Hace mucho tiempo, tal vez en otra vida, yo era un joven adolescente increíble y patéticamente romántico. Ansiaba sentir ese amor profundo de las películas y los libros, ese cosquilleo en el estómago… anhelaba las cenas a la luz de las velas, los largos paseos por el parque, las sesiones de cine, los largos y melosos besos…
En ese tiempo lejano, solía sentarme en el alféizar de la ventana para contemplar las estrellas y la luna, y siempre que al día siguiente no hubiese clases ni nada que hacer, me relajaba y esperaba la llegada del amanecer.
Dios mío, hace mucho tiempo que no lo hago. La sociedad, la vida frenética y los problemas más mundanos han erradicado de mi ser ese romanticismo idealista. Ya no busco un amor espectacular, no pretendo un futuro de cenas con velas ni paseos ni besos… vale, besos sí. Pero no soy tan estúpido y soy consciente de que hoy por hoy, las cosas funcionan de un modo diferente.
Debo corregirme: era consciente de que las cosas funcionaban de forma distinta. Porque (ya no es un secreto… aunque siga siendo secreto) las cosas han cambiado en los últimos… ¿años? No, quizás meses. Años no.
¡Me desvío del tema! En realidad pretendía escribir un artículo metafórico y perfecto sobre el amanecer tras la noche oscura y siniestra de la decepción. Porque he renacido de mis cenizas, como el fénix, para seguir adelante y aprender de mis errores.
Pero como un estúpido y patético romántico, se me llenan los ojos de amor, de mis labios se desprenden palabras de romanticismo y todo mi cuerpo vibra por el deseo.
Ala, ahora voy a escribir algo más serio. Algo de sangre, un poco de asesinatos, un algo de sexo… y a otra cosa.
Sí, sigo siendo un cobarde. Pero un cobarde irremediable y románticamente prendado… del amor.
29 de junio de 2009
27 de junio de 2009
Si muero de amor
Estoy un poco cansado de todo lo que llevo dentro. Tengo tantas ganas de soltarlo todo, de liberar mis secretos, de saltar al vacío sin saber si habrá o no una red de seguridad que salve mi vida…
Muy bien. Eso último ha sonado de lo más melodramático. Pero en esencia, es una gran metáfora de lo que me hierve por dentro. Y es ese secreto amor que nadie más conoce. Es la ausencia de riesgo, la mentira de la tranquilidad, el dolor de la soledad, la tristeza de la decepción… y la perspectiva de un verano más, igual que el anterior y que el del año próximo. Un verano en el que nada va a cambiar, en el que cada uno se irá por su lado y los tres meses de playa y sol se convertirán en una prisión de hierro incandescente.
Y lo peor de todo, lo más grave de todo esto… es que tú estarás cerca, como siempre. Que te veré casi cada día (con suerte) y cada día desearé no verte, pero cuando no te vea creeré que ha llegado la muerte. ¿Qué es esto? ¿Es esto verdaderamente el amor?
¡Dios mío, desearía gritar su nombre, desearía desvelar el secreto, romper el silencio! Y no puedo. Porque soy un cobarde, porque tengo tanto miedo.
Tienes razón, amiga mía, cuando dices que el amor es un asco. Lo es.
Pero por mucho que lo niegue, mal que me pese… sí, estoy enamorado.
En secreto.
Muy bien. Eso último ha sonado de lo más melodramático. Pero en esencia, es una gran metáfora de lo que me hierve por dentro. Y es ese secreto amor que nadie más conoce. Es la ausencia de riesgo, la mentira de la tranquilidad, el dolor de la soledad, la tristeza de la decepción… y la perspectiva de un verano más, igual que el anterior y que el del año próximo. Un verano en el que nada va a cambiar, en el que cada uno se irá por su lado y los tres meses de playa y sol se convertirán en una prisión de hierro incandescente.
Y lo peor de todo, lo más grave de todo esto… es que tú estarás cerca, como siempre. Que te veré casi cada día (con suerte) y cada día desearé no verte, pero cuando no te vea creeré que ha llegado la muerte. ¿Qué es esto? ¿Es esto verdaderamente el amor?
¡Dios mío, desearía gritar su nombre, desearía desvelar el secreto, romper el silencio! Y no puedo. Porque soy un cobarde, porque tengo tanto miedo.
Tienes razón, amiga mía, cuando dices que el amor es un asco. Lo es.
Pero por mucho que lo niegue, mal que me pese… sí, estoy enamorado.
En secreto.
22 de junio de 2009
Hoy: Decepción.
Finalmente llegó la resolución negativa que esperaba. A día 19 de Junio recibí un correo electrónico (que leí ayer) en el que se me anunciaba que la novela no ha sido aceptada por la editorial. Ha sido una decepción porque me hacía especial ilusión publicar mis primeros trabajos allí.
Desde que lo leí estoy un poco triste, un poco de bajón, pero esto tiene que acabarse. El mismo día que decidí luchar por mi sueño sabía que pasarían estas cosas, que es lo más habitual en los primeros pasos de este largo camino. Ahora me he caído una vez más y tengo que darme prisa, ponerme en pie cuanto antes y seguir caminando.
Nadie dijo que sería fácil.
Ahora aprovecharé para hacer algunos pequeños ajustes en la novela, como atender a esa petición de hacerla un poco más larga, recatando quizás algunos personajes que se habían quedado por el camino, o viajando al pasado más remoto de los protagonistas. Ya veremos qué hago.
Y por supuesto, qué duda cabe, seguir luchando y enviando trabajos a todas partes. Y algún día llegará la respuesta positiva.
Pero eso no quita este sentimiento que hoy llena cada partícula de mi cuerpo. Es muy deprimente, lo se. Y por eso hoy necesito compadecerme de mí mismo, regodearme en mi desdicha y en la sensación de fracaso, para mañana, con las pilas recargadas y la ilusión renovada, volver a la lucha con más garra que nunca.
Desde que lo leí estoy un poco triste, un poco de bajón, pero esto tiene que acabarse. El mismo día que decidí luchar por mi sueño sabía que pasarían estas cosas, que es lo más habitual en los primeros pasos de este largo camino. Ahora me he caído una vez más y tengo que darme prisa, ponerme en pie cuanto antes y seguir caminando.
Nadie dijo que sería fácil.
Ahora aprovecharé para hacer algunos pequeños ajustes en la novela, como atender a esa petición de hacerla un poco más larga, recatando quizás algunos personajes que se habían quedado por el camino, o viajando al pasado más remoto de los protagonistas. Ya veremos qué hago.
Y por supuesto, qué duda cabe, seguir luchando y enviando trabajos a todas partes. Y algún día llegará la respuesta positiva.
Pero eso no quita este sentimiento que hoy llena cada partícula de mi cuerpo. Es muy deprimente, lo se. Y por eso hoy necesito compadecerme de mí mismo, regodearme en mi desdicha y en la sensación de fracaso, para mañana, con las pilas recargadas y la ilusión renovada, volver a la lucha con más garra que nunca.
Mil maneras de mentir.
Estos días he pensado mucho en la mentira, en la falsedad, en los secretos. El último post que colgué en el blog hablaba directamente de estos temas, ¿verdad? Un amor secreto, una mentira.
Hay muchas formas de mentira: las mentiras pequeñas, esas que por sí solas no hacen daño; las mentiras piadosas, que contamos para ahorrar sufrimientos o para evitar explicaciones e interrogatorios; grandes mentiras que no tienen excusa… Hay gente que casi nunca miente (porque no hay nadie en el mundo que pueda decir que jamás ha mentido) y otros que mienten cada día, varias veces al día. Los maridos y esposas infieles, los amigos que han cometido un error… A veces mentimos por miedo. Yo he mentido por miedo a perder amigos, por temor a sus reacciones (ellos lo saben, he confesado).
Mi trabajo, según se mire, es una refinada forma de mentira. Al fin y al cabo mis novelas son de ficción… y ¿qué es la ficción sino algo inventado, creado de la nada? Hay quien lo considera una mentira. Y otras personas piensan que todo lo que escribo es cierto, que es mi vida la que aparece en las páginas de mis novelas y relatos. No me cansaré de repetir que no es así, aunque esa afirmación sea una doble mentira porque sí, estoy cansado de decirlo. Y porque en cierto modo… en todo lo que escribo siempre hay una gran parte de lo que soy. En ocasiones es una simple palabra, en otras un personaje entero… o la mezcla de varios personajes. Es un trabajo arduo ocultar las pistas, pero es mi trabajo.
Yo miento. No lo hago mucho, ni a menudo. Son mentiras, en su mayoría, forzadas. Una pregunta realizada en el momento inadecuado, o sobre un tema espinoso, me llevan a tergiversar la verdad. Realmente me curo en salud y no llego a mentir del todo, simplemente… pues ante una afirmación me limito a no negarla, pero tampoco la acepto. Es decir, tú puedes decirme Negro y ser blanco, pero no te diré que es negro, ni te diré que es blanco.
Me he liado.
El caso es que he pensado mucho en la mentira de la vida, en la mentira de todo lo que nos rodea y me he dado cuenta de que mentir… mentir es, en ciertos casos, un placer. Y no sería un pecado ni un problema.
El problema, queridos míos… es que te pillen.
Nota del autor: El presente texto es una simple mentira. En su mayor parte. Casi todo.
Hay muchas formas de mentira: las mentiras pequeñas, esas que por sí solas no hacen daño; las mentiras piadosas, que contamos para ahorrar sufrimientos o para evitar explicaciones e interrogatorios; grandes mentiras que no tienen excusa… Hay gente que casi nunca miente (porque no hay nadie en el mundo que pueda decir que jamás ha mentido) y otros que mienten cada día, varias veces al día. Los maridos y esposas infieles, los amigos que han cometido un error… A veces mentimos por miedo. Yo he mentido por miedo a perder amigos, por temor a sus reacciones (ellos lo saben, he confesado).
Mi trabajo, según se mire, es una refinada forma de mentira. Al fin y al cabo mis novelas son de ficción… y ¿qué es la ficción sino algo inventado, creado de la nada? Hay quien lo considera una mentira. Y otras personas piensan que todo lo que escribo es cierto, que es mi vida la que aparece en las páginas de mis novelas y relatos. No me cansaré de repetir que no es así, aunque esa afirmación sea una doble mentira porque sí, estoy cansado de decirlo. Y porque en cierto modo… en todo lo que escribo siempre hay una gran parte de lo que soy. En ocasiones es una simple palabra, en otras un personaje entero… o la mezcla de varios personajes. Es un trabajo arduo ocultar las pistas, pero es mi trabajo.
Yo miento. No lo hago mucho, ni a menudo. Son mentiras, en su mayoría, forzadas. Una pregunta realizada en el momento inadecuado, o sobre un tema espinoso, me llevan a tergiversar la verdad. Realmente me curo en salud y no llego a mentir del todo, simplemente… pues ante una afirmación me limito a no negarla, pero tampoco la acepto. Es decir, tú puedes decirme Negro y ser blanco, pero no te diré que es negro, ni te diré que es blanco.
Me he liado.
El caso es que he pensado mucho en la mentira de la vida, en la mentira de todo lo que nos rodea y me he dado cuenta de que mentir… mentir es, en ciertos casos, un placer. Y no sería un pecado ni un problema.
El problema, queridos míos… es que te pillen.
Nota del autor: El presente texto es una simple mentira. En su mayor parte. Casi todo.
16 de junio de 2009
No se lo digas a nadie.
Esta noche he soñado contigo.
Era un sueño sin duda extraño, que al final cambió y se transformó en una pesadilla (provocada por el libro que estoy leyendo o la novela que estoy escribiendo, sin lugar a dudas). Pero todo el principio del sueño… simplemente es inolvidable. Me gustaría contártelo pero dicen que si uno cuenta un sueño, del mismo modo que si dice en voz alta un deseo, éstos nunca se cumplen. Por eso no pienso contar qué he soñado esta noche. Aunque ha sido un sueño hermoso. Puedes tenerlo claro.
Nunca sabrás quién eres. ¿Con quién he soñado? Nadie lo sabe. No pienso contarlo. Aún no. Porque el amor que por ti siento es secreto, clandestino. Así me gusta vivirlo, aunque añore algo más visceral, más tierno y realista. Pero es un secreto, algo inconfesable tal vez. Quizás exagero un poco, pues no hay nada en el mundo inconfesable. Es cierto que por el momento, al menos, es algo que no quiero contar, aunque necesito contarlo.
Al despertar de mi sueño permanecí muy quieto en la cama, con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios. Quise saborear ese recuerdo con el temor de que poco a poco, como siempre, se desvanecerían los detalles de lo soñado… y no ha sido así, por lo que me regodearé en ello todo este largo día.
Mi amor es un secreto. Eso ya lo he dicho. Pero te daré una pista. Me gusta mirarte, siempre a escondidas, para que no me veas. Pero más de una vez se han cruzado nuestras miradas un solo segundo antes de que yo apartase mis ojos de los tuyos pues temía perderme en tu mirada, abandonarme a tu belleza. No se lo que sucede entre nosotros: hoy pienso que es posible, mañana estoy seguro de que no. ¿Por qué es todo tan complicado?
Ya lo se, todo es mi culpa. Tendría que hacer algo. Pero soy un cobarde, me aterra el desenlace de un amor tan intenso. Si nada sale bien podría morirme de dolor.
Por eso callo y te contemplo en secreto, cada vez que la vida une nuestros caminos en un mismo lugar. Intento grabarte a fuego en mi retina, llevarme tu imagen a casa y así, en soledad, amarte cada día un poco más mientras menguan mis esperanzas porque en realidad, muy poco se de ti.
Es un amor platónico, pero un amor sincero, intenso, vivo. Mi estómago brinca y da volteretas cuando te veo, cuando escucho tu voz. Me siento débil cuando transcurren los días sin verte, sin sentirte, sin olerte. Creo volverme loco, añorando simplemente saberte cerca.
Quizás ya tienes pareja, quizás yo te parezco horrible. No lo se. Jamás lo he preguntado. Y tal vez, solo tal vez, vivamos los dos una situación muy parecida: un amor correspondido pero secreto. Y este pensamiento es el peor de todos. Porque amarte de esta forma y saber que no me correspondes duele. Pero imaginar que tú me ames como yo te amo a ti, en secreto y con locura… eso es mucho peor.
Pero es un secreto, nuestro secreto. Yo creo que sí lo sabes, lo presiento en cada mirada, esas intensas y furtivas miradas, como la última vez. Pienso en ti y se me hincha el corazón, bombeando sangre, furioso. Te amo tanto…
Y en secreto, furtivamente, sueño contigo. Y de este modo aspiro a la felicidad. Patético, lo se. Estúpido, muy cierto. Pero es el mío un amor puro, sencillo y eternamente intenso.
Porque, quiero que lo tengas muy claro, te quiero y te amo. Te amo y te quiero.
Era un sueño sin duda extraño, que al final cambió y se transformó en una pesadilla (provocada por el libro que estoy leyendo o la novela que estoy escribiendo, sin lugar a dudas). Pero todo el principio del sueño… simplemente es inolvidable. Me gustaría contártelo pero dicen que si uno cuenta un sueño, del mismo modo que si dice en voz alta un deseo, éstos nunca se cumplen. Por eso no pienso contar qué he soñado esta noche. Aunque ha sido un sueño hermoso. Puedes tenerlo claro.
Nunca sabrás quién eres. ¿Con quién he soñado? Nadie lo sabe. No pienso contarlo. Aún no. Porque el amor que por ti siento es secreto, clandestino. Así me gusta vivirlo, aunque añore algo más visceral, más tierno y realista. Pero es un secreto, algo inconfesable tal vez. Quizás exagero un poco, pues no hay nada en el mundo inconfesable. Es cierto que por el momento, al menos, es algo que no quiero contar, aunque necesito contarlo.
Al despertar de mi sueño permanecí muy quieto en la cama, con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios. Quise saborear ese recuerdo con el temor de que poco a poco, como siempre, se desvanecerían los detalles de lo soñado… y no ha sido así, por lo que me regodearé en ello todo este largo día.
Mi amor es un secreto. Eso ya lo he dicho. Pero te daré una pista. Me gusta mirarte, siempre a escondidas, para que no me veas. Pero más de una vez se han cruzado nuestras miradas un solo segundo antes de que yo apartase mis ojos de los tuyos pues temía perderme en tu mirada, abandonarme a tu belleza. No se lo que sucede entre nosotros: hoy pienso que es posible, mañana estoy seguro de que no. ¿Por qué es todo tan complicado?
Ya lo se, todo es mi culpa. Tendría que hacer algo. Pero soy un cobarde, me aterra el desenlace de un amor tan intenso. Si nada sale bien podría morirme de dolor.
Por eso callo y te contemplo en secreto, cada vez que la vida une nuestros caminos en un mismo lugar. Intento grabarte a fuego en mi retina, llevarme tu imagen a casa y así, en soledad, amarte cada día un poco más mientras menguan mis esperanzas porque en realidad, muy poco se de ti.
Es un amor platónico, pero un amor sincero, intenso, vivo. Mi estómago brinca y da volteretas cuando te veo, cuando escucho tu voz. Me siento débil cuando transcurren los días sin verte, sin sentirte, sin olerte. Creo volverme loco, añorando simplemente saberte cerca.
Quizás ya tienes pareja, quizás yo te parezco horrible. No lo se. Jamás lo he preguntado. Y tal vez, solo tal vez, vivamos los dos una situación muy parecida: un amor correspondido pero secreto. Y este pensamiento es el peor de todos. Porque amarte de esta forma y saber que no me correspondes duele. Pero imaginar que tú me ames como yo te amo a ti, en secreto y con locura… eso es mucho peor.
Pero es un secreto, nuestro secreto. Yo creo que sí lo sabes, lo presiento en cada mirada, esas intensas y furtivas miradas, como la última vez. Pienso en ti y se me hincha el corazón, bombeando sangre, furioso. Te amo tanto…
Y en secreto, furtivamente, sueño contigo. Y de este modo aspiro a la felicidad. Patético, lo se. Estúpido, muy cierto. Pero es el mío un amor puro, sencillo y eternamente intenso.
Porque, quiero que lo tengas muy claro, te quiero y te amo. Te amo y te quiero.
14/06/2009: Savia de Vida.
En la vertiente más adulta y visceral de mis obras, se derrama continuamente, inyectando en las páginas que tatúo con historias duras y complejas una vida que de otra forma no podría olerse, tocarse ni sentirse. Está por los suelos, en las manos de los asesinos más frívolos, en las palabras de los personajes tanto como en sus propias venas.
La sangre es la vida, aunque habitualmente se adscriba a la muerte. Y sin embargo, mas allá de tópicos y remilgos…
Es un órgano más, quizás el más vivo de nuestro cuerpo, que recorre cada milímetro de lo que somos físicamente, bañando cada célula, oxigenándonos, llenándonos de eso que llamamos vida. Y todo lo que en el mundo respira, o simplemente vive, tiene sangre. Sangre roja en los animales, verde savia en vegetales… líquido de vida, esencia de algo etéreo y extraño. La sangre fluye de un cuerpo a otro durante la gestación: el hijo recibe la vida de su madre en un equilibrio que emana perfección, atando lazos de irrompible afecto.
Tan valiosa, tan abundante… y sin embargo tan necesaria. Todos tenemos reservas suficientes, que se renuevan constantemente en el ciclo de la vida. Podemos perder una cantidad de ella sin notar efecto alguno, pues el cuerpo es inteligente, la naturaleza sabia.
Yo soy donante de sangre. ¿Y tú? Hoy es nuestro día, entonces. Un día de celebración teñida de rojo… el rojo de la sangre y de la vida, de la solidaridad y el convencimiento. Con tan poco, puedes ofrecer tanto…
Temía yo mi primera vez. Ese autobús blanco, esos médicos, las agujas… siempre creí que me marearía, que me moriría allí, sintiéndome víctima de un vampiro que toma mi vida por la fuerza. Y sin embargo fui, me atreví a ser solidario. Quien sabe, tal vez mañana yo mismo necesite la sangre de otros, porque sin ella es imposible vivir. Piénsalo, medítalo. Son unos pocos minutos y un pinchazo que no duele. A cambio de tan poco sentirás alegría y orgullo porque no ha sido nada y sin embargo, a alguien en el mundo, se lo habrás dado todo.
Piénsalo, ármate de valor y por favor, HAZTE DONANTE DE SANGRE.
La sangre es la vida, aunque habitualmente se adscriba a la muerte. Y sin embargo, mas allá de tópicos y remilgos…
Es un órgano más, quizás el más vivo de nuestro cuerpo, que recorre cada milímetro de lo que somos físicamente, bañando cada célula, oxigenándonos, llenándonos de eso que llamamos vida. Y todo lo que en el mundo respira, o simplemente vive, tiene sangre. Sangre roja en los animales, verde savia en vegetales… líquido de vida, esencia de algo etéreo y extraño. La sangre fluye de un cuerpo a otro durante la gestación: el hijo recibe la vida de su madre en un equilibrio que emana perfección, atando lazos de irrompible afecto.
Tan valiosa, tan abundante… y sin embargo tan necesaria. Todos tenemos reservas suficientes, que se renuevan constantemente en el ciclo de la vida. Podemos perder una cantidad de ella sin notar efecto alguno, pues el cuerpo es inteligente, la naturaleza sabia.
Yo soy donante de sangre. ¿Y tú? Hoy es nuestro día, entonces. Un día de celebración teñida de rojo… el rojo de la sangre y de la vida, de la solidaridad y el convencimiento. Con tan poco, puedes ofrecer tanto…
Temía yo mi primera vez. Ese autobús blanco, esos médicos, las agujas… siempre creí que me marearía, que me moriría allí, sintiéndome víctima de un vampiro que toma mi vida por la fuerza. Y sin embargo fui, me atreví a ser solidario. Quien sabe, tal vez mañana yo mismo necesite la sangre de otros, porque sin ella es imposible vivir. Piénsalo, medítalo. Son unos pocos minutos y un pinchazo que no duele. A cambio de tan poco sentirás alegría y orgullo porque no ha sido nada y sin embargo, a alguien en el mundo, se lo habrás dado todo.
Piénsalo, ármate de valor y por favor, HAZTE DONANTE DE SANGRE.
Se acerca el Príncipe Mestizo…
El día 17 de Julio de 2009 se estrena en España “Harry Potter y el Príncipe Mestizo” (traducción literal del título inglés, aunque la oficial es “…y el misterio del príncipe”). Los que nos consideramos seguidores de la saga escrita por J. K. Rowling esperamos esa fecha con intriga y muchas, muchas ganas. Y los trailer que hemos visto, junto a las promociones, hacen que todo eso crezca a niveles inusitados. Probad a poner en google el título de la película y deleitaos con las increíbles escenas que nos ofrecen desde la Warner.Lo cierto es que, tras el primero de los muchos trailer que se han publicado, yo me sentí un poco decepcionado porque se veían escenas que no aparecen en el libro (la casa de los Weasley en llamas). Pero si uno lee cada libro y luego ve la película, se da cuenta que eso es ya una tradición, por lo que he decidido separar ambos mundos y verlos como entes relacionados pero independientes. Sea como fuere, la verdad es que los últimos avances que se han mostrado hacen que se me erice la piel… y eso siempre es una buena señal (solo me ha ocurrido anteriormente con “El Retorno del Rey”… y la película me impresionó positivamente).
Falta poco más de un mes para conocer un nuevo capítulo de la historia. Y luego solo quedarán dos (uno, en realidad, dividido en dos partes).
Un detalle (para Diana en especial): ¡¡impresionante la música!! Y no olvides que el día 17… tenemos una cita :-)
13/06/2009: Obligaciones, decisiones.
He tomado la decisión.
En realidad está tomada desde hace mucho tiempo. Tanto, que ya he perdido la cuenta. No ha sido una elección fácil, ni la he tomado a la ligera. Me he sentado mucho tiempo a pensar en ello, incluso he meditado las diferentes reacciones posteriores a una decisión u otra. Y durante ese tiempo, mientras me devanaba los sesos para decidir, siempre supe que esa decisión había sido tomada incluso antes de pensar en hacerlo.
El problema es que, en cierto modo, aún me gusta mucho lo que hago. Sí, es verdad, aún siento algo parecido a la emoción del primer día. El problema es que, al realizar una lista con lo bueno y lo malo (por qué abandonar, por qué seguir), uno de los dos lados se queda vacío. Y contra eso no puedo luchar.
¿Por qué seguir cuando cada día se convierte en un auténtico suplicio? Nadie tiene la culpa. Quizás soy yo el único responsable, pero la verdad es que me siento agotado. Ya no tengo fuerzas para más. Y se que muchos me criticarán, se que hay gente que pensará que estoy loco, o que soy muy poco responsable… me da igual: Estoy acostumbrado a escuchar críticas y comentarios, porque llevo muchos años haciéndolo. Ya no me importa, porque no merece la pena que me rompa los sesos intentando agradar a todo el mundo. Lo he intentado y es agotador.
Pero la verdad es que la decisión está tomada y solo me falta ejecutarla. ¿Reuniré el valor para hacerlo? No lo se. Tal vez lo haga, pero en todo caso, soy consciente de que ya no hay marcha atrás. No puedo seguir, cuando en vez de disfrutar me siento obligado, cuando la perspectiva de una obligación me produce tristeza y desazón, cuando siento agobio en vez de intriga, porque tengo que dedicar tiempo a algo que ya no me llena.
Sí, estoy aburrido.
No pretendo explicarme, ni escudarme en lo pasado o lo que ha de venir. Ya he dicho que no voy a culpar a nadie, porque nadie tiene la culpa. La decisión se ha tomado por una confluencia de múltiples factores, algunos pequeños granos de arena que han alzado una montaña que no quiero ni puedo cruzar, porque (también lo he dicho) ya no tengo fuerzas.
He dedicado once largos años de mi vida a un proyecto que, siendo francos, nunca ha terminado de cuajar. Si he llegado a donde ahora estoy ha sido por factores externos, nunca por mi propia valía. Solo soy sincero, no autocompasivo. Pero es la verdad. No soy bueno en esto, ya lo he aceptado porque, y aquí quizás haya un poco de terceros culpables, mucha gente se ha ocupado de decírmelo (nunca directamente, claro). Ahora me doy cuenta de que tenían razón.
He pasado once años, algunos de ellos excepcionalmente buenos. En ese tiempo he vivido amores (secretos), amistades largas y cortas, también distanciamientos. Era un mundo enorme, dentro de un mundo mayor. Me quedan los recuerdos de todo este tiempo y espero y deseo, los lazos de amistad que se han formado.
Pero la decisión está tomada. Aunque hay algo que todavía me ata…
En realidad está tomada desde hace mucho tiempo. Tanto, que ya he perdido la cuenta. No ha sido una elección fácil, ni la he tomado a la ligera. Me he sentado mucho tiempo a pensar en ello, incluso he meditado las diferentes reacciones posteriores a una decisión u otra. Y durante ese tiempo, mientras me devanaba los sesos para decidir, siempre supe que esa decisión había sido tomada incluso antes de pensar en hacerlo.
El problema es que, en cierto modo, aún me gusta mucho lo que hago. Sí, es verdad, aún siento algo parecido a la emoción del primer día. El problema es que, al realizar una lista con lo bueno y lo malo (por qué abandonar, por qué seguir), uno de los dos lados se queda vacío. Y contra eso no puedo luchar.
¿Por qué seguir cuando cada día se convierte en un auténtico suplicio? Nadie tiene la culpa. Quizás soy yo el único responsable, pero la verdad es que me siento agotado. Ya no tengo fuerzas para más. Y se que muchos me criticarán, se que hay gente que pensará que estoy loco, o que soy muy poco responsable… me da igual: Estoy acostumbrado a escuchar críticas y comentarios, porque llevo muchos años haciéndolo. Ya no me importa, porque no merece la pena que me rompa los sesos intentando agradar a todo el mundo. Lo he intentado y es agotador.
Pero la verdad es que la decisión está tomada y solo me falta ejecutarla. ¿Reuniré el valor para hacerlo? No lo se. Tal vez lo haga, pero en todo caso, soy consciente de que ya no hay marcha atrás. No puedo seguir, cuando en vez de disfrutar me siento obligado, cuando la perspectiva de una obligación me produce tristeza y desazón, cuando siento agobio en vez de intriga, porque tengo que dedicar tiempo a algo que ya no me llena.
Sí, estoy aburrido.
No pretendo explicarme, ni escudarme en lo pasado o lo que ha de venir. Ya he dicho que no voy a culpar a nadie, porque nadie tiene la culpa. La decisión se ha tomado por una confluencia de múltiples factores, algunos pequeños granos de arena que han alzado una montaña que no quiero ni puedo cruzar, porque (también lo he dicho) ya no tengo fuerzas.
He dedicado once largos años de mi vida a un proyecto que, siendo francos, nunca ha terminado de cuajar. Si he llegado a donde ahora estoy ha sido por factores externos, nunca por mi propia valía. Solo soy sincero, no autocompasivo. Pero es la verdad. No soy bueno en esto, ya lo he aceptado porque, y aquí quizás haya un poco de terceros culpables, mucha gente se ha ocupado de decírmelo (nunca directamente, claro). Ahora me doy cuenta de que tenían razón.
He pasado once años, algunos de ellos excepcionalmente buenos. En ese tiempo he vivido amores (secretos), amistades largas y cortas, también distanciamientos. Era un mundo enorme, dentro de un mundo mayor. Me quedan los recuerdos de todo este tiempo y espero y deseo, los lazos de amistad que se han formado.
Pero la decisión está tomada. Aunque hay algo que todavía me ata…
4 de junio de 2009
UNA ESPERA UN POCO MÁS LARGA
Ayer recibí la noticia (inesperada) de que en la editorial necesitan al menos otros dos meses para leer la novela y decidir qué hacer con ella (publicarla o desestimarla). Esto va contra la información recibida anteriormente de que les llevaba tres meses. En realidad (al menos en esta editorial) son seis meses, que se cumplirán el 29 de Julio, un día antes de mi cumpleaños. ¿Será una señal del destino? ¡Eso espero!
Y mientras espero, por cierto, investigo las editoriales infantiles y juveniles de galicia, para enviarles mi nueva novela. Ya os contaré.
2 de junio de 2009
HOY: PARA LOS NIÑOS
La vida de un escritor, sobre todo su trabajo, es siempre inestable y muy divertida, si a ese escritor le gusta especialmente lo que hace en la vida.
Así es mi vida, al menos, mientras estoy involucrado en la redacción de una nueva novela, o un cuento. Hoy, mi vida es así.
Me he parado a pensar en la multitud de opciones que manejo cada vez que me siento ante una hoja de papel en blanco. No deja de ser curioso que de un día para otro, mis perspectivas cambien hasta el punto de variar por completo no solo contenidos, sino la franja de edad a la que se destinan mis obras.
Mi última novela (que por ahora solo han leído… ¿tres personas?) es oscura, tétrica y deprimente, con personajes torturados y una historia muy extraña. En cambio, a lo largo de los últimos siete días me he dedicado a un nuevo trabajo que hoy doy por terminado. Y si el libro anterior estaba claramente destinado al mundo adulto… ahora voy y escribo una suerte de cuento, o novela corta, para niños.
Debo reconocer que me apasiona escribir para niños y me ha sorprendido lo relativamente fácil que ha sido. Con decir que la escribí en gallego y ahí radicaba toda su complejidad… lo digo todo. El caso es que la historia surgió de la nada, con la primera frase del libro. Y me sorprendí escribiendo más de ocho horas diarias, hasta tenerla terminada y corregida. En cuanto pase un filtro de gallego para comprobar que está normativamente escrita, la enviaré a las editoriales.
Y por supuesto, cuando la vorágine de exámenes termine, y siempre que ellos quieran, mis tres primeros lectores recibirán su copia antes que nadie.
Así es mi vida, al menos, mientras estoy involucrado en la redacción de una nueva novela, o un cuento. Hoy, mi vida es así.
Me he parado a pensar en la multitud de opciones que manejo cada vez que me siento ante una hoja de papel en blanco. No deja de ser curioso que de un día para otro, mis perspectivas cambien hasta el punto de variar por completo no solo contenidos, sino la franja de edad a la que se destinan mis obras.
Mi última novela (que por ahora solo han leído… ¿tres personas?) es oscura, tétrica y deprimente, con personajes torturados y una historia muy extraña. En cambio, a lo largo de los últimos siete días me he dedicado a un nuevo trabajo que hoy doy por terminado. Y si el libro anterior estaba claramente destinado al mundo adulto… ahora voy y escribo una suerte de cuento, o novela corta, para niños.
Debo reconocer que me apasiona escribir para niños y me ha sorprendido lo relativamente fácil que ha sido. Con decir que la escribí en gallego y ahí radicaba toda su complejidad… lo digo todo. El caso es que la historia surgió de la nada, con la primera frase del libro. Y me sorprendí escribiendo más de ocho horas diarias, hasta tenerla terminada y corregida. En cuanto pase un filtro de gallego para comprobar que está normativamente escrita, la enviaré a las editoriales.
Y por supuesto, cuando la vorágine de exámenes termine, y siempre que ellos quieran, mis tres primeros lectores recibirán su copia antes que nadie.
31/05/2009 NO HAY TÍTULO
Fulanito llegó de un país lejano, de la mano de Menganita, una conocida actriz habitual del papel cuché. No hizo nada a excepción de pasearse en bañador y hacer muchos abdominales para lucir bien como hombre florero. Se dice y se comenta… tantas cosas se dicen que ya no sabríamos decir de qué se habla pero el caso es que cuando él llenaba más paginas que ella, Fulanito y Menganita dejaron de cogerse de la mano. Ahora Fulanito ha publicado un libro.
¿Se lo pueden creer?
¿Se lo pueden creer?
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