Al fin llega. Tras un verano para olvidar, con la sensación de quien despierta de una pesadilla horrible, la cercanía del noveno mes me tranquiliza y me relaja. Septiembre ya está aquí. Lo he conseguido.
Ahora tocan los reencuentros, tan esperados. Volver a la rutina, exquisita rutina. Tomar café en el local de siempre, celebrar pequeñas cenas y sobre todo —no puedo creer que haya sobrevivido sin ellas— mantener largas conversaciones.
Durante este largo y extenuante verano me he dado cuenta de mi dependencia. Hasta no hace mucho no tenía en mi agenda demasiados amigos verdaderos, de esos a los que les cuentas cualquier cosa, con los que discutes cualquier tema. Ahora tengo tres grandes amigos, los más importantes. Ellos saben quienes son. ¿Verdad? Saberlos lejos resultaba inquietante. Es cierto que durante el curso no habíamos quedado con demasiada asiduidad pero sabía que estaban ahí, cerca, a solo una llamada de teléfono. Pero en verano todo esto cambia. Cada uno toma un avión, o un tren. Disfrutar de las vacaciones, alejarse del mundanal ruido. Yo no tengo vacaciones. Quizás por eso siento con más fuerza la melancolía del rincón de siempre, la misma mesa, el mismo lugar…
Pero ha llegado septiembre. Ahora todos volvemos a nuestras vidas. Los aviones llegan, no se van. Volverán los cafés, las conversaciones, las cenas. Habrá una cena importante, un doble cumpleaños… o tal vez dos grandes cenas para dos cumpleaños.
Septiembre trae también otras cosas: quizás nuevos comienzos. Quizás la resolución a todos los enigmas que ahogan el corazón frío de este escritor. Aunque en realidad, soy consciente de ello, es posible que nunca obtenga la respuesta que necesito. Y entonces me hundiré en mi propia miseria, porque también me he dado cuenta de que sin esa respuesta, sin la certeza de lo imposible, quizás no pueda pasar página, quizás no sepa hacerlo bien.
Lo se, porque sigue llenando mis sueños, porque se oculta tras cada suspiro, porque sigue presente en cada mirada y en cada gesto. Sin saberlo, sin quererlo, sin poder evitarlo.
Y eso… eso duele.
31 de agosto de 2009
24 de agosto de 2009
Muerte
¡Tranquilos! Este no va a ser uno de mis textos deprimentes y tristes o, al menos, no es esa mi intención... Hoy quiero dejar constancia de un nuevo proyecto (¿otro más?), muy alejado de lo de siempre, pero siempre lo mismo. ¿Me explico?
No será una novela. No tengo intención de que sea una novela. Será, en todo caso, una colección de relatos cortos, artículos o como queramos llamarlos, relacionados con un tema muy especial para mi, el tema sobre el que versan todas mis novelas: la muerte. ¿Por qué? Porque es parte de la vida, porque necesito comprender algo más sobre ella. Estoy en proceso de estudio (es decir, leyendo todo lo que puedo sobre la muerte en sus diversas facetas). Ya tengo varios títulos en mente (¿Os digo uno? "El amigo de la muerte". No es el mejor de todos).
¿Por qué os cuento esto, cuando yo nunca avanzo nada o casi nada de mis trabajos? Porque no es una novela, sino... me gusta llamar a este proyecto "ensayo", que es lo que escriben los sabios e inteligentes. Pero es, más bien, una introspección a mis propios sentimientos, un análisis de algo que muchos consideran morboso, de algo a lo que muchos temen. Yo temía a la muerte hace tiempo pero me he reconciliado con ella. Es natural, forma parte de lo que somos, es una más de las cláusulas de ese contrato llamado vida, gracias al cual estamos aquí, respirando.
Creo que ya he dicho demasiado.
Si quieres saber más... espera a que esté terminado y (cruzaré los dedos) publicado.
No será una novela. No tengo intención de que sea una novela. Será, en todo caso, una colección de relatos cortos, artículos o como queramos llamarlos, relacionados con un tema muy especial para mi, el tema sobre el que versan todas mis novelas: la muerte. ¿Por qué? Porque es parte de la vida, porque necesito comprender algo más sobre ella. Estoy en proceso de estudio (es decir, leyendo todo lo que puedo sobre la muerte en sus diversas facetas). Ya tengo varios títulos en mente (¿Os digo uno? "El amigo de la muerte". No es el mejor de todos).
¿Por qué os cuento esto, cuando yo nunca avanzo nada o casi nada de mis trabajos? Porque no es una novela, sino... me gusta llamar a este proyecto "ensayo", que es lo que escriben los sabios e inteligentes. Pero es, más bien, una introspección a mis propios sentimientos, un análisis de algo que muchos consideran morboso, de algo a lo que muchos temen. Yo temía a la muerte hace tiempo pero me he reconciliado con ella. Es natural, forma parte de lo que somos, es una más de las cláusulas de ese contrato llamado vida, gracias al cual estamos aquí, respirando.
Creo que ya he dicho demasiado.
Si quieres saber más... espera a que esté terminado y (cruzaré los dedos) publicado.
11 de agosto de 2009
Cuando la vida duele
Hay momentos en los que uno no sabe muy bien qué hacer, dónde dejarse caer o en qué lugar apoyarse para dar el salto y salir del pozo negro en que se encuentra. Hoy me encuentro en ese punto. Éste es uno de esos momentos en los que duele hasta respirar, cuando a mis ojos acuden lágrimas que me trago para evitar un llanto incontrolable cuya naturaleza, lejos de ayudarme a salir de esto, me hundiría más. Pensamientos fugaces, oscuros y en ocasiones siniestros llenan mi cansada mente de ideas tétricas e imposibles. Y solo quiero gritar, encerrarme en mi dormitorio a oscuras y aislado del mundo, compadecerme de mi propia desdicha, cuya realidad desconozco. No espero que nadie me entienda. No espero que nadie lea esto. No espero nada de nadie. Porque hoy estoy triste, porque me siento deprimido, porque no tengo ganas de nada.
Es quizás el peor verano de mi vida, porque en él estoy encontrando los terribles fantasmas de un pasado que no quiero recordar, porque no tengo fuerzas para soportarlo. Quiero que todo acabe, que la paz inunde mi espíritu, que dejen de sangrar las heridas jamás curadas. Necesito irme solo, aislarme del mundo, dejar de escuchar las voces que me rodean y así, poder tomar decisiones irrevocables y de ese modo, sentirme yo mismo por una vez en la vida.
Porque ahora, en este día aciago, solo soy una sombra, una figura de barro que los demás intentan modelar a su antojo. Ahora necesito tomar mi propia forma, jugar con la arcilla en mis dedos y dejar que se endurezca a mi imagen y semejanza. Mientras espero el momento de hacerlo, todo duele, todo mata, todo hiere, todo me resulta difícil y complejo.
Y sin embargo, entre tanto dolor, he vuelto a soñar contigo…
Es quizás el peor verano de mi vida, porque en él estoy encontrando los terribles fantasmas de un pasado que no quiero recordar, porque no tengo fuerzas para soportarlo. Quiero que todo acabe, que la paz inunde mi espíritu, que dejen de sangrar las heridas jamás curadas. Necesito irme solo, aislarme del mundo, dejar de escuchar las voces que me rodean y así, poder tomar decisiones irrevocables y de ese modo, sentirme yo mismo por una vez en la vida.
Porque ahora, en este día aciago, solo soy una sombra, una figura de barro que los demás intentan modelar a su antojo. Ahora necesito tomar mi propia forma, jugar con la arcilla en mis dedos y dejar que se endurezca a mi imagen y semejanza. Mientras espero el momento de hacerlo, todo duele, todo mata, todo hiere, todo me resulta difícil y complejo.
Y sin embargo, entre tanto dolor, he vuelto a soñar contigo…
5 de agosto de 2009
Enya
En su voz aterciopelada, pura y etérea, encontró mi corazón la paz en muchos momentos a lo largo de mis veinticuatro años recién estrenados. No importa cuales sean los sentimientos que necesiten ser liberados en mi alma: su música siempre encuentra el camino para relajarme, para liberarme.
Me tranquiliza cuando estoy nervioso, me ayuda a llorar cuando la tristeza retiene mis lágrimas, me inspira cuando las ideas parecen haberse agotado en mi mente. Muchos personajes deben su vida a los discos de Enya.
La conocí hace muchos años, peor entonces no sabía su nombre, ni tenía ningún disco suyo. La escuchaba en la radio, o en la televisión, sin saber quién era, sin pararme a pensar en lo especial de los momentos en que coincidían nuestros caminos. Luego, la película “La Comunidad del Anillo” me la presentó, otorgándole un nombre a esa voz de mis pasiones. Enya, un nombre de la fantasía que emana su propia voz.
Desde entonces intento recopilar sus numerosos trabajos. Solo tengo uno, “Amarantine”, aunque me han pasado el último disco en mp3… espero, no obstante, comprármelos todos. Porque en ella fluyen sentimientos desconocidos, palabras tiernas y una magia insondable e intangible.
Enya…
Su nombre me trasporta a lugares inexplorados, únicos y personales. Cuando cierro los ojos con su música de fondo, imagino largas praderas rodeadas por frondosos y altos árboles, alfombradas por flores blancas y de aromas dulces. Una suave brisa acaricia mi piel mientras escucho el susurro de un río y la violenta caída de una cascada… todo es perfecto, nada enturbia la paz de un momento único en un lugar que nadie más conoce. Y en ese paraje solitario también estás tú, pero no tienes forma porque eres una parte más de lo que yo soy, en ese lugar, como en este.
Enya… si pudiera tenerte ante mis ojos te daría las gracias. Y a ti, lector, si no conoces su música, corre a comprar algún disco suyo. No lamentarás la compra. Porque al escucharla por primera vez… quedarás bajo su hechizo, irrompible y benévolo. Maravilloso… el embrujo de la voz pura de Enya.
Me tranquiliza cuando estoy nervioso, me ayuda a llorar cuando la tristeza retiene mis lágrimas, me inspira cuando las ideas parecen haberse agotado en mi mente. Muchos personajes deben su vida a los discos de Enya.
La conocí hace muchos años, peor entonces no sabía su nombre, ni tenía ningún disco suyo. La escuchaba en la radio, o en la televisión, sin saber quién era, sin pararme a pensar en lo especial de los momentos en que coincidían nuestros caminos. Luego, la película “La Comunidad del Anillo” me la presentó, otorgándole un nombre a esa voz de mis pasiones. Enya, un nombre de la fantasía que emana su propia voz.
Desde entonces intento recopilar sus numerosos trabajos. Solo tengo uno, “Amarantine”, aunque me han pasado el último disco en mp3… espero, no obstante, comprármelos todos. Porque en ella fluyen sentimientos desconocidos, palabras tiernas y una magia insondable e intangible.
Enya…
Su nombre me trasporta a lugares inexplorados, únicos y personales. Cuando cierro los ojos con su música de fondo, imagino largas praderas rodeadas por frondosos y altos árboles, alfombradas por flores blancas y de aromas dulces. Una suave brisa acaricia mi piel mientras escucho el susurro de un río y la violenta caída de una cascada… todo es perfecto, nada enturbia la paz de un momento único en un lugar que nadie más conoce. Y en ese paraje solitario también estás tú, pero no tienes forma porque eres una parte más de lo que yo soy, en ese lugar, como en este.
Enya… si pudiera tenerte ante mis ojos te daría las gracias. Y a ti, lector, si no conoces su música, corre a comprar algún disco suyo. No lamentarás la compra. Porque al escucharla por primera vez… quedarás bajo su hechizo, irrompible y benévolo. Maravilloso… el embrujo de la voz pura de Enya.
2 de agosto de 2009
Love songs… y los veinticuatro.
A veces, las cosas no suceden como uno espera. En esas ocasiones, un vuelco en el estómago suele ser la señal de que se avecinan cambios, sean estos de naturaleza positiva o negativa. Ya he confesado (varias veces) la existencia del amor en mi vida. Quizás exagerado, pues los textos del blog son, en gran parte, literatura pura y dura entre la que se esconden diminutas agujas de realidad. Pero amor, al fin y al cabo.
Hoy pienso, sin embargo, que quizás ese amor no sea sino atracción puramente sexual. ¿Nunca has conocido a una persona físicamente perfecta para ti, de la que apenas conoces otra cosa que su nombre? Algo más o menos me sucede a mi con esa persona, con ese supuesto amor. ¿O será que el descubrimiento de esa nueva persona en mi vida me ha abierto los ojos? El caso es que, si antes no era amor sino obsesión, ahora hay… algo más. Y por eso escribo esta carta al son de las baladas de amor de algún fulano de tal. Que no me se el nombre del cantante, vaya. Pero que hay algo que se remueve dentro de mí al imaginarte tan lejos, a miles de quilómetros de mí, es una verdad sin literatura, ni metáfora ni aliteración. Que es lo que es y nada más.
Ahora tengo ya los veinticuatro. Ya soy un adulto. Ahora tengo que ser responsable. Es duro, no obstante, escuchar esos comentarios maliciosos aunque dichos, tal vez, sin maldad alguna. “¿Y qué hay de novias?”, o “¿Cuándo nos presentarás a tu pretendienta?”. Esas preguntas, señoras y señores, no son de buen gusto. Primero, porque a nadie le importa realmente mi vida sentimental/sexual. Y segundo… cuando una pareja sea lo suficientemente sólida, me refiero a cuando vayamos a vivirnos juntos, o nos prometamos, o tengamos un hijo… o lo que sea que suponga la seriedad definitiva de una relación, quizás entonces (y digo quizás) os presenta esa persona, sin tapujos. Pero hoy por hoy… hoy por hoy soy yo. Y ese tal vez en el aire, muy lejos. Mañana, quién sabe lo que será.
But I love you… and you are in my dreams. Y mientras espero tu regreso, escucho canciones de amor. (Quisiera ponerlo todo en inglés, pero tal vez metería la pata, tú ya lo sabes).
Kisses.
Hoy pienso, sin embargo, que quizás ese amor no sea sino atracción puramente sexual. ¿Nunca has conocido a una persona físicamente perfecta para ti, de la que apenas conoces otra cosa que su nombre? Algo más o menos me sucede a mi con esa persona, con ese supuesto amor. ¿O será que el descubrimiento de esa nueva persona en mi vida me ha abierto los ojos? El caso es que, si antes no era amor sino obsesión, ahora hay… algo más. Y por eso escribo esta carta al son de las baladas de amor de algún fulano de tal. Que no me se el nombre del cantante, vaya. Pero que hay algo que se remueve dentro de mí al imaginarte tan lejos, a miles de quilómetros de mí, es una verdad sin literatura, ni metáfora ni aliteración. Que es lo que es y nada más.
Ahora tengo ya los veinticuatro. Ya soy un adulto. Ahora tengo que ser responsable. Es duro, no obstante, escuchar esos comentarios maliciosos aunque dichos, tal vez, sin maldad alguna. “¿Y qué hay de novias?”, o “¿Cuándo nos presentarás a tu pretendienta?”. Esas preguntas, señoras y señores, no son de buen gusto. Primero, porque a nadie le importa realmente mi vida sentimental/sexual. Y segundo… cuando una pareja sea lo suficientemente sólida, me refiero a cuando vayamos a vivirnos juntos, o nos prometamos, o tengamos un hijo… o lo que sea que suponga la seriedad definitiva de una relación, quizás entonces (y digo quizás) os presenta esa persona, sin tapujos. Pero hoy por hoy… hoy por hoy soy yo. Y ese tal vez en el aire, muy lejos. Mañana, quién sabe lo que será.
But I love you… and you are in my dreams. Y mientras espero tu regreso, escucho canciones de amor. (Quisiera ponerlo todo en inglés, pero tal vez metería la pata, tú ya lo sabes).
Kisses.
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