29 de septiembre de 2009

Ver el mundo con una nueva luz

¿Son el éxito y la reafirmación las claves de la felicidad? Hoy creo que sí, lo son. Porque del éxito general de los últimos días emergen sentimientos que tenía olvidados desde hacía mucho tiempo. Algo similar a la felicidad me embarga en estas horas posteriores a la reafirmación de un premio. Un premio que no es premio, sino la simple mención de “finalista”, pero que me llena de orgullo y de una alegría inmensa que me impide dormir. Desde que saliera la relación de los veinte finalistas, lo único que puedo y quiero hacer es coger bolígrafo y papel y seguir escribiendo, sin parar para comer ni dormir. Solo escribir.
Y eso hago. Tras las clases y antes de dormir, en esas horas muertas que últimamente dedicaba a ver televisión, ahora me siento ante la hoja de papel en blanco y esbozo historias, creo personajes, líneas temporales, árboles genealógicos. Las historias se complican, los personajes se desarrollan y la euforia me permite trabajar más y mejor. El triunfo llama al triunfo. Tal vez.
Ayer no pude atender la llamada de la radio. Estoy mosqueado conmigo mismo, puesto que fue culpa mía por no mirar el reloj. A la hora del programa estaba en medio de un ciber sin cobertura, maldiciendo la mala suerte. Una piedra en un camino demasiado llano. Pero eso es un hecho, supongo, porque ya ha empezado la promoción con mi nombre, dicen y comentan.
Amigos, amigas. Por primera vez en muchísimo tiempo… hoy me siento, de nuevo, escritor.

28 de septiembre de 2009

"El Pequeño Querubín", finalista del Certamen mensual de la editorial "Fergutson"

¡Acaba de salir la lista con los veinte relatos que aparecerán en el libro recopilatorio de la editorial Fergutson! Mi relato, "El Pequeño Querubín", está entre los veinte elegidos... y eso me sitúa como "finalista" del certamen. Ahora hay que esperar al próximo miércoles para saber si es el ganador, con lo que el libro llevaría este título... y yo ganaría 100 eurillos que me vendrían la mar de bien.
¡Estoy en una nube!
Por otra parte, hoy entre las 15:00 y las 16:00 horas, en Punto Radio Galicia, se realizará mi presentación como escritor oficial de relatos breves para un concurso de pregunta-respuesta... ya me explicaré mejor.
¡En fin! Un día lleno de sorpresas y alegrías. Un día de pequeños pasos hacia el definitivo cumplimiento de mis sueños...

26 de septiembre de 2009

Brevedad.

Uno de los proyectos más recientes (quizás el más excitante de todos ellos) requiere, ante todo, grandes dosis de imaginación… y muchísima brevedad. Acepté el reto sin dudarlo, seguro de que no podía ser tan difícil. Si puedo escribir más de cuatrocientas páginas sin mayores problemas, resultaba evidente que podría escribir cuatro o cinco líneas.

¡Menudo reto! Dos días de intenso trabajo me han demostrado lo difícil que es compactar una historia en pocas palabras. Es más duro que escribir mil páginas, eso seguro. Quizás la cuestión no sea la brevedad, sino la resolución final del misterio. ¿Será eso? Ya se que no comprenderéis nada de lo que estoy diciendo —al menos no por ahora, aunque algunos conozcáis ya la gran noticia— pero tranquilos, muy pronto quizás pueda dar la gran noticia… en cuanto el proyecto sea “oficial”.

La cosa es que al final, creo, le estoy pillando el truco al sistema y ya tengo cuatro breves relatos escritos, con su correspondiente enigma final. Considero que son de fácil resolución, pero ya iré complicándolo más a medida que controle la situación. Tal vez la calidad sea mejorable… pero es un comienzo y poco a poco van surgiendo nuevas ideas por lo que estoy tranquilo con respecto a eso. Y además, este proyecto me obliga a invertir más tiempo en esta pasión mía por la escritura… que quizás tenía un poco… abandonada tras los últimos palos.

He vuelto, amigos. Y con más ánimos que nunca.

24 de septiembre de 2009

De un sueño

Quizás es ésta la primera vez en mi vida en la que me siento cercano a una realidad deseada. No quiero dar detalles, no debo dar detalles, pero ese difícil parto quizás traiga un sueño bajo el brazo...
No me refiero a mi "exorcismo mental", que ya sabemos todos que lo he dejado un poco apartado por el agotamiento físico y mental que me produce su redacción. (Mi exorcismo mental es la novela protagonizada por Clarisa, ya he hablado mucho del temita).
Me refiero a otras cosas. "Proyectos" que tal vez en unos días pueda anunciar a bombo y platillo. Sueños. Realidades.
Esta noche he tenido muchos sueños.
¿Se cumplirá alguno de ellos?

¡Por cierto! Habréis comprobado, quizás, que ha cambiado la imagen del blog. También hay nuevas secciones que "sustituyen" a las anteriores (que siguen disponibles, todo hay que decirlo). Todos estos cambios, por ahora en el aire y sin contenido (si accedes a cualquiera de los blogs nuevos estarán vacíos), irán tomando forma a partir de ahora. El cambio se produce para "profesionalizar" un poco este blog, hacerlo más similar a las páginas web de escritores a los que admiro (y cuyas páginas puedes ver en los enlaces correspondientes).
Pero tranquilo, si te gusta cómo funciona este blog. Aquí seguirás viendo mis paranoias, mis sentimientos, mis temores... mis experiencias.

Las cosas continúan. ¿Habrá cambiado mi suerte de pronto? Eso espero... y ¡Punto!

23 de septiembre de 2009

Reubicando la vida

Estoy sufriendo una crisis existencial de narices. Ya no se ni quien soy, se me traban las palabras y encima, mi creatividad va cayendo en picado. Esto último es normal, porque en mi caso -no se el resto del mundo qué opinará- la creatividad oscila. Si hiciera una gráfica sería ondulante...
El caso es que tengo que dejar durante unos días, tal vez semanas, el dramón de Clarisa. La nopvela que estoy escribiendo, vamos. Esta historia me consume demasiadas fuerzas y tras cada jornada de trabajo (dedico últimamente unas cuatro horas diarias a la escritura, que son pocas) estoy agotado y deprimido. Por eso voy a aparcar temporalmente este drama. Pero lo terminaré, porque vaciar ciertos "demonios internos" en esas páginas, cargar la espalda de Clarisa con ciertas responsabilidades que son solo mías, me ayuda a seguir adelante. Aunque suene... egoísta.
Ahora estoy de nuevo con mi vertiente más juvenil, porque he descubierto un filón interesante... La editorial SM (¿Quién no ha crecido con "el barco de vapor"?) publica muchos libros de misterio/terror para jóvenes... y ahí me voy a ir metiendo yo... haber qué pasa.
Y en otro orden de cosas, he comenzado un nuevo proyecto (otro más), esta vez "televisivo". Y hasta aquí puedo leer.

18 de septiembre de 2009

Hoscos inspectores, femmes fatales y miedos.

Ayer quise escribir durante varias horas. He seleccionado una serie de concursos literarios en los que quiero participar y debía dedicar el día a crear algunos relatos que encajasen en las características requeridas. Cuando uno va a participar en uno de estos concursos debe cumplir unas normas: entre quince y treinta páginas, novela negra. .
Sin embargo el día de ayer resultó vacío. Ni una idea, ni un relato. Solo una convicción: no soy ni seré nunca autor de novela negra. No sirvo para ello, aún teniendo un breve manual sobre cómo abordar este tipo de novelas.
Me encantan las novelas negras. Policíacas, se entiende. Crímenes por resolver, asesinos que encontrar y personajes tan extraños como absurdos. Inspectores amargados, mujeres fatales vestidas de rojo. Siempre me han atraído esos personajes, son atractivos aún sin serlo. Inspectores con gabardina y sombrero, prostitutas con ajustados modelos que dejan muy poco a la imaginación… y sobre todo, esos crímenes evidentes cuyo final resulta siempre sorprendente.
He ahí mi problema.
Intenté escribir una novela negra. Tenía el argumento básico, algunos personajes cuya psicología resultaba interesante, con un pasado turbio que debía desarrollarse en la novela. Pero me falta el olfato necesario para el juego de pistas. Solo logré crear un circuito simple en el que resultaba demasiado evidente el resultado final.
Una tarjeta con un mensaje en el bolsillo de la chaqueta de un muerto desataba la acción. Siempre sucede de este modo. A mi mente acude una escena y a partir de ahí debo desarrollar la historia y responder todas las preguntas. Es fácil en el caso de un drama, pero en la novela de investigación, de crímenes… yo no tengo la sabiduría necesaria, es muy complicado.
Ni siquiera tengo claro que desee escribir este tipo de novelas. Soy bueno con el drama, incluso con el terror. Escribo novelas para niños, novela fantástica… ¿por qué no puedo conformarme con eso? Bastantes palos toco ya, ¿no es cierto?
Por eso hoy, un día nublado, lluvioso, me centraré en Clarisa y su gran drama. Ya le he encontrado marido y su historia sigue perfilándose día tras día. Ya conozco su final. Está todo prácticamente atado. Solo falta… escribirlo del modo correcto. Y sin embargo, a pesar de la satisfacción por el trabajo bien echo, me da un poco de miedo desarrollar esta historia. Quizás sea porque muy en el fondo soy consciente de que Clarisa no es más que una proyección ligeramente alterada de mi esencia. Tal vez me aterra desnudarme de este modo ante los posibles futuros lectores. Sin embargo, miedos aparte, nunca he deseado con tanta fuerza dejarme la piel sobre el folio blanco. Nunca antes había sentido el deseo incesante de derramar la tinta de mis venas. Porque, sí, en esta novela se derramará parte de lo que soy. Otra cosa es que alguien pueda vislumbrar la delgada línea que separa la realidad de la ficción.

11 de septiembre de 2009

Hablar en silencios

¡Cuántas cosas me callo, Dios mío! Son más las palabras que mueren en mi boca que las que logran salir de ella. Creo que este tema ya lo he tocado con anterioridad. Los secretos y las mentiras. Aunque no es ese el tema de hoy. Hablaremos del silencio, tan preciado para un escritor. Mi silencio.
No me gusta hablar cuando no hay nada importante que decir. Y sin embargo en este blog… aquí dejo muchas palabras de las que quizás algún día me arrepienta, pues este blog es, quizás, una ventana abierta a mi interior, ese que tan pocas personas conocen realmente… y si bien muchas de las cosas que aquí digo nadie llega nunca a comprenderlas (casi nadie, debería decir), no dejan de reflejar ciertos aspectos de mi personalidad.
Mi vida diaria se compone de silencios. En mi caso, son los silencios los que marcan la diferencia. Quizás por eso, me atrevo a pensar, hablo tanto últimamente… y no solo por escrito. En los últimos meses me he vuelto un insoportable que ha pasado de hacerse el mudo a charlatán de tres al cuarto. No he dejado de valorar el silencio pero sí empiezo a creer en la necesidad social del ser humano, en la conversación frívola, vacía. Hablar sin decir nada.
Si algún día reuniese el valor para decir todas esas cosas que debería decir… si llegase el momento de ser completamente sincero, matando los silencios llenos de significado y colocando en su sitio cada palabra…
No ha llegado por ahora y el silencio regresará muy lentamente a mi vida. Porque estoy cansado, agotado. Porque no tengo fuerzas para seguir una lucha que no me pertenece, que no me influye, que no forma parte de lo que soy, o lo que querría ser. Ayer me sentía desvalido, incapaz de dar un paso al frente. Estoy irritable, malhablado y descortés. Suelto improperios a cada segundo, en vez de callar, en vez de mantener un digno silencio. Y aún hablando, nunca llego a decir nada.
En silencio, percibo la cercanía de un final. Hay luz más allá del túnel. Hay pequeñas rendijas en las paredes de este negro pozo. Por ellas escalaré. Me caeré muchas veces, pero terminaré saliendo a la superficie y seré, al menos eso espero, un poco más feliz.En silencio. Siempre en silencio…

10 de septiembre de 2009

Un mal día

Estoy cansado, hoy me he hartado de todo. No se lo que me pasa, de verdad lo digo. Estoy muy irritable, triste y consumido por mis propios pensamientos, que son todos ellos extremadamente negativos. Necesito un descanso, unas vacaciones.
Escribiendo una novela que no encuentra su final, sobre un personaje que me refleja a la perfección: una escritores (que raro) obsesiva, perturbada, loca. Póngalo en masculino y tendrá mi retrato.
Hoy no es un buen día. Tocar en Ribadavia me ha dejado exhausto, por no hablar del entierro al que asistiré. Es triste, deprimente. Todo parece negro. Hay nubarrones que no cubren el sol, lo que es peor, porque me siento triste y solo... y sigo teniendo muchísimo calor.
Me voy a dormir. Haber si, pronto, se termina este aciago día.

7 de septiembre de 2009

Las musas

Tal vez sean las musas quienes me susurran al oído el destino de mi propio mundo. Sí, quizás sean ellas, las musas…

Seres etéreos, incorpóreos. Esencia misma del arte y la cultura. La fragilidad de un poema, la dulzura de una balada, el métrico golpear del escultor sobre la piedra. El destino de lo escrito.
Las musas me susurran historias que nadie más conoce, leyendas de ninguna parte. Ellas me presentan a personajes desgarrados, miserables, hombres muertos y mujeres desquiciadas. Con ellas vivo feliz, sin ellas, muero.
Las musas me rodean, me acarician, me susurran palabras de consuelo. Por ellas puedo escribir, con ellas puedo crear. ¿Quiénes son las musas? ¿De dónde proceden? Las veo. Son hermosas, a su manera, pues no tienen forma, ni olor. Tampoco tienen tacto. Son simplemente viento, aire, perfume a lirio y rosa, a jazmín y violeta. Es la belleza de un arco iris, el murmullo del mar, la canción de una tormenta. No tienen sexo y aún así, se me antojan mujeres, pues es la mujer la más alta esencia de la perfección. Hermosas y frágiles doncellas, fuertes y luchadoras heroínas.
Si cierro los ojos, veo a las musas danzando en un claro en el bosque, como ninfas o dríades, como hadas, como duendes. No tiene rostro y aún así, cada una es diferente y en el fondo, todas son iguales. Porque su naturaleza es la misma, porque, en esencia, son musas y nada más. Porque no existen, porque no respiran, ni hablan, ni ven. No siente, no lloran… y aún así, son curiosamente humanas, terrenales, sólidas.
Mis musas toman forma de artista, de actriz, de niña. Son las mujeres que me inspiran, aquellas que aparecen en los libros que escribo. La ganadora de un Oscar, mis mejores amigas, mi amada, siempre amada, ahijada. Ellas me hablan sin hablar, me miran con los ojos cerrados, me leen sin haber escrito nada. Distantes como rutilantes estrellas, cercanas como mi propia piel.
Pocas veces se cuelan hombres en la fantasía de las musas. Pero ellos tienen su parcela, ellos están presentes en la atmósfera. Tan cierto como la luna y el sol. Dos caras, dos sexos, dos posibilidades… y ellos son amigos, son padres y primos, son lejanos y acaudalados actores, son cercanos vecinos.
Son miradas del color más claro del cielo.
¡Oh, las musas! Las musas son la verdadera esencia de lo escrito, las que rigen el mundo que nadie más puede ver, que nadie más conoce.
¡Oh, las musas! Esquivas unas veces, cercanas otras. No importa cuando, cómo ni donde… ellas siempre me encuentran, siempre regresan a mi. Las musas son una parte de mi alma y yo soy enteramente suyo, pertenezco a las musas porque sin ellas, no puedo sobrevivir. Porque ellas me dan aliento, ellas me ofrecen el papel y la tinta, esa tinta que corre por mis venas.
Por ellas, mis musas, siento verdadero amor.

3 de septiembre de 2009

El destino de lo escrito

La vida del artista es complicada. Solitaria, en ciertos casos. Aburrida, deprimente, extenuante, agotadora… pero siempre, no importa cuándo ni cómo, no importan ni el bien ni el mal, una vida plenamente satisfactoria.
Pintores, escultores y compositores, actores y actrices, músicos, directores… y sobre todo, escritores. Todos artistas, todos diferentes. No puedo hablar por los demás, ni siquiera por los escritores a los que no conozco. Puedo hablar de mi experiencia, sin embargo, por eso estoy aquí.
Mi realidad como escritor está teñida por la soledad más infinita. A veces, incluso en medio de la multitud, estoy completamente solo, aislado en un mundo que nadie más conoce, que los demás no pueden ver, oler ni sentir. A veces sufro con mis personajes, al saber sus destinos escritos. Los personajes fluyen, crecen y llevan su vida hasta las últimas consecuencias… hay que me reprocha la cantidad de muerte y desesperación que siembro en mis escritos. No soy yo, sin embargo, quien decide esas cosas. El destino de mis personajes simplemente fluye. Un día estoy escribiendo sobre la boda de dos personajes importantes y de pronto, sin saber muy bien la razón, me doy cuenta de que ese personaje va a morir, antes o después. Es una certeza. No es una posibilidad, no es un “quizás”, es la realidad, es lo que ha de ser.
Vivo rodeado de certezas creativas, del mismo modo en que vivo rodeado de incertidumbre en todo lo personal. Pocas personas conocen al verdadero Damián. Muy pocas, en realidad. Juraría que ni siquiera en mi familia conocen todos los claroscuros de mi personalidad… porque debo ocultar mi verdadero rostro tras una máscara. Es así, tan cierto y necesario como esas muertes en apariencia estúpidas de mis novelas. Muchos me dicen que los mejores finales son los finales felices… pero es no es del todo verdad. Si salvo la vida a un personaje que debería morir… la novela, aún siendo en su naturaleza una mentira, sería una falsa mentira. Sería irreal. No sería como debe ser.
¿Quién decide el destino de lo escrito? ¿Es mi subconsciente el que marca la vida y muerte de mis personajes, del mismo modo que decide las palabras que reflejarán ese periplo? ¿O hay algo más?
Tal vez sean las musas quienes me susurran al oído el destino de mi propio mundo. Sí, quizás sean ellas, las musas…