huesos.
¡Qué digo! Me puede la locura.
No me hagáis caso. El sueño escurridizo provoca esta verborrea sin sentido. O tal vez, persiguiendo al sueño esquivo, he alcanzado la mayor lucidez. Quién sabe.
Algo se, sin embargo.
Que te quiero.
Nada más que eso.
Nada menos.
Que te quiero.
En la más oscura noche, donde la luz más brillante se apaga, me despojé de la cobardía y la vergüenza y, puro, me entregué al amor carnal y el deseo irrefrenable de ser por siempre suyo. Creyéndome feliz, soñé.
La mañana me devolvió a la realidad. Su luz, fría y melancólica, me despertó a bofetones. Se ha ido, ángel de amor. No, no se ha ido, pues jamás se tumbó a mi lado. Jamás besé sus párpados cerrados, o acaricié su cabello sedoso.
Pues la vida que creí feliz, era un sueño.
Y en la mañana, esa terrible mañana de marzo, la vertiginosa y cruda realidad cayó sobre mis hombros y supe, de algún modo inexplicable, que dicha felicidad jamás sería mía. Porque no busca lo que yo busco, ni quiere lo que yo quiero.
¡Oh, ángel de amor! Si en esta noche aciaga decides tomar partido en sus sueños, susúrrale mis sentimientos y dile, aunque no quiera escucharte, cuánto amor late en mi pecho. Si te cuelas en su sueño, muéstrale mi imagen y dile, ángel de amor, que soy suyo.
Y que pronto, muy pronto, lo sabrá.
¡Vaya, si lo sabrá!
Pues mi mente, torturada por la cobardía y flagelada por el miedo, comienza a afilar sus armas. Porque estoy cansado de perder, de rendirme antes de llegar al terreno de juego. He bajado la bandera blanca y, en estos momentos, se iza en mi barco la tela negra con calavera y huesos.
¡Qué digo! Me puede la locura.
No me hagáis caso. El sueño escurridizo provoca esta verborrea sin sentido. O tal vez, persiguiendo al sueño esquivo, he alcanzado la mayor lucidez. Quién sabe.
Algo se, sin embargo.
Que te quiero.
Nada más que eso.
Nada menos.
Que te quiero.
10 de marzo de 2010
Creaciones en silencio.
He dejado atrás el bullicio del café y las mesas con ceniceros y servilletas.
El silencio es mi amigo en estos momentos. Ahora me refugio en las bibliotecas y allí, planeo con sumo cuidado ese guión que me abrirá —vamos a ser positivos— las puertas de un mundo nuevo. El hombre muerto ha tomado posesión de mi vida y, aún cuando mi diseñadora de producción y yo no encontremos un actor que de la talla —o que pueda encajar en el perfil del personaje, porque actores extraordinarios los hay, pero… en fin—, la película va tomando forma poco a poco.
No quiero decir demasiado. Dicen que hablar de un proyecto que está en el aire trae mala suerte, y yo ya he largado demasiado. Pero la cosa va bien. Mejor que bien. Cada día estoy más convencido de su viabilidad y los problemas de argumento se solucionan solos.
Como ya dije anteriormente —léase “el difícil arte de la adaptación”— hay escenas y personajes que en una novela parecen importantes e, incluso, imprescindibles. Sin embargo, en la dinámica del cine, la perspectiva es diferente y sobran muchas cosas, mientras otras han de ser ampliadas, cambiadas o añadidas. Y en ello estoy.
¿Publicaré dentro de unos meses artículos sobre la experiencia de rodaje de una película? Estoy preparado. Y soy positivo. Es posible y lo se. Sigamos adelante.
El silencio es mi amigo en estos momentos. Ahora me refugio en las bibliotecas y allí, planeo con sumo cuidado ese guión que me abrirá —vamos a ser positivos— las puertas de un mundo nuevo. El hombre muerto ha tomado posesión de mi vida y, aún cuando mi diseñadora de producción y yo no encontremos un actor que de la talla —o que pueda encajar en el perfil del personaje, porque actores extraordinarios los hay, pero… en fin—, la película va tomando forma poco a poco.
No quiero decir demasiado. Dicen que hablar de un proyecto que está en el aire trae mala suerte, y yo ya he largado demasiado. Pero la cosa va bien. Mejor que bien. Cada día estoy más convencido de su viabilidad y los problemas de argumento se solucionan solos.
Como ya dije anteriormente —léase “el difícil arte de la adaptación”— hay escenas y personajes que en una novela parecen importantes e, incluso, imprescindibles. Sin embargo, en la dinámica del cine, la perspectiva es diferente y sobran muchas cosas, mientras otras han de ser ampliadas, cambiadas o añadidas. Y en ello estoy.
¿Publicaré dentro de unos meses artículos sobre la experiencia de rodaje de una película? Estoy preparado. Y soy positivo. Es posible y lo se. Sigamos adelante.
8 de marzo de 2010
82nd Oscar Night
Kathryn Bigelow y su "Tierra Hostil" vencen al gigante azul. La directora, primera mujer en ganar el Oscar a la Mejor Dirección. La película se lleva seis premios frente a los tres de "Avatar", la gran favorita. No hubo sorpresas en las demás categorías...
La larga espera llegó a su fin… y la 82 gala de entrega de los Oscar ya es historia. Ahora toca repasar ganadores, comparar quinielas y sobre todo, comenzar a prepararse para la próxima. ¡Que lejana queda!
La gala, con un comienzo tan sorprendente como desconcertante —número musical de Neil Patrick Harris, conductor de los Tony—, no me defraudó en absoluto. Los dos presentadores —Steve Martin y Alec Baldwin— estuvieron a la altura. No era fácil abrir la gala comentando con ironía las ¡diez! películas nominadas. Pero consiguieron meterse con todos. Geniales con las gafas 3D, o con las intensas miradas dedicadas a George Clooney.
La sucesión de premios comenzó con la inevitable Penélope Cruz entregando el Oscar al mejor secundario que cayó en manos del alemán Christoph Waltz, por su papel en la película Inglorious Basterds. Ella inició la retaíla de “and the winner is…” que substituyó durante casi toda la gala al ya clásico —y más correcto— “and the Oscar goes to…”, fórmula que solo mantuvieron la excepcionalmente atractiva Kate Winslet —¿se nota que es mi tentación y mi musa?— y Sean Penn, los mejores actores del año anterior.
La gala, que por lo que he visto se ha hecho larga y aburrida, sin ritmo, para la gran mayoría de los periodistas, al menos en nuestro país, a mí se me hizo corta. Aunque sí ha sido más larga que el año anterior. Sigo sin comprender todas esas críticas a la duración o lo aburrido de los discursos… veamos, señores: es una entrega de premios. En eso consisten. Y para la mayoría de los que trasnochamos —son las 10.22 de la mañana y todavía no me he acostado— la duración es un plus. ¡Queremos más gala! Así que dejen de protestar ya.
La gala se sucedió entre menciones a familiares y emotivos discursos llenos de lágrimas —ambas cosas, “prohibidas” por la organización—. Quizás ello, sumado a un excesivo cronometraje de los discursos, ralentizó un poco la gala. No nos engañemos, todos quieren decir lo que tienen que decir, y acortando el tiempo lo hacen, pero sin añadir chascarrillos o salirse de lo habitual. Si queremos una gala entretenida, quizás habría que añadir espectáculo en vez de restar, cada año, algo nuevo. Si seguimos así, en poco tiempo la gala se limitará a una sobria lectura de los ganadores. Y por ahí no paso.
Volviendo a los premiados… la supuesta lucha entre “Avatar” y “En Tierra Hostil” se saldó con el triunfo de ésta última, para regocijo del que les escribe. No es ningún secreto que la película de los bichejos azules no es de mi agrado, y mucho me temía que la gala sería una sucesión de galardones para ellos. Pero la película de Kathryn Bigelow (primera directora con Oscar) se llevó la mayor parte de los galardones, incluyendo los dos grandes premios: Película y el ya mencionado a su directora. Seis premios se llevó la cinta bélica, frente a los tres de la gran revolución digital. ¿Una indirecta de la academia al comercialismo avatareño?
No hubo sorpresas en los premios de interpretación. Cumplidos todos los pronósticos (Mo’nique, Jeff Bridges, Christoph Waltz), cabe destacar ese extrañísimo Oscar a Sandra Bullock, quien curiosamente, se llevó hace nada el de peor actriz… No deja de ser gracioso. Sin embargo, este premio confirma que la academia no tiene demasiado en cuenta los patinazos del pasado. Si tuviesen en cuenta todos los papeles de un actor, la Bullock no tendría ni siquiera la nominación… pero ahí está, con su premio bajo el brazo y tan contenta. Yo quería que se lo llevara la grandísima Meryl Streep, que va siendo hora de que recoja la tercera estatuilla tras su récord de nominaciones (y como apunto uno de los presentadores, también de derrotas).
Hubo premio con sabor hispano (“El secreto de sus ojos”) pero no pudo ser para el cortometraje. Y tampoco, obvio, para la Cruz.
Cerrando el círculo, “Up” sumó dos galardones —película de animación y banda sonora—. De vacío se fueron, entre otras, “Up in the Air” o “Nine”.
Hablando de la alfombra roja… aunque los focos de España se dirigieron a una Penélope Cruz desafortunadamente peinada y vestida… mis favoritas fueron, en ese orden: Kate Winslet (impresionante), Cameron Díaz y Meryl Streep… si bien es cierto que no he visto a la mayor parte de las estrellas.
En definitiva: una noche inolvidable, con sabor a poco. Ahora comienza la cuenta atrás para 83 edición… nos queda por delante un año todavía, pero con la compañía de los grandes estrenos y unas cuantas visitas a las salas de cine, tal vez la espera —larga espera— se nos haga un poquito más corta.
Y quien sabe…
7 de marzo de 2010
Oscar Night
¡Ha llegado la gran cita! Creo que, a estas alturas, nadie desconoce la profunda admiración y emoción que siento en estas horas previas a la gran noche de los Oscar...
Ya está todo preparado en Los Ángeles. La Alfombra Roja se ha desplegado, las enormes estatuas has sido colocadas... ya solo faltan las estrellas.
Este año -como dice mi amiga Diana- los Oscar son dobles: dos presentadores, diez películas nominadas... ¡Haber qué sale de tantos cambios!
Yo ya me he preparado. Lo tengo todo listo para conectar, a las 00:30 con Canal+ (no es que me guste, pero es el único medio de que dispongo para seguir la gala). Espero que no se convierta, como siempre, en un monográfico sobre Penélope Cruz...
¡En fin! Que mañana por la tarde colgaré un amplio artículo sobre esta noche tan especial. Ganadores, perdedores y, mucho mucho Oscar.
Ya está todo preparado en Los Ángeles. La Alfombra Roja se ha desplegado, las enormes estatuas has sido colocadas... ya solo faltan las estrellas.
Este año -como dice mi amiga Diana- los Oscar son dobles: dos presentadores, diez películas nominadas... ¡Haber qué sale de tantos cambios!
Yo ya me he preparado. Lo tengo todo listo para conectar, a las 00:30 con Canal+ (no es que me guste, pero es el único medio de que dispongo para seguir la gala). Espero que no se convierta, como siempre, en un monográfico sobre Penélope Cruz...
¡En fin! Que mañana por la tarde colgaré un amplio artículo sobre esta noche tan especial. Ganadores, perdedores y, mucho mucho Oscar.
4 de marzo de 2010
La necesidad de un café…
¿Cuántas veces habré criticado yo esa obsesión del escritor por las ruidosas cafeterías? ¿Cuántas veces he pensado que un escritor, en un lugar tan concurrido, solo pretende llamar la atención? Sí, eso pensaba. Ahora se me echarán encima todos los escritores del mundo adictos al café…
Y sin embargo, ahora soy yo el que necesita café, café y más café.
Es el líquido de la inspiración. Y no solo eso. El trabajo del escritor —ya sea narrador o guionista, que ahí estoy yo, entre las dos aguas— se caracteriza por la soledad de un proceso largo. Desde que escribimos la primera palabra hasta que nos damos por satisfechos con la última corrección, a menudo preferimos resguardarnos del ojo público, evitamos hablar de ello, podría decirse incluso que nos escondemos.
Yo no.
Es la verdad, no quiero presumir de ser diferente, no lo soy, me suceden las mismas cosas que a los demás miles de escritores del mundo.
Yo no suelo pasarme semanas encerrado en casa, escribiendo una obra de arte o un churro descomunal. Yo prefiero reunirme con mi “comité de sabios” en la cafetería de siempre y, entre críticas a películas y confesiones secretas, tal vez hablar un rato —o toda una tarde— de los proyectos que manejo en las horas que dedico a diario a la escritura.
Antes no era así. Hace como tres años, tal vez más —no lo recuerdo… el tiempo pasa tan rápido—, apenas hablaba de lo que escribía. Con nadie. Es posible que nadie me tomase en serio, que las respuestas ante cualquier comentario respecto de mi nueva novela o mi última ocurrencia literaria, fuesen condescendientes, irónicas e incluso inexistentes. Era así. Nadie se tomaba en serio que el chico tímido quisiese ser escritor.
Entonces encontré a mis tres almas gemelas, las tres personas que no solo se han tomado la molestia de leer prácticamente cada palabra de lo que he escrito, sino que me han ofrecido intensas conversaciones sobre los puntos positivos y los negativos de cada trabajo. Jamás olvidaré la conversación mantenida con Diana, durante más de tres horas, con la novela encima de la mesa. Me sentí emocionado, extasiado porque alguien, al fin, me tomase en serio.
Quizás por eso, porque con tazas de café —o infusiones— delante he obtenido cierto nivel de reconocimiento, al menos en el micro-mundo de la amistad, por lo que he empezado a cogerle el gusto a las cafeterías. Y no por presumir de lo que escribo, o por llamar la atención, ni por sentirme menos solo en la inevitable soledad del escritor. Me gusta mimetizarme con la pared, sentirme en el centro de la nada más bulliciosa. Y entre sorbo y sorbo, plasmar algunas ideas en un papel.
Nunca escribo en las cafeterías. Es decir, no me siento a redactar en serio las historias, solo esbozo escenas, anoto ideas, creo personajes, incluso corrijo textos ya escritos o esquematizo mis próximos proyectos. Ahora, por ejemplo, cuando voy a las cafeterías y estoy solo, divido mi novela en escenas para luego, con calma, crear el guión perfecto. En casa, en la soledad y el silencio, es cuando me pongo en serio y escribo de verdad.
Hay muchas cafeterías, pero solo en una vibran la inspiración y la creatividad, solo en una siento el caluroso y refrescante influjo de las musas. ¿Debo decir en cuál? Es mi secreto. Nuestro secreto. Nada más.
P. S: Gracias por tantas y tantas tazas de café.
2 de marzo de 2010
El difícil arte de la adaptación.
Ya no es un secreto —no para aquellos que siguen este blog con asiduidad, al menos— que en mi carrera como escritor se están produciendo cambios que me llevan de la novela al cine. Ayer os contaba que mi preparación está tocando techo, que ha llegado el momento de tomar las armas —de escritura— y comenzar a caminar en este nuevo mundo. El primer proyecto que manejo, como guionista, es la adaptación de mi última novela: “Historia del Hombre Muerto”. Es lo más sencillo, ¿no creéis? La historia ya está escrita, las escenas han sido colocadas… y solo resta traducir el lenguaje literario a lenguaje visual.
Además, aunque escrita originalmente en prosa y a modo de novela… lo cierto es que esta historia siempre ha tenido una gran carga cinematográfica. Conocidos actores se pasean por sus páginas… aunque en esta versión cinematográfica la cosa se complica y, los que a priori eran perfectos sobre el papel, ahora no me resultan especialmente atractivos en pantalla. Es igual. ¿Acaso puedo soñar con que Nicole Kidman o Johnny Depp acepten un papel en mi posible película? ¿O que el maestro Tim Burton quiera dirigirla? Todo es posible y yo, que vivo de fantasías, me permito soñar con las cumbres más altas. Pero siendo realistas…
Lo que parecía un camino sencillo, un primer proyecto que podría terminar en semanas, se está convirtiendo en realidad en un trabajo extenuante, lleno de callejones sin salida y problemas varios de argumento. Nadie dijo que sería fácil…
La adaptación cinematográfica de una novela previamente escrita no es tan sencillo como uno podría pensar. Nos jactamos de que lo es y, cuando alguien se atreve a trasladar un libro a la gran pantalla —léase, por ejemplo, “Harry Potter”—, se nos llena la boca con críticas, lamentando los cambios, las omisiones o los añadidos que el sufrido guionista haya realizado.
Cuando uno se ve en la boca del lobo, tiende a comprender todas esas cosas que antes criticaba. Y yo, lo reconozco, he criticado a Steve Kloves —guionista de la saga del niño mago— como el que más. ¡Lo siento, compañero!
En mi caso juego con cierta ventaja. Muy pocas personas han tenido acceso a la novela y, estoy casi seguro, ninguno de ellos va a hacer demasiada sangre del guión. Se van a producir muchos cambios, algunos previsibles —nada de regueros blancos, y aquí tan solo ellos podrán comprender a qué me refiero—, otros inevitables y otros, simplemente, por el lujo de la reescritura.
Esta ventaja, sin embargo, mengua ante una dificultad añadida: ser el autor de la novela. Ello me permite escribir un guión más profundo; nadie conoce a mis personajes como yo, nadie sabe qué es lo verdaderamente importante, lo prescindible. Sin embargo, a ningún otro guionista le temblaría el pulso agitando su afilada pluma para cortar, cambiar o añadir. Pongamos un ejemplo: desde que tengo claro que la novela se transformará en un guión, he cortado la cabeza de un personaje que, sobre el papel era importante pero, en la pantalla, ese papel puede interpretarlo cualquier otro. He aceptado su desaparición y, sin embargo, todavía reservo dudas por ello. Todavía lamento no mostrarle al mundo.
Hoy me encuentro en pleno desglose de escenas, dividiendo la novela en pequeños cuadros que luego, se transformarán en el guión. Es un trabajo difícil. Exige disciplina y mano dura, no puede temblarme el pulso ante el sufrimiento por todas las variaciones que se producen. Y al mismo tiempo, no puedo evitar sentirme inmensamente dichoso y la sonrisa apenas se borra de mis labios mientras me dedico a ello. Porque he vuelto a ese mundo que, creí en su momento, ya estaba cerrado. Vuelvo a pasearme por la cripta, por el deprimente piso del escritor… vuelvo a sentir el olor a quemado, a cera derretida, a papiro húmedo y polvoriento…
Y en plena crisis creativa, cuando el pozo de las ideas parecía agotado, vuelvo a ser yo. Ahora lo he comprendido. Necesitaba cerrar el círculo. “Historia del Hombre Muerto” había nacido con una clara vocación cinematográfica. Ahora, esa simple idea comienza a transformarse en realidad. Y esto es solo el primer paso en el largo y sinuoso camino del papel a la pantalla. Pero estoy preparado para recorrerlo.
1 de marzo de 2010
La nueva dimensión…
Uno cree que ya está todo inventado, que existen unos caminos trazados que todos debemos seguir. Y lo más importante: una vez elegido un camino, resulta complicado salirse de él, no digamos cambiar de uno a otro sobre la marcha. No hablo de la vida. O tal vez sí. De una parte de la vida, al menos de la mía: la escritura.
Existen en el mundo de la escritura creativa varios “senderos” en los que uno puede moverse con libertad y comodidad. Uno puede escribir literatura en prosa, para adultos o para jóvenes. O dedicarse a la poesía y crear bellas rimas. Incluso existe la posibilidad de crear canciones. Y por supuesto, uno puede dejarse seducir por el brillo de los focos y crear guiones, que serán transformados en películas.
Obviamente, cada escritor puede elegir uno solo de esos caminos, o muchos de ellos. Incluso puede haber algún aventurero que decida tocar todos los palos. Eso es valentía y arrojo, que nadie lo dude.
Sin embargo se da un hecho cuando un escritor decide cambiar su rumbo: parece que el mundo deja de tomarle en serio. El novelista metido a poeta, el poeta transformado en guionista, en músico o en dramaturgo. Cualquiera de ellos puede perder el respeto y el privilegio de la admiración. Su pedestal tiembla bajo la influyente mirada de un público que debe acomodarse a la nueva faceta del autor…
Mi carrera toma una nueva —y quién sabe si definitiva— dimensión. El cine, ese arte lleno de grandes estrellas, focos y alfombras rojas, pero más importante que ello, cuajado de historias llenas de emoción, me ha conquistado.
Mi preparación —por libre, nada de academias— para la escritura de guiones ha llegado a un punto culminante en el que, para seguir aprendiendo, no basta con sentarse y observar. Ahora he de subirme a la moto y caerme cien veces para lograr avanzar cien metros. ¡Y qué cien metros!
He estudiado diversos libros, escritos por auténticos maestros en el sutil arte de la escritura de cine. No me he limitado a leer libros sobre el guión, sino que he aprendido a ver el cine con otros ojos, conozco a los diferentes profesionales que trabajan en él… incluso podría lanzarme a la dirección de mi propio proyecto, si se diese el caso —y si tuviese un ápice del valor suficiente para hacerlo—. He leído pero, más que eso, he estudiado y memorizado los consejos, los trucos, las diferencias de géneros y estilos…
Podría decir, sin temor a equivocarme, que en mis venas ya no corre tinta —o al menos, ya no sólo hay tinta en ellas—. Ahora, también hay celuloide.
Celuloide y tinta en las venas, y estrellas en el firmamento de este sueño.
Quizás muchos piensen: “Éste es un flipado, ya no era difícil publicar un libro, que ahora se pone más piedras en el camino dirigiendo su mirada al complejo mundo del cine”. Mi mayor temor es la razón que tienen pero, alguien me dijo no hace mucho, la positividad llama a lo positivo. Yo sé que puedo. Es posible. Complicado, no voy a negarlo, pero posible.
No, no pienso dejar de escribir novelas. Sigo en ello. Es muy probable que jamás deje de escribirlas. Incluso escribiría novelas que luego, adaptaría yo mismo a la gran pantalla. O tal vez, en un futuro, la novela se me quede corta, o me resulte más sencillo expresar las historias en el increíble arte de la gran pantalla.
Pero eso es correr demasiado rápido hacia el futuro incierto. Hoy es hoy… mañana, quién sabe.
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