22 de febrero de 2009

LA CUENTA ATRÁS…

Escrito el 20 de febrero de 2009

Apenas unas horas antes de los Oscar me siento nervioso. Para mí es una gran noche, muy larga e intensa. Creo que me gusta más que la noche de Fin de Año, incluso. Todas las grandes estrellas reunidas entorno a esa estatuilla dorada.
En el programa de la Sexta “Se lo que hicisteis…” han anunciado que se ha filtrado una lista con los premiados, entre los que no estaría Penélope Cruz ¡¡pero sí Kate!! Desconozco la verdad de tal información (y por la clara tendencia de este programa a la sátira y la comedia, es más prudente dudarlo) pero me ha sorprendido mucho. Todos sabemos que no soy partidario de Penélope, que me parece absurdo apoyarla solo por ser española. Yo prefiero que se lleve el premio Amy Adams, así como quiero y deseo que se lo lleve Kate Winslet en la categoría de mejor actriz, o Benjamín Button el de mejor película.
No olvidemos que los Oscar son premios de cine que nada tienen que ver con la nacionalidad de los premiados. Y si bien Penélope ha realizado algunas buenas interpretaciones, no creo que en la película de Woody Allen esté especialmente brillante. Si bien reconozco que no he visto gran cosa de ninguna de las nominadas.
Así que, en plena cuenta atrás y con una supuesta filtración de los triunfadores, estoy en pleno éxtasis contando las horas que faltan para ver a mis estrellas preferidas en la Alfombra Roja. Solo entonces sabremos las respuestas a mis tres preguntas favoritas: ¿Ganará Kate? ¿Asistirá Leo? ¿Ganará Pe? Lo veremos.

... Y LLEGÓ EL DÍA...


¡¡¡Ya solo faltan unas horas para ver a mi Kate recoger su merecidísimo Oscar!!!
¡Qué nervios!
Encima, después de ducharme se me ocurrió la gran idea de usar una "cera moldeadora" que me regaló mi querido cuñado... y que ahora no hay manera de quitarme del pelo. Hoy, precisamente, mi pelo es una suerte de pegote que no hay manera de peinar. Que bien.
¡¡¡¡¡CRUCEMOS LOS DEDOS POR KATE!!!!!

CAMINANDO A SOLAS POR LA CIUDAD DESIERTA

Escrito el 17 de febrero de 2009

Anoche, después de una deliciosa cena y una entretenida conversación, me encaminé por las calles de Santiago de Compostela, completamente solo, en dirección a mi coche (que por las obras y la falta de aparcamientos, tuve que dejar más allá del Corte Inglés…). Eran aproximadamente las cuatro de la madrugada.
Debo confesar que ha sido una experiencia extraña, excitante. A esa hora de la mañana apenas había movimiento. En la zona más céntrica de la ciudad sí, había grupos de jóvenes en plena fiesta. Pero luego todo era silencio. Mis pasos se amplificaban y resonaban contra los edificios donde la gente disfrutaba de un sueño reparador. No había coches en la carretera, ni gente en las aceras. La ciudad era enteramente mía. Reconozco que daba un poco de miedo, porque no había nada ni nadie. Era una situación vulnerable, sin escondites en caso de necesidad (que tal y como están las cosas… hay que pensar en lo bueno y lo malo).
Cualquier pequeño ruido que durante el día pasa desapercibido, que apenas se escucha al mediodía (como un pequeño papel que se mueve en la acera) resulta atronador, inquietante.
Cuando enfilé Pontepedriña y luego ascendí hacia mi coche, cerca del espléndido y tétrico parque, las luces que quedaban atrás se me antojaban fantásticas. Había algunos taxis que pasaban hacia el centro de la ciudad, muy de vez en cuando. Me detuve en la parte más alta de la calle y miré hacia la ciudad, rendida en silencio a mis pies. Era una sensación estremecedora.
Al llegar al coche me senté, lo encendí y permanecía aparcado un buenr ato. Me apetecía conducir por las calles desiertas, pero ya era muy tarde (el trayecto me llevó más de media hora) así que me dirigí a casa, consciente de que había vivido algo indescriptible, que al resto del mundo quizás le parezca absurdo, estúpido… pero que a mí me resulta gratificante: vencer el miedo a la extrema soledad, a la vulnerabilidad de la noche muerta. Me conocí un poco mejor, sin duda alguna.

TRIPLE POSITIVO

Escrito el 14 de febrero de 2009

¡Tres de tres! Estoy abrumado e impresionado. Y sobre todo, tremendamente satisfecho.
Cuando decidí confiarles a mis tres amigos (Diana, Lydia y Sebas… siempre en órden alfabético, ¿a que sí?J) la novela en que había trabajado durante más de seis meses, no me esperaba una reacción tan positiva. La opinión de Diana ya fue comentada en su momento (ver Ciclos, Películas y Entregas de Premios). Ahora ya tengo las tres opiniones. ¡Y son las tres positivas! Increíble.
La segunda opinión recibida fue la de Lydia, quien me dijo que mi forma de escribir recuerda, ni mas ni menos que a Dickens (flipante en todos los sentidos, porque es uno de los grandes maestros de la literatura mundial). Me emociona saber que le gustó, porque el estilo de la novela va en consonancia a sus gustos literarios (Poe y Lovecraft, como yo) así que su valoración era importante para mí en ese sentido.
Por su parte, aún no he podido hablar con Sebas para conocer directamente su opinión, aunque me ha dejado un simpático mensaje en el que anuncia que le ha gustado… Espero su opinión la próxima vez que nos veamos ante una taza de café, en el lugar de siempre…
Ahora me faltan dos opiniones más: la novia de Sebas (que según creo, la ha leído) y la de mi hermana, que insistió en leer la novela y que aún no me ha comentado nada. Espero que a ambas les guste la historia del hombre muerto…

Post Scriptum: mi libro tendrá una dedicatoria en dos partes… y no digo más.

EMPATÍA

Escrito la madrugada del 13 de febrero de 2009

Hay mucha gente que desconoce el significado y el alcance de esta palabra, que a continuación voy a ilustrar con un ejemplo verídico:
Cuando tenía tan solo trece o catorce años, a un niño de mi colegio le diagnosticaron una meningitis. Al conocer la noticia, todos los demás niños sintieron pena por ese compañero, un sentimiento que casi todos olvidaron al salir al recreo. Pero hubo uno que no pudo olvidar tan fácilmente el sufrimiento de ese niño. No eran especialmente amigos, apenas si se saludaban, pero para aquel chiquillo, la enfermedad de un compañero parecía algo indudablemente triste. Por eso mientras los demás niños jugaban al fútbol o leían libros, él se sentó en un rincón apartado y lloró en silencio, sin saber la razón por la cuál lo hacía, pero sintiéndose profundamente desdichado.
Mientras lloraba, sentía el miedo de los padres, del propio niño enfermo. Sentía el dolor ante las terribles posibilidades que se abrían ante su compañero, como abismos inescrutables y profundos.
Nadie que no haya experimentado estas sensaciones puede comprender lo que el pobre niño sentía en aquel momento. Yo lo se, porque yo era ese niño. Aún hoy no comprendo por qué motivo lamentaba tanto algo que, de cualquier modo, tampoco me afectaba directamente. Como ya he dicho no era un amigo, apenas si era un conocido. Pero la verdad es que aquella mañana, después de conocer la noticia, sentí lo mismo que sentían aquellos que realmente lamentaban la situación de ese niño.
No recuerdo el nombre del niño enfermo, ni su cara. No hay nada excepto esa sensación de profundo desamparo. Sí me acuerdo de una profesora que se me acercó y me preguntó qué me ocurría. Se lo conté y ella me dijo algo que está grabado a fuego en mi mente:
—Eres muy empático. Simpatizas con los sentimientos ajenos de una forma muy exagerada y por eso lamentas la enfermedad de tu compañero y no solo porque sea algo triste, sino porque es una situación dolorosa para los que le rodean.
No tardé en darme cuenta de que así era. No puedo expresarlo con claridad, pero siempre presiento los sentimientos de las personas. No de los desconocidos, sino de aquellos con los que hay un lazo, por fino y frágil que éste sea. Me resulta imposible ver a una persona llorando y contener mis lágrimas. Me duele visionar los telediarios, que me resultan infumables cápsulas con las desgracias del mundo.
Alguien me dijo una vez que yo era muy raro.
Lo soy.

7 de febrero de 2009

La Amistad (04/02/09) y el Cumpleaños de Lydia (Hoy)

Escrito el 4 de febrero de 2009
AMISTAD


Durante casi veintitrés años me había preguntado el verdadero significado de la palabra amistad. Durante todo ese tiempo, había imaginado los sentimientos y las reacciones que la amistad provocaría en mí. Incluso durante algún tiempo llegué a sentir una pobre imitación de la amistad, hacia personas que ni me respetaban ni me querían con la fuerza suficiente.
Reconozco que he tenido muchos compañeros en mi vida. Compañeros de clase, de la banda, de las carreras iniciadas… Eran (y aún son) personas con las que convivía durante muchas horas al día, o a la semana. En ciertos periodos, incluso pasaba días completos con ellos. No negaré que disfruto en cierto sentido con sus conversaciones. Sus bromas y sus sonrisas me ayudan a superar algunos momentos de crisis. Pero ahí se detiene todo. Una vez termina el día, cuando la obligación se desvanece con el último rayo del sol del atardecer, todos esos sentimientos y emociones, esas satisfacciones y sonrisas, se apagan. Cae la noche y me siento terriblemente solo, invisible a ojos de aquellos que me hicieron sentir vivo durante unas horas.
Lamentablemente, no es eso lo que yo entiendo por amistad.
A algunas de esas personas las conozco desde hace muchísimos años (más de diez, incluso más de quince años). Se diría que el roce hace el cariño, que mil conversaciones superficiales crean una serie de vínculos que por fuerza, deben provocar la confianza suficiente para compartir secretos. Después de tanto tiempo, una copa de vez en cuando, o una sesión de cine, son complementos indispensables en una amistad verdadera.
¿Y si estas cosas no suceden? ¿Y si la “amistad” se limita a ciertos momentos, en contadas situaciones? Entonces, la amistad pierde todo significado.
Volviendo al planteamiento inicial, tras veintitrés años de búsquedas infructuosas, había renunciado a la posibilidad de experimentar en carne propia los efectos de la amistad. Después de visionar cientos de películas, de leer decenas de libros… en los que se insiste en el valor moral y psicológico de un amigo, me había resignado a la soledad más absoluta. Estaba acostumbrado a ser totalmente independiente y ajeno a esas cosas. No me enorgullecía de ello y en la intimidad lamentaba esa carencia, pero de cara al mundo era un chico tímido, cerrado en sí mismo, incapaz de sufrir por esas nimiedades.
Una tarde del mes de marzo, no obstante, llegué a la facultad y me senté a la puerta de un aula, sin tener muy claro si era aquella la puerta correcta. Entonces me fijé en un chico de gafas, alto, que estaba leyendo algún libro, o alguna especie de documento. Dudé varios minutos si interrumpirle para averiguar si estaba en el lugar correcto, o si debía buscar otra puerta. Luego de un montón de pensamientos absurdos, me acerqué a él y le pregunté.
Aquel día, se inició el mecanismo por el cual conocí a las tres personas que hoy considero no solo amigos y amigas, sino hermanos y hermanas. Almas gemelas. Él era Sebas, mi buen amigo siciliano. Él me presentó a Diana, la cinéfila empedernida, quien días más tarde nos presentó a Lydia, fan de Poe y Lovecraft como yo.
En apenas un año (con parón de verano, exámenes… lo cual limita el tiempo a apenas seis meses) son personas muy importantes para mí. Con ellos mantengo interesantísimas conversaciones que se extienden durante horas, que se me antojan segundos. Con ellos he compartido cenas e intensas fiestas de larga duración y contenido inconfesable. He descubierto que en el mundo no estoy solo, que hay personas como yo, que me aceptan sin problemas y que, sobre todo, cuentan conmigo.
En seis meses me he atrevido a enseñarles la parte más oculto de mi ser, que es mi trabajo como escritor, intocable para el resto del planeta. En ellos confía, porque ellos son sinceros (su virtud J) y se que ellos valoran cada palabra que escribo. Me lo han demostrado día tras día, ante tazas de café o extrañas infusiones (que saben todas igual, por otra parte). Y cada día que pasa y no les veo, cuando se suceden los días sin que exista una nueva reunión, me siento triste y apagado, como si me faltase algo.
Me doy cuenta que durante casi veintitrés años he estado incompleto. Ahora, soy una persona mejor, completa.

Post Scriptum: esta reflexión está dedicada a ellos, mis tres ángeles de la guarda, los Primeros Lectores. A ellos les entregué antes que a nadie la puerta a ese mundo que guardo con celo. Ellos han entrado a un rincón de mi mente que nadie más conoce. Por ellos soy feliz. Diana, Lydia, Sebas… OS QUIERO!!!!!!!!!!!
(aunque cuando leáis esto, me sentiré un poco avergonzado por declararlo así, abiertamente).

Escrito el 7 de febrero de 2009
FELICIDADES, LYDIA!

Hoy mi buena amiga Lydia (de la que hablé ya en la nota del día 4) cumple 22 años, muy bien cumplidos. Y quiero desearle, desde aquí, un muy ¡Feliz Cumpleaños!
Insistiendo en lo dicho del día 4 (post: amistad) creo que el día en que me acerqué a Sebas para preguntar por el aula de religiones fue el mejor día de mi vida, porque algo tan simple desembocó en la formación de este grupo de cuatro, que hoy día sois lo más especial (junto a mi pequeña ahijada, que es mi vida).
Espero que este día llegue cargado de felicidad y buenos regalos. Y que de aquí al 7 de febrero de 2010, pases de ser feliz a tocar el cielo con las manos. ¡¡¡¡FELICIDADES!!!!
(había buscado alguna frase de Poe para los cumpleaños pero no encontré ninguna…)

3 de febrero de 2009

Fantasmas... y Beedle el Bardo...

Escrito el 03 de febrero de 2009
FANTASMAS… Y BEEDLE EL BARDO


Esta mañana me ha sucedido algo muy extraño. Estaba yo en el salón de mi casa viendo el vídeo en que anoche grabé “Cómo conocí a vuestra madre” (emitida en la sexta, en horario de madrugada, después de Buenafuente). A las doce apagué el televisor porque tenía que ir a buscar a mi madre, así que me dirigí a mi dormitorio para coger la mochila que siempre me acompaña (tengo que comprarme otra porque ésta ya está rota y deteriorada, da muy mala imagen) cuando, por casualidad, me fijé en la rendija de la puerta.
La puerta de mi dormitorio, en la parte inferior, tiene una pequeña rendija de menos de un centímetro, por la que se ve la luz y todo eso. Tenía la persiana levantada para que se airease la habitación después de una noche entera con un poco de catarro y por tanto, la habitación estaba iluminada. Cuando me fijé en la rendija de la puerta vi una sombra que pasaba delante de la misma. Como si dentro hubiese una persona caminando de un lado a otro.
La verdad es que me asusté un poco, más cuando cada día se ve en la televisión que hay robos y estas cosas. Pero al abrir la puerta… ¡la habitación estaba vacía! ¿Será un fantasma? ¿O una ilusión óptica?
Por otra parte, anoche terminé de leer el libro de cuentos de J. K. Rowling. Debo admitir que no me esperaba un libro tan divertido y correcto. Me ha gustado mucho por su pretensión de ser simplemente un libro para niños magos, con comentarios dedicados a ellos. ¡Fantástico!

CICLOS, PELÍCULAS Y ENTREGAS DE PREMIOS

Escrito el 27 de enero de 2009
EL CICLO DE MI VIDA…

Quiero contaros la realidad tras la ficción, o lo que me pasa cuando doy por zanjada una nueva novela.

En este momento, hoy, estoy en pleno éxtasis porque hace apenas dos semanas que terminé mi última novela. Siempre me pasa lo mismo y creo que se debe al esfuerzo que me supone concluir una historia que me ha acompañado durante meses (y en algunos casos, durante años). En esta ocasión, los personajes y sus historias llegaron a mi durante el verano de 2008, así que has sido seis largos y placenteros meses…
También estoy en éxtasis porque mi buena amiga Diana (la primera persona en este mundo que se ha leído enterita una novela mía totalmente acabada) me dio ayer por la tarde su opinión. Ya me temía yo una crítica horrible, es decir, creía yo que no le gustaría, que le parecería una historia absurda y todo eso (mi negativismo crónico, qué le voy a hacer) cuando (¡y menuda sorpresa me llevé!) anuncia que le ha gustado. Quizás ella no pueda comprender lo mucho que me alegra su opinión, cuánto valoro sus palabras. Y lo feliz que me siento porque le ha gustado mi trabajo. La verdad es que hizo una crítica muy positiva y detallada, algo que nunca habían hecho en base a un trabajo mío. Y cuando anoche llegué a casa, tenía la inspiración por las nubes y unas ganas tremendas de ponerme a escribir (y de hecho, me puse a ello, claro).
Retomando el hilo de mis primeras palabras de hoy sobre mi vida “literaria” (diría laboral, pero para mí un trabajo es algo obligatorio y yo no escribo por obligación, sino por placer y pasión. Aunque deseo que se convierta en un medio de vida algún día). Siempre me pasa lo mismo, o así ha sido en todas mis novelas (sobre todo en novelas, porque con los relatos cortos la cosa es más simple). Vivo una constante subida de ánimo mientras escribo, incluso mientras planteo la historia antes de ponerme en serio con la redacción. Luego estoy en éxtasis, una vez terminada la novela. Me siento en una nube, sonrío aunque esté cansado o aunque el día esté feo. Es un estado pasajero que puede durar dos o tres semanas. Y luego todo cae en picado. Después del éxtasis, me siento triste, feo, solo, deprimido, pequeño, patético… Este estado anímico también es pasajero (gracias a los cielos), suele durar más o menos una semana, quizás dos. Eso, siempre y cuando la inspiración llegue. Sino, mi estado de ánimo emerge poco a poco hasta una línea recta y de ahí no se mueve. Entonces, si la inspiración tarda mucho, siento miedo, pánico. Justo en ese momento me causa un sudor fría contemplar folios en blanco (aunque sea la página de Word del ordenador).
Una vez leí un artículo en una revista de psicología acerca de este particular “ciclo de vida”. El autor decía que en los artistas creadores: escritores, compositores, pintores…), es bastante habitual que después de una obra, cuando la creatividad ha sido liberada, se crea una especie de “efecto vacío” por el cuál la adrenalina desciende en picado y por eso, es normal sentirse un poco alicaído. Leer esto (hay que decir que el artículo era muy extenso y estaba perfectamente explicado, yo lo he resumido intentando simplificar el concepto) me tranquilizó, puesto que si a otros les sucede lo mismo, no debo preocuparme.
Así que mi vida se rige por ciclos: primero alegría, luego éxtasis y finalmente depresión, hasta que vuele la alegría, seguida del éxtasis…
Es un ciclo bastante triste y agotador, que se traduce en novelas y relatos, incluso en pequeños cuentos. Es el ciclo de vida de mis hijos, que son mis personajes y sus historias. Quizás el pequeño precio que debo pagar por mi pasión, que es la escritura. Si es así, no me importa en absoluto. No renunciaré a mis sueños por una nimiedad como esta.
Quizás Diana, con su excelente crítica, haya mermado el último fragmento del ciclo por el hombre muerto. Haber ahora qué opinan Lydia y Sebas puesto que, desde ayer, la novela está en su poder. ¡Espero que les guste!

Post Scriptum: Quizás a mi buen amigo Sebas le resulte un interesante el título de hoy… por eso del Rey León… jeje. ¡Va por ti!
Post Scriptum 2: Como había predicho, no he podido terminar la lectura de “Villa Diamante”. Ahora estoy leyendo “La Trilogía de Nueva York”, de Paul Auster, quizás uno de mi escritor vivo favorito. (En otro caso es Poe, pero de esto ya hablaré otro día).

Escrito el 31 de enero de 2009
“REVOLUTIONARY ROAD”

Ayer fui al cine con Diana a ver la película de Kate y Leo. ¡¡Que película!! Emotiva, salvajemente realista. Esas discusiones, esa cara de Leonardo en las tremendas discusiones… A mi se me quedó grabada especialmente la cara de Kate, su último segundo en escena.
No quiero contar nada porque desvelaría el final, pero es una película muy impactante, o para mí lo ha sido. Aparte de la emoción de ver a los protagonistas de Titanic juntos, tantos años después.
Reconozco que al principio me resultó un poco aburrida, si bien la presencia de sus protagonistas amenizaba la situación. Luego la película crece, se hace consistente y finalmente, impactante. Esas discusiones, esas frases, ese personaje desquiciado… y luego la escena del bosque (que se ve en el trailer, cuando Kate Winslet corre entre los árboles aunque no se sepa el motivo hasta que vemos la película).
Un peliculón por el que Leo debería estar nominado y Kate también… aunque ya lo esté por The Reader, película que veré en cine en cuanto se estrene. En resumen… una película recomendable.

Escrito el 02 de febrero de 2009
LOS GOYA

Siempre he pensado en los premios de la Academia del cine de España como un vano intento por eclipsar o imitar a los Oscar. Anoche quedó claro que es así. Como cada año, es la segunda de las tres ceremonias que veo: primero los Globos de Oro (que ya mencioné anteriormente), luego los Goya y finalmente, los Oscar.
Hablando un poco de la gala, destacaría positivamente a Carmen Machi. Logró que olvidásemos a Aída para centrarnos en ella (con un primer vestido horrible, un segundo modelo muy acertado y el tercero simplemente pasable). No se coló en ningún momento, aunque la música siempre entraba a destiempo, mientras ella terminaba sus presentaciones. Mucho mejor que Corbacho, sin duda alguna. También me gustó la entrada de Manuela Velasco en un claro homenaje a “Rec”… fue divertido y bien montado.
Sin embargo no me gustó el comportamiento de actores, directores y demás personajes del público, más pendientes de las cámaras y las pantallas que de la gala (siempre mirando y cuando les enfocaban, riendo falsamente, o haciendo guiños, o besándose con sus parejas… un horror).
En cuanto al palmarés de la noche… la clara vencedora fue “Camino”, algo sin duda esperado. Se llevó seis de los siete premios a los que optaba, incluyendo el de mejor película, mejor director, mejor actriz protagonista y mejor actriz revelación para una nerviosa Nerea Camacho. Empatadas en premio se quedaron mi favorita, “Los crímenes de Oxford” y la rapera “El truco del manco” que se llevó el de mejor actor revelación (para El Langui) y mejor dirección novel.
Y como siempre en los Goya, películas mega-nominadas que se van de vacío… o casi. Ejemplos como “Los Girasoles Ciegos” que se llevó uno de quince, “Solo quiero caminar”, con uno de once o “Sangre de Mayo”, cero de siete.
Así como se sabía que Camino arrasaría, también estaba claro el Goya para Penélope Cruz. Merecido o no, está claro quién es la niña bonita del cine español, ¿verdad? A mí particularmente no es una actriz que me apasione, ni siquiera que destaque. Vale, me gustó mucho “Volver”, pero sus otras películas… a mi no me gusta, siendo sincero.
Vamos, unos Goya como otros, con la misma pauta de siempre. Esperaré con ansia la llegada del 22 de febrero… y los Oscar.

“LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK”

¡¡He terminado de leerme el libro de Auster!! Y lo exclamo y lo pronuncio con alivio porque… ¿es este uno de los grandes libros de nuestro tiempo? La verdad es que, o yo soy muy negado… o el libro es un fiaco, pero la verdad es que no me ha gustado para nada.
El libro incluye tres novelas cortas. La primera es interesante, bien escrita, entretenida. La segunda un verdadero lío (en lugar de nombres, colores; una forma de escribir muy lenta…) y la tercera… esa es la peor porque comienza y te da sorpresas (regreso a la primera novela) pero luego, cuando esperas que te den una solución, un punto y final… el libro se acaba y te quedas ahí, sentado con cara de tonto.
Vamos, que no me ha gustado nadita de nada.
Ahora me enrolaré en “Los Cuentos de Beedle el Bardo”, libro de Rowling extraído del mundo mágico de Harry Potter. Y luego, si no se ofrece nada mejor, quizás vuelva a leerme los siete volúmenes de dicha saga. Eso si, sin descuidar mis proyectos actuales, que ya estoy escribiendo como un loco después de dar el carpetazo a la anterior (y según parece buena) novela.